Cannabis
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El cannabis es una sustancia psicoactiva obtenida de la planta Cannabis sativa. Su principal componente es el tetrahidrocannabinol (THC), responsable de efectos psicoactivos (como la euforia, la relajación o las alteraciones en la percepción). La planta también contiene otros componentes, como el cannabidiol (CBD), que puede modular algunos de los efectos del THC (World Health Organization [WHO], 2016).
La forma más frecuente de consumo es fumada, normalmente en cigarrillos o “porros”, que muchas veces se mezclan con tabaco. También puede consumirse mediante vaporizadores —que calientan la sustancia sin llegar a quemarla— o por vía oral, a través de productos comestibles, bebidas o extractos concentrados. La vía de consumo influye en la rapidez con la que aparecen los efectos, en cuánto duran y en la intensidad con la que actúan en el organismo (European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction [EMCDDA], 2023; National Institute on Drug Abuse [NIDA], 2023).
Entre los efectos más habituales del cannabis se encuentran la sensación de relajación o euforia, aunque también puede producir alteraciones en la atención, la memoria, la coordinación y la percepción del tiempo o del entorno. Estos efectos varían según la cantidad consumida, la frecuencia de uso, el tipo de producto y las características de cada persona (NIDA, 2023).
Aunque algunas personas realizan un consumo ocasional, en otros casos puede aparecer un patrón de uso problemático que afecte al bienestar, las relaciones personales, el rendimiento académico o laboral y la salud mental. Cuando esto ocurre, puede desarrollarse un trastorno por consumo de cannabis (American Psychiatric Association, 2022).
Actualmente, el cannabis es la droga ilegal más consumida en España tanto en población general como en estudiantes de secundaria, y además constituye una de las sustancias más relacionadas con demandas de tratamiento por consumo de drogas ilegales (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones [OEDA], 2025).
Debido a su elevada prevalencia y a las posibles consecuencias físicas, psicológicas y sociales asociadas al consumo, especialmente en edades tempranas, el cannabis representa actualmente un importante problema de salud pública y una prioridad en prevención e investigación.
Datos de la situación en España
La Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) se realiza cada dos años desde 1994 en estudiantes de entre 14 y 18 años con la colaboración de las comunidades autónomas, y permite conocer la evolución del consumo de distintas sustancias, incluido el cannabis.
Tabla 1
Principales datos ESTUDES 2025
Indicador | Resultado (2025) | Observaciones |
Sustancia ilegal más consumida | Cannabis | Mayor prevalencia entre estudiantes de 14–18 años |
Consumo alguna vez en la vida | 21,0 % | Descenso respecto a 2023 (26,9 %) |
Consumo en los últimos 12 meses | 15,5 % | Tendencia descendente |
Consumo en los últimos 30 días | 11,6 % | Nivel más bajo desde 1994 |
Edad media de inicio | 14,8 años | Se mantiene estable |
Nota. Elaboración propia a partir de datos del Plan Nacional sobre Drogas (2025).
A pesar del descenso observado en los últimos años, el cannabis sigue siendo la droga ilegal más consumida entre adolescentes y población joven en España. Los datos muestran que el consumo es más frecuente en chicos que en chicas y que aumenta especialmente entre los 15 y los 16 años (Plan Nacional sobre Drogas, 2025).
Las investigaciones también indican que el consumo puede variar según factores sociales, económicos y del entorno. Algunos estudios han encontrado diferencias relevantes entre territorios y municipios con características similares, lo que sugiere que el contexto también influye en la probabilidad de consumo (Díaz-Geada et al., 2021; Hidalgo Jiménez et al., 2024).
En población adulta, el cannabis también ocupa el primer lugar entre las drogas ilegales más consumidas en todos los indicadores temporales: alguna vez en la vida, en el último año y en el último mes (OEDA, 2025). Además, se encuentra entre las principales sustancias relacionadas con admisiones a tratamiento por consumo de drogas ilegales.
Otro aspecto importante es el policonsumo. Muchas personas que consumen cannabis también consumen alcohol o tabaco, una combinación que puede aumentar los riesgos para la salud y complicar las consecuencias asociadas al consumo (OEDA, 2025).
En comparación con otros países europeos, España presenta una de las prevalencias más altas de consumo casi diario de cannabis, alcanzando aproximadamente un 3,7 % de la población en este patrón de uso (Hidalgo Jiménez et al., 2024).
Criterios diagnósticos del Trastorno por Consumo de Cannabis
El trastorno por consumo de cannabis se define en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR) como un patrón de consumo que provoca malestar o dificultades importantes en distintas áreas de la vida, como las relaciones personales, los estudios, el trabajo o la salud física y mental (American Psychiatric Association, 2022).
Para establecer el diagnóstico deben aparecer al menos dos síntomas durante un periodo de 12 meses. Entre los más frecuentes se encuentran consumir más cantidad de la prevista, tener dificultades para reducir el consumo, dedicar mucho tiempo a conseguir o consumir cannabis, sentir un deseo intenso de consumir o continuar haciéndolo a pesar de las consecuencias negativas que genera.
También pueden aparecer tolerancia —necesidad de consumir más cantidad para obtener el mismo efecto— y síntomas de abstinencia al reducir o suspender el consumo (American Psychiatric Association, 2022).
La gravedad del trastorno se clasifica como leve, moderada o grave en función del número de criterios presentes (American Psychiatric Association, 2022).
Es importante tener en cuenta que estos criterios deben ser valorados por profesionales sanitarios dentro de una evaluación clínica completa y no utilizarse de forma aislada para establecer un diagnóstico definitivo.
Señales de alarma
El consumo de cannabis puede considerarse problemático cuando empieza a generar cambios significativos en el comportamiento, el rendimiento académico o laboral y las relaciones personales. Entre las señales de alarma más frecuentes se encuentran el aumento progresivo de la frecuencia de consumo, la dificultad para pasar tiempo sin consumir o la pérdida de interés por actividades que antes resultaban importantes o agradables (NIDA, 2023).
También pueden aparecer cambios en la motivación, el estado de ánimo y el funcionamiento cognitivo, como dificultades de concentración, problemas de memoria reciente o descenso del rendimiento escolar o laboral relacionados con el consumo continuado (EMCDDA, 2023).
La aparición de conflictos familiares o sociales relacionados con el consumo, así como continuar consumiendo a pesar de notar consecuencias negativas, también son indicadores importantes y pueden señalar la necesidad de buscar ayuda profesional (American Psychiatric Association, 2022).
Por su parte, el Informe 2025 del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones señala que el consumo frecuente o intensivo de cannabis se asocia con una mayor probabilidad de problemas académicos, laborales y sociales, así como con un aumento de las urgencias hospitalarias relacionadas con drogas ilegales (OEDA, 2025).
Efectos a corto y largo plazo del consumo de Cannabis
A corto plazo, el cannabis puede producir sensación de euforia o relajación, pero también afectar a la atención, la coordinación y la percepción del tiempo. Además, después del consumo es frecuente que aumente la frecuencia cardiaca (NIDA, 2023).
Aunque muchas personas lo consumen buscando efectos agradables, en algunas pueden aparecer reacciones desagradables como ansiedad, sensación de pánico o experiencias paranoides pasajeras, especialmente con dosis altas o en personas más vulnerables a nivel psicológico (WHO, 2016).
En los últimos años, además, ha aumentado la potencia del cannabis disponible en el mercado, especialmente por el incremento de la concentración de THC, principal componente psicoactivo de la planta (logrado a través de cambios en las técnicas de cultivo, producción y selección de variedades con mayor contenido de esta sustancia). Este aumento se asocia a una mayor probabilidad de efectos adversos, problemas de salud mental y desarrollo de un consumo problemático, sobre todo cuando el consumo empieza en la adolescencia (European Union Drugs Agency [EUDA], 2024).
Cuando el consumo de cannabis se mantiene en el tiempo, pueden aparecer dificultades de memoria, concentración, aprendizaje y planificación, especialmente en personas que comenzaron a consumir durante la adolescencia (López-Pelayo et al., 2021; EMCDDA, 2023). Además, el consumo frecuente puede aumentar el riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis y relacionarse con un peor estado de salud mental en personas con problemas psicológicos previos (American Psychiatric Association, 2022).
En consumidores habituales, reducir o interrumpir el consumo puede provocar síntomas de abstinencia como irritabilidad, inquietud, alteraciones del sueño, bajo estado de ánimo, disminución del apetito o deseo intenso de consumir (craving), lo que puede dificultar dejar la sustancia y favorecer recaídas (NIDA, 2023).
Algunos estudios realizados en población española también han encontrado que el consumo frecuente y mantenido se relaciona mayor probabilidad de accidentes de tráfico bajo los efectos del cannabis y con indicadores de deterioro cognitivo y conductual (López-Pelayo et al., 2021).
Estos efectos son especialmente relevantes en adolescentes, ya que el cerebro continúa desarrollándose durante esta etapa. La exposición temprana al cannabis podría interferir en procesos de maduración cerebral relacionados con el aprendizaje, la regulación emocional y la toma de decisiones.
Además, cada vez se observa más el uso del cannabis como forma de “automedicación” para dormir o reducir malestar emocional. Sin embargo, distintos estudios muestran que, aunque algunas personas perciben un alivio inicial, el consumo frecuente puede acabar empeorando la calidad del sueño y aumentar el riesgo de desarrollar un patrón problemático de consumo (Sancho-Domingo et al., 2025).
Factores de riesgo
El desarrollo de un consumo problemático de cannabis no depende de una sola causa, sino de la combinación de factores personales, familiares y sociales.
Uno de los factores más importantes es la edad de inicio. Empezar a consumir durante la adolescencia aumenta el riesgo de desarrollar problemas relacionados con el cannabis, ya que el cerebro todavía se encuentra en desarrollo (NIDA, 2023; OEDA, 2025).
También influyen factores del entorno. Diferentes estudios han encontrado mayor riesgo de consumo en adolescentes que crecen en contextos donde el cannabis está normalizado, existe tolerancia familiar hacia el consumo o el grupo de amigos consume de forma habitual (EMCDDA, 2023; de Andrés-Sánchez & Belzunegui-Eraso, 2022). Durante la adolescencia, el grupo de iguales adquiere un papel especialmente relevante, y las conductas de consumo pueden difundirse con facilidad dentro de las redes de amistad. Algunos estudios sugieren que determinados adolescentes, por su posición dentro del grupo, pueden influir especialmente en la propagación de estas conductas (Martínez-Fernández et al., 2021).
A nivel individual, características como la impulsividad, las dificultades para manejar emociones intensas o la presencia previa de ansiedad, bajo estado de ánimo u otros problemas psicológicos pueden aumentar la vulnerabilidad a desarrollar un patrón de consumo problemático (American Psychiatric Association, 2022).
La percepción de riesgo también juega un papel relevante. Cuando el cannabis se percibe como una sustancia poco peligrosa, las probabilidades de consumo suelen ser mayores (OEDA, 2025).
En consumidores habituales, el uso diario o varias veces por semana se asocian con mayor riesgo de dependencia y pérdida de control sobre el consumo (Hidalgo Jiménez et al., 2024).
Por último, el consumo de cannabis suele estar relacionado con el consumo de alcohol y tabaco. En muchos casos, el cannabis se fuma mezclado con tabaco, lo que puede hacer más fácil desarrollar dependencia de ambas sustancias y más difícil dejar de consumirlas después (Díaz-Geada et al., 2021; Hidalgo Jiménez et al., 2024). Además, algunos estudios indican que empezar a consumir alcohol y tabaco a edades tempranas puede aumentar las posibilidades de consumir cannabis más adelante, ya que estas conductas suelen ir apareciendo progresivamente durante la adolescencia (García-Pérez et al., 2023).
Relación con otros problemas de salud mental
La relación entre el consumo de cannabis y la salud mental es compleja y va en ambas direcciones. Por un lado, diferentes estudios muestran que el consumo frecuente se asocia con mayor presencia de síntomas de ansiedad, depresión y malestar emocional (WHO, 2016). Por otro, algunas personas utilizan el cannabis como forma de aliviar emociones difíciles, estrés o problemas de sueño, lo que puede favorecer que el consumo se mantenga en el tiempo (NIDA, 2023).
La evidencia científica también señala que el consumo habitual, especialmente cuando comienza en edades tempranas o existe vulnerabilidad previa, puede aumentar el riesgo de síntomas psicóticos o empeorar trastornos psicóticos ya existentes (EMCDDA, 2023).
El riesgo no depende únicamente de consumir o no consumir, sino también de la frecuencia, la duración y la edad de inicio. En población adulta española, el consumo frecuente se ha relacionado con mayores niveles de dependencia y mayor presencia de síntomas ansiosos y depresivos (López-Pelayo et al., 2021).
En adolescentes, además, el consumo se relaciona con factores emocionales y sociales como el estrés, el acoso escolar, la influencia del grupo de iguales o la tolerancia familiar hacia el consumo (Díaz-Geada et al., 2021; de Andrés-Sánchez & Belzunegui-Eraso, 2022). Esto sugiere que el consumo no puede entenderse solo como una conducta individual, sino también como el resultado de la interacción entre la persona y su entorno.
Algunos estudios realizados en población adulta consumidora habitual también han encontrado una mayor presencia de problemas de sueño y malestar psicológico, así como deseo de reducir o abandonar el consumo (Hidalgo Jiménez et al., 2024).
En definitiva, cuando el consumo de cannabis se acompaña de ansiedad intensa, cambios importantes en el estado de ánimo, alteraciones del sueño o dificultades en el funcionamiento diario, es recomendable realizar una valoración clínica que tenga en cuenta tanto la salud mental como el patrón de consumo.
Evaluación: cuándo y a quién consultar
Se recomienda consultar con un profesional sanitario cuando el consumo de cannabis empieza a afectar al rendimiento académico o laboral, las relaciones personales, el estado de ánimo o el funcionamiento diario. También conviene pedir ayuda cuando la persona siente que ha perdido control sobre la cantidad o la frecuencia de consumo, o cuando sigue consumiendo a pesar de las consecuencias negativas (American Psychiatric Association, 2022).
Durante la evaluación clínica suelen explorarse aspectos como la frecuencia de consumo, la edad de inicio, los de síntomas de dependencia y la posible existencia de otros problemas de salud mental. Esta valoración permite diferenciar entre un consumo ocasional, un consumo de riesgo o un posible trastorno por consumo de cannabis.
Además de la entrevista clínica, existen cuestionarios que ayudan en la detección de posibles problemas relacionados con el consumo. Entre los más utilizados se encuentran el CUDIT-R, el CAST y la SDS.
El CUDIT-R (Cannabis Use Disorder Identification Test – Revised) es uno de los instrumentos más utilizados actualmente para detectar posibles problemas de consumo de cannabis. Está formado por 8 preguntas sencillas sobre aspectos como la frecuencia de consumo, la dificultad para controlarlo, las consecuencias negativas o los intentos de reducirlo. Al ser un cuestionario específico para cannabis, de acceso libre y con buenos resultados en distintos estudios, resulta especialmente útil en contextos clínicos y académicos.
El CAST (Cannabis Abuse Screening Test) también está centrado específicamente en cannabis, aunque pone más el foco en las consecuencias y problemas derivados del consumo. Consta de 6 preguntas y suele utilizarse con frecuencia en estudios realizados con adolescentes y población general.
Por otro lado, la SDS (Severity of Dependence Scale) es una escala breve de 5 preguntas que evalúa hasta qué punto existe dependencia psicológica hacia una sustancia. Aunque no fue creada específicamente para cannabis, también se utiliza en este ámbito y permite comparar la gravedad de la dependencia entre distintas sustancias.
De forma general, el CUDIT-R se considera el instrumento más completo para detectar posibles problemas de consumo de cannabis, mientras que el CAST puede ser especialmente útil en estudios preventivos o poblacionales y la SDS como medida complementaria de dependencia psicológica.
Por este motivo, en este trabajo se propone utilizar el CUDIT-R (Anexo 1), como principal herramienta de evaluación, pudiendo complementarse con otros instrumentos , como el CAST (Anexo 2) si fuese necesario.
En cualquier caso, estos cuestionarios sirven únicamente como orientación y no sustituyen una evaluación clínica realizada por profesionales sanitarios, por lo que ante dudas o puntuaciones elevadas se recomienda solicitar una valoración especializada (NIDA, 2023).
En España, la atención a las personas con problemas relacionados con el consumo de cannabis se realiza principalmente a través de atención primaria, los servicios de salud mental y la red pública de atención a las adicciones coordinada por las comunidades autónomas (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, 2023).
Evaluación: ¿cómo saber si mi familiar tiene un problema?
Algunas señales que pueden hacer pensar que existe un problema relacionado con el consumo de cannabis son los cambios mantenidos en el comportamiento, el aislamiento social, la bajada del rendimiento académico o laboral y los conflictos frecuentes relacionados con el consumo (NIDA, 2023). También pueden aparecer alteraciones del sueño, pérdida de interés por actividades que antes resultaban importantes o dificultades para cumplir responsabilidades del día a día. (NIDA, 2023; American Psychiatric Association, 2022).
Además, ciertos signos como la dificultad para controlar el consumo, la necesidad de consumir cada vez con más frecuencia, el deseo intenso de consumir (craving) o continuar consumiendo a pesar de las consecuencias negativas pueden indicar la presencia de un trastorno por consumo de cannabis y la conveniencia de solicitar ayuda profesional (American Psychiatric Association, 2022).
La detección precoz es especialmente importante en adolescentes, ya que el consumo frecuente o intensivo se asocia con un mayor riesgo de problemas académicos, sociales y de salud (OEDA, 2025).
Tratamientos y apoyos disponibles
El tratamiento del trastorno por consumo de cannabis se basa principalmente en intervenciones psicológicas. Entre las más utilizadas se encuentran la terapia cognitivo-conductual, la entrevista motivacional y los programas de prevención de recaídas (NIDA, 2023). Estas intervenciones buscan ayudar a la persona a comprender mejor su relación con el consumo, aumentar la motivación para el cambio y desarrollar estrategias para manejar situaciones de riesgo o malestar emocional sin recurrir a la sustancia.
En adolescentes y adultos jóvenes también puede ser útil trabajar habilidades sociales, regulación emocional o terapia familiar, especialmente cuando el entorno tiene un papel importante en el mantenimiento del consumo.
Actualmente no existen medicamentos aprobados específicamente para tratar la dependencia de cannabis, aunque en algunos casos pueden utilizarse fármacos para abordar síntomas asociados, como ansiedad, alteraciones del sueño o depresión (EMCDDA, 2023).
En España, el cannabis se encuentra entre las sustancias que con más frecuencia motivan demandas de tratamiento por drogas ilegales, siendo el abordaje psicológico el principal tratamiento dentro de la red pública asistencial (OEDA, 2025).
Qué puede hacer la familia y el entorno
El apoyo familiar y social puede influir de forma importante en la evolución del problema. Mantener una comunicación abierta, escuchar sin juzgar y mostrar preocupación desde el cuidado más que desde la crítica suele facilitar que la persona reconozca las dificultades y acepte ayuda profesional (WHO, 2016).
En general, suele ser más útil hablar desde ejemplos concretos —como cambios en el comportamiento, en el estado de ánimo o en el rendimiento académico o laboral— que recurrir a reproches o confrontaciones directas, ya que esto puede generar más rechazo o resistencia (WHO, 2016; NIDA, 2023).
También puede ayudar mantener un entorno estable y de apoyo, evitando actitudes estigmatizantes o excesivamente punitivas, especialmente en adolescentes y jóvenes (NIDA, 2023). Además, la implicación de la familia y del entorno en la detección temprana de cambios relacionados con el consumo puede favorecer una intervención más temprana y reducir el riesgo de que el problema evolucione hacia patrones más graves (EMCDDA, 2023).
Prevención específica
Las estrategias de prevención que han mostrado mejores resultados son aquellas que trabajan habilidades sociales y emocionales, promueven hábitos saludables y retrasan la edad de inicio del consumo (EMCDDA, 2023).
La percepción de riesgo también desempeña un papel importante. Los estudios muestran que cuando el cannabis se percibe como una sustancia poco peligrosa, el consumo tiende a aumentar. Por ello, ofrecer información clara, realista y basada en evidencia sobre sus efectos y riesgos es fundamental en la prevención (OEDA, 2025).
Además, las intervenciones que implican a la familia, la escuela y el entorno comunitario parecen especialmente útiles para reducir el inicio temprano del consumo y favorecer factores de protección durante la adolescencia.
En España, la Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017–2024 sitúa entre sus objetivos prioritarios la prevención del consumo en población joven y la promoción de entornos que reduzcan los factores de riesgo asociados al inicio precoz (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, 2023).
Recursos en España
En España, las personas con problemas relacionados con el consumo de cannabis pueden acceder a distintos recursos de evaluación y tratamiento tanto dentro del sistema sanitario público como en centros especializados en adicciones.
Habitualmente, la atención comienza en atención primaria, desde donde el médico de cabecera, puede derivar a salud mental o a recursos específicos de adicciones cuando la situación lo requiere. La red pública, coordinada por las comunidades autónomas dentro del Plan Nacional sobre Drogas, incluye centros de atención primaria, unidades de salud mental, centros ambulatorios de adicciones y comunidades terapéuticas.
Estos recursos ofrecen evaluación, tratamiento psicológico, seguimiento médico y apoyo social para personas con problemas relacionados con el consumo de sustancias.
Además de la red pública, existen centros privados especializados que ofrecen programas de evaluación, desintoxicación, tratamiento psicológico y rehabilitación, tanto en formato ambulatorio como residencial. Muchos de ellos cuentan con equipos multidisciplinares formados por profesionales de la psicología, psiquiatría, medicina y trabajo social.
Con el objetivo de facilitar el acceso a información clara y accesible, esta página web incorporará progresivamente un directorio de centros especializados en adicciones que cumplan criterios de calidad asistencial y especialización clínica. La información incluirá aspectos básicos como la ubicación, el tipo de tratamiento ofrecido y las modalidades de atención disponibles.
La información sobre recursos públicos puede consultarse a través del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, el Plan Nacional sobre Drogas y los portales de salud de cada comunidad autónoma.
Referencias
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Glosario de términos
Cannabis. Sustancia psicoactiva obtenida de la planta Cannabis sativa, cuyo principal compuesto activo es el tetrahidrocannabinol (THC), responsable de sus efectos psicoactivos.
Cannabidiol (CBD). Componente no psicoactivo del cannabis que ha despertado interés por sus posibles usos terapéuticos, sin producir los efectos euforizantes del THC.
Tetrahidrocannabinol (THC). Principal sustancia psicoactiva del cannabis, responsable de los efectos sobre el sistema nervioso central, como la alteración de la percepción y el estado de ánimo.
Trastorno por consumo de cannabis. Patrón problemático de uso de cannabis que conlleva deterioro o malestar clínicamente significativo, según criterios diagnósticos internacionales.
Consumo de riesgo. Patrón de consumo que aumenta la probabilidad de consecuencias negativas para la salud, aunque no cumpla criterios de trastorno.
Cribado. Proceso de evaluación inicial mediante cuestionarios o pruebas breves para detectar de forma temprana posibles problemas de salud.
CUDIT-R. Cuestionario breve de 8 ítems utilizado para detectar consumo problemático de cannabis en los últimos 6 meses.
CAST. Instrumento de 6 ítems empleado principalmente en estudios epidemiológicos para identificar consumo problemático de cannabis.
SDS (Severity of Dependence Scale). Escala breve que evalúa el grado de dependencia psicológica a sustancias.
Edad de inicio. Edad a la que una persona comienza a consumir una sustancia, considerada un factor de riesgo relevante.
Prevalencia. Proporción de personas que han consumido una sustancia en un periodo determinado (vida, último año o último mes).
NIDA (National Institute on Drug Abuse). Instituto estadounidense dedicado a la investigación sobre el consumo de drogas y sus efectos en la salud.
OEDA (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones). Organismo que recopila y analiza datos sobre consumo de sustancias en España.
EMCDDA (European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction). Agencia de la Unión Europea que proporciona información sobre drogas y adicciones a nivel europeo.
ESTUDES. Encuesta estatal sobre uso de drogas en estudiantes de enseñanzas secundarias en España.