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Nicotina
Descripción breve
La nicotina es una sustancia psicoactiva presente principalmente en el tabaco y en muchos cigarrillos electrónicos, que actúa sobre el sistema nervioso central produciendo sensación de placer, activación y alivio momentáneo del malestar (APA, 2022). El tabaquismo se considera una enfermedad adictiva crónica, caracterizada por consumo repetido, aparición de tolerancia y abstinencia, y dificultad para dejar de fumar a pesar de conocer claramente sus consecuencias negativas para la salud (Fiore et al., 2008; SEPAR, 2020).
Datos en España
En España, el tabaco sigue siendo una de las principales causas prevenibles de enfermedad y muerte, aunque el consumo muestra una tendencia clara a la baja. Según la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2024, aproximadamente una de cada cuatro personas de 15 a 64 años (25,8%) fuma a diario, lo que supone una reducción de unos ocho puntos respecto a 2022 y el nivel más bajo desde que hay registros en los años noventa (Ministerio de Sanidad, 2024; RTVE, 2024).
En población general, la Encuesta de Salud de España 2023 del INE indica que el 16,6% de las personas de 15 o más años fuma a diario, 3,2 puntos menos que en 2020, consolidando la tendencia descendente (Instituto Nacional de Estadística, 2025). Entre adolescentes de 14 a 18 años, la encuesta ESTUDES 2025 muestra mínimos históricos: solo el 4,3% fuma a diario, y la edad media de inicio del consumo de tabaco se mantiene alrededor de los 14 años (Ministerio de Sanidad, 2025).
Señales de alarma
Algunas señales que pueden indicar un problema con la nicotina/tabaco incluyen necesitar fumar nada más levantarse, fumar cada poco tiempo durante el día, sentir un deseo intenso o “ansia” cuando no se puede fumar y notar irritabilidad o nerviosismo si se intenta reducir (Fiore et al., 2008; SAMFyC, 2011). También es una señal de alarma seguir fumando aunque el médico haya explicado que empeora una enfermedad (asma, EPOC, problemas cardiacos) o aunque existan dificultades económicas importantes, así como organizar la rutina diaria alrededor del cigarrillo o del vapeador (SEPAR, 2020).
Criterios de adicción
El DSM‑5 habla de trastorno por consumo de tabaco, con criterios muy similares a otros trastornos por consumo de sustancias. Cuantos más criterios se cumplen en un periodo de 12 meses y mayor es la interferencia en la vida diaria, más grave es el trastorno por consumo de tabaco. Los criterios son los siguientes:
A. Un patrón problemático de consumo de tabaco que provoca un deterioro o malestar clínicamente significativo, manifestado por al menos dos de los hechos siguientes, presentes en un periodo de 12 meses:
Se consume tabaco con frecuencia en cantidades superiores o durante un periodo más prolongado de lo previsto. (Por ejemplo, la persona acaba fumando más cigarrillos o durante más tiempo del que tenía pensado.)
Existe un deseo persistente o esfuerzos fracasados de abandonar o controlar el consumo de tabaco. (Ha intentado dejar de fumar o reducir, pero no lo consigue o vuelve al patrón anterior.)
Se invierte mucho tiempo en las actividades necesarias para conseguir tabaco o consumirlo. (Buena parte del día se organiza para poder fumar: comprar tabaco, buscar momentos y lugares para hacerlo, hacer pausas frecuentes, etc.)
Ansias o un poderoso deseo o necesidad de consumir tabaco (craving). (Ganas intensas de fumar, pensamientos recurrentes sobre el cigarro, sensación de “lo necesito ya”.)
Consumo recurrente de tabaco que lleva al incumplimiento de los deberes fundamentales en el trabajo, la escuela o el hogar (por ejemplo, interferencia con el trabajo). (Fumar hace que se pierda tiempo de trabajo o estudio, o que se descuiden tareas en casa.)
Consumo continuado de tabaco a pesar de sufrir problemas sociales o interpersonales persistentes o recurrentes, provocados o exacerbados por los efectos del tabaco (por ejemplo, discusiones con otros sobre el consumo de tabaco). (La persona sigue fumando aunque haya quejas o conflictos con la pareja, la familia o el entorno por el humo o por su salud.)
El consumo de tabaco provoca el abandono o la reducción de importantes actividades sociales, profesionales o de ocio. (Se dejan de hacer ciertas actividades o se eligen planes en función de si se puede fumar o no.)
Consumo recurrente de tabaco en situaciones en las que existe un riesgo físico (por ejemplo, fumar en la cama). (Fumar en contextos peligrosos, con riesgo de incendio u otros daños.)
Se continúa con el consumo de tabaco a pesar de saber que se sufre un problema físico o psicológico persistente o recurrente probablemente causado o exacerbado por el tabaco. (Seguir fumando sabiendo que empeora la tos, la bronquitis, la tensión, el corazón, la ansiedad, el estado de ánimo, etc.)
Tolerancia, definida por alguno de los siguientes hechos:
a. Necesidad de consumir cantidades cada vez mayores de tabaco para conseguir el efecto deseado. (Cada vez se necesitan más cigarrillos al día para sentirse “igual”.)
b. Un efecto notablemente reducido tras el consumo continuado de la misma cantidad de tabaco. (Con los mismos cigarrillos de antes ya no se nota el mismo “alivio” o sensación.)Abstinencia, manifestada por alguno de los hechos siguientes:
a. Presencia del síndrome de abstinencia característico del tabaco. (Al reducir o dejar de fumar aparecen irritabilidad, ansiedad, inquietud, dificultad para concentrarse, aumento del apetito, insomnio, bajo estado de ánimo, etc.)
b. Se consume tabaco (o alguna sustancia similar, como la nicotina en parches o chicles) para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia. (Fumar o usar nicotina para “calmar los nervios” o mejorar el malestar de no fumar.)
La gravedad se basa en el número de síntomas presentes en los últimos 12 meses:
Trastorno leve por consumo de tabaco: presencia de 2–3 síntomas.
Trastorno moderado por consumo de tabaco: presencia de 4–5 síntomas.
Trastorno grave por consumo de tabaco: presencia de 6 o más síntomas.
Efectos a corto y largo plazo
A corto plazo, la nicotina aumenta la frecuencia cardiaca y la presión arterial, disminuye el apetito y puede generar sensación de alivio subjetivo del estrés, pero también mareos o náuseas en personas no acostumbradas (Fiore et al., 2008). Fumar de forma aguda empeora la función respiratoria, favorece la broncoconstricción y aumenta el riesgo inmediato de eventos cardiovasculares en personas con patología previa (SEPAR, 2020).
A largo plazo, el consumo de tabaco se relaciona de forma sólida con cáncer de pulmón, laringe, boca, vejiga y otros, así como con EPOC, enfermedad coronaria, ictus y numerosas patologías respiratorias y cardiovasculares (WHO, 2019). En adolescentes y jóvenes, el uso de cigarrillos electrónicos y otros dispositivos con nicotina se asocia con mayor probabilidad de consumo de tabaco convencional en el futuro y con efectos negativos sobre el desarrollo pulmonar (WHO, 2019; Ministerio de Sanidad, 2024).
Factores de riesgo
Entre los factores de riesgo más importantes para desarrollar dependencia a la nicotina se encuentran empezar a fumar a edades tempranas, tener familiares o amigos fumadores, la alta disponibilidad de tabaco y la exposición a modelos sociales que normalizan el consumo (Ministerio de Sanidad, 2024). También aumentan el riesgo el estrés crónico, los síntomas de ansiedad o depresión y el uso del tabaco como principal estrategia para manejar emociones difíciles, así como la presencia de otras adicciones (Fiore et al., 2008; SAMFyC, 2011).
Relación con otros problemas de salud mental
Las personas con trastornos de ansiedad, depresión u otros problemas de salud mental presentan tasas de tabaquismo más altas que la población general, y a menudo refieren “fumar para calmar los nervios” (APA, 2022). Sin embargo, la evidencia indica que dejar de fumar se asocia, a medio plazo, con una mejora del estado de ánimo y de los síntomas de ansiedad y depresión, especialmente cuando el proceso se acompaña de apoyo psicológico (Fiore et al., 2008; SEPAR, 2020).
Evaluación: ¿cómo sé si tengo un problema?
Test de Fagerström
1. ¿Cuánto tiempo pasa desde que te despiertas hasta que te fumas el primer cigarrillo?
5 minutos [3 puntos]
De 6 a 30 minutos [2 puntos]
De 31 a 60 minutos [1 punto]
Más de 60 minutos [0 puntos]
2. ¿Te resulta difícil no fumar en lugares donde está prohibido?
Sí [1 punto]
No [0 puntos]
3. ¿A qué cigarrillo de los que fumas durante el día te sería más difícil renunciar?
El primero por la mañana [1 punto]
Otro [0 puntos]
4. ¿Cuántos cigarrillos te fumas al día?
10 o menos [0 puntos]
De 11 a 20 [1 puntos]
De 21 a 30 [2 puntos]
31 o más [3 puntos]
5. ¿Fumas con más frecuencia por la mañana que por la tarde?
Sí [1 punto]
No [0 puntos]
6. ¿Fumas cuando estás tan enfermo que debes guardar reposo la mayor parte del día?
Sí [1 punto]
No [0 puntos]
Corrección
Puntuación baja (0–3): Hay signos de dependencia física baja; aun así, el riesgo asociado al tabaco es alto incluso con pocos cigarrillos, por lo que dejarlo sigue siendo muy recomendable.
Puntuación moderada (4–6): Hay una dependencia física moderada; probablemente notarás síntomas si reduces o dejas de fumar, y puede ser útil combinar ayuda psicológica y, si procede, tratamiento sustitutivo con nicotina.
Puntuación alta (7–10): La dependencia física es alta; dejar de fumar sin apoyo puede resultarte muy difícil, por lo que suele recomendarse una intervención más intensiva y tratamiento farmacológico específico.
El ítem “tiempo hasta el primer cigarrillo” se considera uno de los mejores indicadores de dependencia.
Evaluación: ¿cómo sé si mi familiar tiene un problema?
Es posible que tu familiar tenga un problema con la nicotina si fuma nada más levantarse, fuma varias veces por hora o se siente muy irritable cuando no puede fumar (SAMFyC, 2011). También es una señal de alarma si ha intentado dejarlo muchas veces sin éxito, si ha recibido recomendaciones médicas firmes para abandonar el tabaco y aun así sigue fumando, o si dedica una parte importante de sus recursos económicos al tabaco, incluso cuando la situación económica es complicada (SEPAR, 2020).
Ante la duda, pedir cita con el médico de cabecera o con una unidad de tabaquismo para una valoración y orientación individualizada es el mejor paso (Ministerio de Sanidad, 2024).
Tratamientos y apoyos disponibles
Si fumas o vapeas y te estás planteando dejarlo, o alguien de tu entorno quiere hacerlo, es importante saber que hay tratamientos eficaces y recursos gratuitos o de bajo coste que pueden ayudarte. Dejar el tabaco no es solo “cuestión de fuerza de voluntad”: combinar apoyo psicológico y, cuando hace falta, medicación, aumenta mucho las posibilidades de conseguirlo (Fiore et al., 2008; SEPAR, 2023).
En la parte psicológica, suele trabajarse qué papel tiene el tabaco en tu día a día (cuándo fumas, con quién, qué emoción hay detrás), qué situaciones disparan más las ganas de fumar y qué otras maneras puedes encontrar para manejar el estrés, el aburrimiento o la ansiedad (Fiore et al., 2008). Muchas personas se benefician de pequeños cambios concretos (rutinas nuevas por la mañana, cambiar lugares asociados al cigarro, apoyo de alguien de confianza) y de ir paso a paso, con un plan claro y fechas realistas (SEPAR, 2023).
Además del apoyo psicológico, existen tratamientos con medicamentos que pueden ayudarte con el síndrome de abstinencia y el deseo intenso de fumar (Fiore et al., 2008; SEPAR, 2023). Entre ellos se encuentran:
Tratamiento sustitutivo con nicotina (TSN) (parches, chicles, comprimidos, inhaladores u otras formas) que aportan nicotina de manera controlada para que el cuerpo se vaya adaptando a la disminución del consumo (Fiore et al., 2008).
Vareniclina, que actúa sobre los receptores nicotínicos, reduce las ganas de fumar y hace que el cigarro resulte menos satisfactorio (Fiore et al., 2008; SEPAR, 2023).
Bupropión, que se utiliza en algunas personas, sobre todo cuando hay además síntomas de ánimo bajo o depresión (Fiore et al., 2008; SEPAR, 2023).
La decisión sobre si usar medicación y cuál es la mejor opción la toma siempre un profesional sanitario, tras valorar tu situación, otras enfermedades que puedas tener, posibles interacciones y el tipo de apoyo que vas a recibir (SEPAR, 2023).
Es muy frecuente que haya intentos previos de dejar de fumar y que haya recaídas. Lejos de ser un fracaso, cada intento puede servir para aprender qué ha ayudado y qué ha dificultado el proceso: qué funcionó bien, en qué momentos fue más difícil, qué apoyos faltaron (Fiore et al., 2008). Por eso, es útil tener un seguimiento durante los primeros meses, ya sea en persona, por teléfono o de forma online, para revisar cómo vas y ajustar el plan si es necesario (Fiore et al., 2008; SEPAR, 2023).
Si quieres dar el paso o simplemente informarte, en España tienes a tu disposición varios recursos donde puedes encontrar ayuda, materiales y programas específicos para dejar de fumar:
Ministerio de Sanidad – “Ayuda para dejar de fumar”
Web con información, guías descargables, programa paso a paso, enlace a recursos de tu comunidad autónoma y a la app “S’Acabó”.
Web: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/tabaco/ciudadania/dejarDeFumar/home.htmCampañas y materiales para dejar de fumar y/o vapear (Ministerio de Sanidad)
Información, consejos prácticos y materiales para dejar de fumar o de vapear.
Web: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/tabaco/ciudadania/campannas/campanaTabaquismo2025.htmPlan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo 2024–2027
Marco general de las actuaciones frente al tabaco y productos relacionados en España.
Información: https://www.sanidad.gob.es/gabinete/notasPrensa.do?id=6412Recursos públicos de adicciones en la Comunidad de Madrid
Aquí puedes informarte sobre dispositivos que ofrecen ayuda para dejar de fumar dentro de la red de adicciones.
Web: https://www.comunidad.madrid/servicios/salud/prevencion-adiccionesAsociación Española Contra el Cáncer (AECC)
Ofrece programas específicos para dejar de fumar, apoyo emocional y material informativo.Información general: https://www.aecc.es (ver apartado “Dejar de fumar”)
Si estás pensando en dejarlo, puede ser buen momento para entrar en alguno de estos enlaces, pedir una cita o informarte de los programas disponibles en tu comunidad autónoma.
¿Qué puede hacer la familia y el entorno?
La familia puede apoyar animando a la persona a plantearse el cambio, mostrando preocupación sin juicios y evitando mensajes culpabilizadores del tipo “si quisieras, ya lo habrías dejado” (APA, 2022). Resulta útil reconocer los avances, incluso los pequeños (por ejemplo, reducir el número de cigarrillos o acudir a una consulta), ofrecerse a acompañar a las citas con profesionales y colaborar en crear un entorno con menos estímulos asociados al tabaco (no fumar en casa, evitar fumar delante de la persona que intenta dejarlo) (AECC, s. f.).
Al mismo tiempo, es importante que la familia cuide de su propio bienestar, mantenga sus límites y recuerde que la decisión de dejar de fumar y sostener la abstinencia pertenece siempre a la persona fumadora (APA, 2022).
Prevención específica
Las estrategias de prevención del tabaquismo pasan por retrasar al máximo la edad de inicio, reducir la exposición de niños y adolescentes al humo del tabaco y a la publicidad, y ofrecer información realista sobre riesgos, sin alarmismo, pero sin minimizar consecuencias (Ministerio de Sanidad, 2024; World Health Organization, 2019). Los programas escolares que combinan información, entrenamiento en habilidades socioemocionales y promoción de estilos de vida saludables han mostrado eficacia para reducir el inicio del consumo de tabaco (Fiore et al., 2008; Ministerio de Sanidad, 2024).
Talleres de habilidades para resistir la presión del grupo: En el aula se pueden realizar talleres específicos para practicar cómo afrontar comentarios del tipo “no seas floja, fuma” o “solo es un vapeo, no pasa nada”, utilizando role‑playing, análisis de situaciones y elaboración conjunta de respuestas alternativas (AECC, s. f.; Ministerio de Sanidad, 2024). Esto entrena asertividad, autoconfianza y sentido crítico frente a la presión de iguales.
Educación emocional y manejo del estrés: Muchos adolescentes refieren fumar o vapear “para calmar los nervios” (APA, 2022). Talleres de educación emocional y regulación (identificar emociones, técnicas sencillas de respiración, relajación o mindfulness adaptado) ofrecen alternativas concretas a “tirar del cigarro” cuando hay ansiedad, enfado o tristeza (Fiore et al., 2008; SEPAR, 2020).
Foros y video‑fórums sobre modelos sociales de consumo: A través de video‑fórums, análisis de anuncios y debates guiados, se puede cuestionar la imagen “atractiva” del tabaco y de los vapers, visibilizando cómo la industria dirige su publicidad a jóvenes (AECC, s. f.; WHO, 2019). Estos espacios ayudan a desarrollar pensamiento crítico y a tomar distancia de la presión social y de los modelos normalizadores que aparecen en redes sociales o series.
Ocio saludable y pertenencia al grupo: Proponer proyectos de aula, grupos deportivos, artísticos o de voluntariado, dando protagonismo a los propios adolescentes en su diseño, reduce la percepción de que “para estar en el grupo hay que fumar” (Ministerio de Sanidad, 2024; WHO, 2019). La sensación de pertenencia y de contar con un grupo de apoyo actúa como factor protector frente al inicio y mantenimiento del consumo.
Entornos libres de humo y coherencia adulta: En el hogar, mantener un ambiente libre de humo, hablar abiertamente sobre los riesgos del tabaco y de los cigarrillos electrónicos, y dar ejemplo (no fumar o intentar dejarlo) son factores protectores importantes (APA, 2022; Ministerio de Sanidad, 2024). Los centros educativos pueden reforzarlo con campañas internas, cartelería elaborada por el alumnado y normas claras sobre espacios libres de humo y vapeo (SAMFyC, 2011; SEPAR, 2020).
Talleres y escuelas de familias: Espacios breves para madres y padres donde se trabajen dudas sobre cigarrillos electrónicos, percepción de riesgo, límites y comunicación con hijos e hijas aumentan su capacidad para prevenir y detectar consumos tempranos (AECC, s. f.; Ministerio de Sanidad, 2024). Se puede incluir entrenamiento en cómo iniciar la conversación sin dramatizar y cómo reaccionar si descubren que su hijo/a ha empezado a fumar.
Estas acciones, combinadas con políticas públicas que limitan la publicidad y el acceso de menores, contribuyen a reducir tanto el inicio como la consolidación del consumo de tabaco y nicotina (Fiore et al., 2008; World Health Organization, 2019).
Referencias bibliográficas
American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
American Psychological Association. (2022). Tobacco use and mental health. American Psychological Association.
Asociación Española Contra el Cáncer. (s. f.). ¿Cómo dejar de fumar? Asociación Española Contra el Cáncer. https://www.contraelcancer.es
Fiore, M. C., Jaén, C. R., Baker, T. B., et al. (2008). Treating tobacco use and dependence: 2008 update. Clinical practice guideline. U.S. Department of Health and Human Services.
Instituto Nacional de Estadística. (2025). Encuesta de Salud de España 2023 (ESdE). Instituto Nacional de Estadística.
Ministerio de Sanidad. (s. f.). Ayuda para dejar de fumar. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/tabaco/ciudadania/dejarDeFumar/home.htm
Ministerio de Sanidad. (2024). Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2024. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España.
Ministerio de Sanidad. (2024). Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024‑2027. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España.
Ministerio de Sanidad. (2025). Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) 2025. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España.
Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. (2011). Tabaquismo. Abordaje en Atención Primaria. Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).
Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica. (2020). Recomendaciones para el abordaje del tabaquismo. Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica.
World Health Organization. (2019). WHO report on the global tobacco epidemic 2019. World Health Organization.