Internet y redes sociales

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Descripción breve 

Ciertos comportamientos que aparentan ser inofensivos pueden transformarse en conductas adictivas. La adicción comportamental o sin sustancia se puede equiparar a la adicción a sustancia ya que comparte bases neurobiológicas, genera efectos similares en el organismo e impacta de forma significativa en la funcionalidad y calidad de vida del individuo (Roncero et al., 2023).

La actual revolución digital ha dado lugar a nuevas formas de posible adicción comportamental, destacando a internet y a redes sociales. El uso problemático de la tecnología se caracteriza por la sensación de incapacidad para detener la conducta, sensación de descontrol, dependencia, síndrome de abstinencia cuando la conducta no puede realizarse y descuido de otras áreas vitales (Roncero et al., 2023; CEAPA, 2021). En algunos casos puede adquirir características de tipo adictivo, con tolerancia, abstinencia y dependencia como con una sustancia, aunque la mayoría de los casos se expresan como uso problemático por el excesivo uso de tiempo, apartar de otras actividades sanas y preocupación cuando no se puede acceder.

Datos en España

Algunos estudios coinciden en que el uso problemático de internet y redes sociales es un fenómeno relevante que repercute nacionalmente y en especial a adolescentes y jóvenes (Echeburúa, 2012; Aponte, 2017).

En referencia al uso problemático de internet, en el año 2024 la prevalencia alcanza su máximo pico en población adolescente y adulta joven (11.7%). Además, se estima que el 3.7% de la población española de entre 15 a 64 años ha llevado a cabo un uso problemático de internet (EDADES, 2024). La Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España confirma que el uso problemático de internet es mayor en mujeres que en hombres (H: 15.5%, M: 23.4%) (ESTUDES, 2025) hecho que del mismo modo respalda en 2021 la CEAPA (H: 16.4%, M: 23.4%).

En cuanto al uso compulsivo de redes sociales, durante el último año el 15.3% de los estudiantes de entre 14 y 18 años presenta un uso problemático de RRSS (ESTUDES, 2024). Además, los estudiantes de 18 años son los que más uso llevan a cabo (16.1%) (ESTUDES, 2024) sin existir apenas diferencias entre sexos (ESTUDES, 2024).

Durante la II Jornada de Salud Mental en Contextos Educativos celebrada en febrero de 2025 Maite Garaigordobil Landazábal, catedrática en psicología, expuso algunos datos alarmantes: España posee el porcentaje más elevado de uso problemático de internet en población infantojuvenil (menores de entre 9 y 16 años) y específicamente se estima que el 13% de los menores entre 12 y 21 años padecen ciberadicción y el 32% se encuentra en riesgo activo de desarrollarla (Infocop, 2025).

Señales de alarma

La presencia de algunos signos o síntomas concretos pueden actuar como señales de alerta. Detectar estos pródromos de forma precoz puede prevenir la problemática (CEAPA, 2021; Encinas & González, 2010).

  1. Existe agresividad, enfado, mal humor, ansiedad e irritabilidad cuando no se realiza la conducta o la persona se encuentra bajo los efectos del síndrome de abstinencia (scrolling en redes sociales, no tener el móvil cerca, quedarse sin batería, problemas de conexión…).
  2. Deseo irrefrenable (craving) de estar cerca de un dispositivo y utilizar las redes sociales.
  3. Intentos fallidos de limitar el tiempo de conexión online.
  4. Mentir acerca del tiempo de uso (Quirónsalud, s. f.).
  5. Comprobación frecuente de notificaciones.
  6. Sobreexposición en redes sociales (Quirónsalud, s. f.).
  7. Privación de horas de sueño.
  8. Abandono de las responsabilidades correspondientes y bajo rendimiento laboral o académico (Quirónsalud, s. f.).
  9. Reducción significativa de actividades sociales (aislamiento, comunicación social) y de ocio.

Criterios de “adicción” 

Aún no existe una etiqueta diagnóstica formal e independiente para nombrar la adicción a internet y redes sociales. Sin embargo, durante los últimos años la práctica clínica y la investigación científica han detectado una creciente dependencia hacía comportamientos como el scrolling o la revisión continua de redes sociales. Los profesionales denominan informalmente esta adicción como “uso problemático de internet” o “uso compulsivo de redes sociales” (OEDA, 2025).

El incremento significativo de la prevalencia, sobre todo entre niños y adolescentes (Echeburúa, 2012; CEAPA, 2021), genera la necesidad de incluir la problemática en manuales clínicos diagnósticos con la finalidad de facilitar una prevención, evaluación y tratamiento adecuados.

Se evalúan criterios similares a los propuestos por el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales o DSM-5-TR (APA, 2022) para adicciones a sustancias ya que los comportamientos relacionados con pantallas activan sistemas de recompensa similares a los activados por el consumo de sustancias (APA, 2022).

La sensación de incapacidad para frenar la conducta, la presencia de síndrome de abstinencia al no poder buscar o acceder a la pantalla o red social, el aumento de la tolerancia a los efectos de la conducta y la interferencia de la adicción en la vida diaria son algunos de los criterios a tener en cuenta (Echeburúa & Corral, 2010; Roncero et al., 2023).

Efectos a corto y a largo plazo

A corto plazo, el uso excesivo y descontrolado de pantallas y redes sociales puede desencadenar consecuencias de carácter multidimensional (Eddy et al., 2025; CEAPA, 2021; Mayo Clinic, 2025), tanto fisiológicas (alteración y disminución del sueño, reducción de ejercicio físico, fatiga), como cognitivas (afectación de la atención sostenida), como emocionales (frustración, irritabilidad, apatía, ánimo deprimido), como funcionales (abandono de actividades sociales, de ocio o de responsabilidades académicas / laborales) y sociales (aislamiento social).

A largo plazo, la exposición prolongada y de carácter dependiente a tecnologías se ha asociado con problemas de salud física (molestias musculoesqueléticas y oculares), salud psicosocial (afectación en funciones ejecutivas relacionadas con la planificación, inhibición de conductas, pensamientos disfuncionales acerca de la propia valía, autoconcepto o autoimagen corporal, disminución de la capacidad creativa, irritabilidad y ánimo deprimido) y funcionalidad (menor rendimiento académico / laboral, retraimiento social y escaso apoyo social percibido). En adolescentes y jóvenes estos efectos pueden interferir en etapas clave del desarrollo socioemocional y cognitivo (Echeburúa & Corral, 2010; Quirónsalud, s.f.).

Factores de riesgo

Las personas que se encuentran en riesgo o son más vulnerables a la hora de desarrollar una adicción a Internet y a redes sociales no son necesariamente aquellas que más las usan, sino aquellas con una predisposición traducida a vulnerabilidad psicosocial (Echeburúa & Corral, 2010).

Como factores demográficos, se reportan características asociadas fundamentalmente a la edad (Echeburúa & Corral, 2010). La adolescencia constituye una etapa de vulnerabilidad por el manejo fluido de las nuevas tecnologías y por características psicosociales propias de la etapa (apertura y búsqueda de nuevas experiencias, necesidad de conexión, pertenencia, impulsividad, menor capacidad de autorregulación emocional…).

Como factores psicológicos, fenómenos como la impulsividad, disforia, intolerancia a sensaciones o emociones desagradables, búsqueda de emociones intensas, baja autoestima, timidez y estilos de afrontamiento o gestión emocional desadaptativo predisponen la conducta adictiva (Echeburúa & Corral, 2010; Moral & Suárez, 2016). La existencia de psicopatología previa exacerba el riesgo de acceder a las redes y pantallas como mecanismo de regulación emocional (Echeburúa 2012; Moral & Suárez, 2016).

Como factores sociales, destacan el aislamiento social, la pertenencia a un grupo de personas que consume en exceso pantallas y redes sociales, una escasa cohesión familiar y estilos de crianza autoritarios o permisivos (Echeburúa 2012; Moral & Suárez, 2016; Aponte, 2017).

Relación con otros problemas de salud mental

La literatura reciente sugiere que el uso problemático de internet y redes sociales se asocia de forma consistente con un aumento de la sintomatología ansiosa, depresiva y obsesiva, especialmente en niños, adolescentes y jóvenes.

Además, no solo se ha observado un empeoramiento del malestar emocional sino también una mayor impulsividad, conductas agresivas, somatizaciones, baja autoestima y desregulación emocional. Todo ello indica una afectación amplia del funcionamiento psicológico (Eddy et al., 2025).

En términos de comorbilidad psiquiátrica, los trastornos que aparecen con mayor frecuencia asociados al uso problemático de internet son los trastornos de ansiedad, especialmente ansiedad social y ansiedad generalizada (Quirónsalud, s.f.; Bustamante et al., 2025); los trastornos depresivos, los trastornos del neurodesarrollo como el TDAH y el TE; los trastornos de conducta; los trastornos de la conducta alimentaria y los trastornos relacionados con la imagen corporal, entre ellos el trastorno dismórfico corporal (Schou et al., 2017).

Esta asociación es especialmente relevante en el caso de las redes sociales basadas en imágenes o vídeos, donde la comparación social y la presión por la apariencia física pueden intensificar la vulnerabilidad psicológica (Eddy et al., 2025). También se ha descrito relación con conductas autolesivas e ideación suicida en especial cuando existe ciberacoso o exposición repetida a contenidos de autolesión en redes sociales (Eddy et al., 2025).

Evaluación

Internet Addiction Test (Puerta-Cortés et al., 2012)

Evaluación: ¿cómo saber si mi familiar tiene un problema?

A continuación se puntualizan algunas señales de alerta que si se encuentran presentes en su entorno cercano podrían indicar la presencia encubierta de una adicción comportamental a pantallas y redes sociales: enfado, irritabilidad y frustración cuando se limita el acceso, incapacidad para reducir el uso, presencia usual de conflicto familiar que gira en torno al acceso repetido a las pantallas o redes, mentiras sobre el tiempo conectado, alteraciones de sueño – insomnio – y abandono de responsabilidades o actividades placenteras llevadas a cabo de forma previa a la adicción (CEAPA, 2021).

Si en su entorno logra detectar algún signo o señal de alarma similar a los expuestos anteriormente, no dude en consultar a la persona en cuestión la posibilidad de recibir ayuda y buscar valoración y ayuda profesional. Si se perciben conductas graves asociadas al consumo en un familiar o conocido (ejemplo: ideas de autolesión / suicidio) será esencial recurrir a la atención urgente ( teléfono 112) o a línea de atención a la crisis de conducta suicida 024 (Ministerio de Sanidad, s.f.).

Tratamientos y apoyos disponibles

¿Qué puede hacer la familia y el entorno?

La familia ejerce un papel de gran relevancia dentro del proceso de recuperación (Quirónsalud, s.f.). Ésta puede ayudar:

  • Manteniendo una comunicación abierta y sin juicios acerca de pensamientos, emociones y sensaciones que acompañan al problema. La investigación indica que un entorno familiar comprensivo y validante reduce el uso problemático de internet y redes (Sevilla-Fernández, 2025)
  • Estableciendo límites claros y conscientes. Medidas como delimitar horarios de uso, establecer momentos sin pantallas – especialmente durante comidas y momento antes de dormir – y negociar un tiempo máximo de pantalla diario ayudan a disminuir el tiempo que se pasa navegando en internet o scrolleando en redes (Vondráčková & Gabrhelík, 2016)
  • Reforzando actividades alternativas a las pantallas. Se recomienda potenciar actividades que ayuden a reemplazar el refuerzo positivo que generan las redes por un refuerzo positivo derivado de otras actividades que no impliquen tecnologías. El deporte, lectura, hobbies y actividades familiares son algunos ejemplos (Montañés, 2017)
  • Dando ejemplo con el propio uso de la tecnología (Caro Amada & Plaza De La Hoz, 2016)
  • Detectando precozmente señales de alarma (CEAPA, 2021; Becoña, 2002)

Prevención específica

La prevención de adicción a TICs debe empezar en casa y en la escuela con educación digital, hábitos de sueño saludables y entrenamiento en autorregulación. También es recomendable enseñar a identificar señales tempranas de uso problemático, como pérdida de control, necesidad constante de revisar el móvil o malestar cuando no hay conexión (Echeburúa & Corral, 2010; Chóliz, 2017; Plaza et al., 2024).

En población infantil y adolescente la prevención es más eficaz cuando combina supervisión parental, normas adaptadas a la edad y promoción de actividades offline que refuercen habilidades sociales, deportivas y académicas. La idea central es favorecer un uso consciente y limitado, no demonizar la tecnología ya que el problema no es la herramienta en sí, sino el patrón de uso desadaptativo (Echeburúa & Corral, 2010; Chóliz, 2017; Plaza et al., 2024).

Referencias bibliográficas 

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Becoña Iglesias, E. (2002). Bases científicas de la prevención de las drogodependencias. Papeles del Psicólogo, 23(83), 24–34.https://www.redalyc.org/pdf/727/72712496002.pdf?utm_source= 

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Caro Amada, C., & Plaza De La Hoz, J. (2016). Intervención educativa familiar y terapia sistémica en la adicción adolescente a Internet-Family educational intervention and systemic therapy in adolescent internet addiction. REOP – Revista Española de Orientación y Psicopedagogía, 27(1), 99. https://doi.org/10.5944/reop.vol.27.num.1.2016.1703 

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Eddy Ives, L. S., Huertas Patón, A., Forti Buratti, M. A., Álvarez Pitti, J., Salmerón-Ruiz, M. A., Rodríguez Hernández, P. J., & Real-López, M. (2025). Impacto de las pantallas y las redes sociales en la salud mental. Anales de Pediatría, 103(2), 503909. https://doi.org/10.1016/j.anpedi.2025.503909 

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Schou Andreassen, C., Billieux, J., Griffiths, M. D., Kuss, D. J., Demetrovics, Z., Mazzoni, E., & Pallesen, S. (2017). Adicción a internet, redes sociales y videojuegos: La relación entre el uso adictivo de las redes sociales y los videojuegos y síntomas de trastornos psiquiátricos: un estudio transversal a gran escala. RET: revista de toxicomanías, (81), 2-2. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6390833 

Sevilla-Fernández, D., Díaz-López, A., Caba-Machado, V., Machimbarrena, J. M., Ortega-Barón, J., & González-Cabrera, J. (2025). Parental mediation and the use of social networks: A systematic review. PloS one, 20(2), e0312011. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0312011

Vondráčková, P., & Gabrhelík, R. (2016). Prevention of Internet addiction: A systematic review. Journal of behavioral addictions, 5(4), 568–579. https://doi.org/10.1556/2006.5.2016.085

Opioides receetados

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Descripción breve

El término opioide proviene de la raíz semántica opio, sustancia extraída directamente de la planta Papaver Somniferum o adormidera. El opio posee, de manera innata, propiedades somníferas, analgésicas y antidiarreicas que ya estaban documentadas desde la antigua Grecia (Álvarez et al., 2005).

Es importante comprender la diferencia existente entre opioide y opiáceo. Los opiáceos se extraen naturalmente de la planta Papaver Somniferum, mientras que los opioides abarcan cualquier tipo de sustancia de naturaleza tanto endógena -péptidos producidos por el propio cuerpo- como exógena -opiáceos y sustancias sintéticas y semiartificiales- que se une de manera específica a receptores opioides cerebrales (Álvarez et al., 2005; National Institute on Drug Abuse, 2024).

Este sistema opioide cumple múltiples funciones fisiológicas fundamentales (National Institute on Drug Abuse, 2021), entre las que se incluyen el aprendizaje, la memoria, la modulación gastrointestinal, las funciones endocrinas, las funciones autonómicas y la regulación del dolor mediante la inhibición de la sensación dolorosa generada por el estímulo nocivo.

De manera frecuente, los opioides se emplean como medicamentos, ya que presentan propiedades que permiten modular funciones fisiológicas. Estas sustancias depresoras suelen ser recetadas de forma legal con la finalidad de tratar dolores agudos, crónicos y otras afecciones (Sandí & Castillo, 2024). No existe un registro exacto y fiable del consumo ilícito de opioides. Los opioides que normalmente suelen ser recetados para tratar este tipo de afecciones son: codeína, fentanilo, hidrocodona, oxicodona, oximorfona, morfina y tramadol (National Institute on Drug Abuse, 2021).

Pese a su finalidad terapéutica, el consumo de sustancias opioides sin una supervisión médica puede acarrear problemáticas de salud tanto física como mental (World Health Organization, 2023). Para comprender por qué los opioides generan dependencia y adicción es necesario tener en cuenta el sustrato neurobiológico implicado. La unión del opioide a un receptor μ localizado en el área tegmental ventral y su posterior activación producen la inhibición de las interneuronas GABA y la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, dentro del sistema de recompensa. Esta interacción genera una intensa sensación de recompensa, que actúa como refuerzo para volver a consumir estas sustancias y favorece el desarrollo de dependencia (Álvarez et al., 2005).

Datos en España

La Encuesta sobre el Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España, indica que la edad media de inicio en el consumo de analgésicos opioides se sitúa en los 14.7 años. En comparativa con años anteriores, se observa que esta edad de inicio se adelanta progresivamente. En el último año, el 1.3% de los estudiantes de entre 14 y 18 años en España afirma haber consumido opioides analgésicos alguna vez para “colocarse” (ESTUDES, 2025).

Además, en el último año, el 15.2% de la población española general de entre 15 y 64 años reconoce haber consumido algún tipo de analgésico opioide en alguna ocasión, con o sin receta. Este consumo es más frecuente en la población femenina que en la masculina. El alivio del dolor agudo, crónico y consecuente de operaciones son las razones más comunes documentadas de cara a iniciar el consumo (EDADES, 2024).

Señales de alarma

Para prevenir y tratar la problemática, es importante generar conciencia y conocer las señales que pueden alertar sobre la presencia o el inicio de un comportamiento adictivo. A continuación, se recogen signos a tener en cuenta para su detección precoz (APA, 2022).

Físicamente pueden aparecer somnolencia, estreñimiento, respiración lenta, fatiga u otros síntomas similares.

En el plano psicológico, pueden observarse irritabilidad frecuente, cambios repentinos y bruscos en el humor, bajo estado de ánimo, ansiedad persistente asociada al intenso deseo de consumir (craving), dificultades para concentrarse o empobrecimiento en el lenguaje.

También es importante observar la conducta, ya que aporta información relevante para identificar la posible presencia del trastorno. Conductualmente, destaca el consumo de una dosis mayor de la prescrita, el uso durante más tiempo del indicado y con mayor frecuencia, la visita a varios médicos con el fin de obtener recetas, la invención de síntomas físicos asociados al dolor para conseguir prescripciones y el uso sin indicación o supervisión médica, la priorización del consumo sobre otras actividades y los intentos fallidos de dejar de consumir.

Socialmente, puede producirse un deterioro que se manifiesta en conflictos en el entorno familiar o de pareja y en aislamiento social.

Además, la funcionalidad de la persona suele verse reducida, lo que suele reflejarse en problemas académicos, laborales, abandono de actividades de ocio o incluso conductas delictivas.

La necesidad de aumentar la dosis para conseguir el mismo efecto (tolerancia) y la aparición de síntomas físicos y psicológicos al dejar de consumir (abstinencia) son indicadores importantes de un consumo problemático.

Entre los síntomas de abstinencia se incluyen náuseas o vómitos, dolores musculares, lagrimeo o rinorrea, dilatación pupilar, piloerección, sudoración, diarrea, bostezos, fiebre, insomnio y humor disfórico o estado de ánimo decaído o irritable.

Criterios de adicción

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales 5-TR (APA, 2022), se puede confirmar la presencia de una adicción o trastorno por consumo de opiáceos cuando el uso genera un malestar clínicamente significativo que se refleja en, al menos, dos de los signos que se mencionan a continuación durante un período de un año (APA, 2022):

  1. El consumo es frecuente y en cantidades y tiempos superiores a los prescritos.
  2. Existen esfuerzos fracasados por abandonar la sustancia.
  3. Se invierte bastante tiempo en conseguir, consumir y recuperarse de los efectos consecuentes al consumo de opioides.
  4. Existe un deseo persistente e intenso de consumo (craving).
  5. El consumo genera el incumplimiento de responsabilidades laborales, familiares o académicas.
  6. El consumo se mantiene pese a éste generar problemáticas sociales e interpersonales significativas.
  7. El consumo provoca un abandono o reducción de actividades sociales, de ocio y profesionales.
  8. Consumo recurrente de opiáceos en situaciones en las que ésta puede generar un riesgo físico.
  9. El consumo se mantiene a pesar de poseer conciencia de que se sufre un problema físico o psicológico persistente causado/exacerbado por los opioides.
  10. Existe tolerancia (necesidad de consumir cada vez mayores cantidades de la sustancia para conseguir el efecto deseado. Este efecto se reduce de forma significativa tras el consumo continuado de la misma cantidad).
  11. Existe abstinencia (cuadro sintomatológico que resulta de la interrupción del consumo mantenido, y que se “resuelve” o “alivia” volviendo al consumo).

Además de reconocer la presencia del trastorno o adicción, deben especificarse algunos factores para observar su gravedad e intensidad. Algunos de estos especificadores son: 1. Remisión inicial / remisión continuada, 2. Se está o no dando una terapia de mantenimiento de forma paralela, 3. Gravedad. La gravedad del trastorno se mide a raíz de los siguientes parámetros:

  • Gravedad leve: presencia de 2-3 síntomas (en remisión inicial / continuada).
  • Gravedad moderada: presencia de 4-5 síntomas (en remisión inicial / continuada).
  • Grave: presencia de 6 o más síntomas (en remisión inicial / continuada).

Efectos a corto y largo plazo

Los efectos tanto a corto como a largo plazo generados por el consumo de opioides varían en función del tipo de opioide consumido. Sin embargo, todos ellos actúan sobre los receptores opioides y generan respuestas narcóticas y analgésicas (World Health Organization, 2023; National Institute on Drug Abuse, 2024).

Los efectos a corto plazo suelen ser analgesia, sedación, euforia, sensación de bienestar, somnolencia, náuseas, vómitos, estreñimiento, depresión respiratoria, confusión y mareo.

Los efectos más comunes a largo plazo suelen ser tolerancia -o la necesidad de consumir dosis mayores para lograr el mismo efecto-, dependencia física y psicológica, trastorno por uso de opioides, problemas respiratorios crónicos, alteraciones hormonales, estreñimiento crónico, mayor riesgo de sobredosis, cambios cardiovasculares, debilitamiento del sistema inmunitario y un aumento de la sensibilidad al dolor en algunos casos.

Factores de riesgo

El desarrollo de la adicción a los opioides resulta de la interacción de factores tanto biológicos, como psicológicos y sociales.

Como factores biológicos, destacan:

  • Heredabilidad o genética: la heredabilidad de problemáticas relacionadas con la adicción a sustancias ronda el 40%-60% (National Institute on Drug Abuse, 2020; APA, 2022)
  • Presencia de dolor agudo, dolor crónico, dolor derivado de una operación u otras enfermedades (EDADES, 2024)
  • Consumo de otras sustancias (APA, 2022)
  • Prescripción médica prolongada o inadecuada.

Como factores psicológicos, destacan (APA, 2022):

  • Mecanismos de afrontamiento pasivos y evitativos
  • Dificultad en la gestión emocional adaptativa
  • Percepción y creencias acerca de la experiencia del dolor
  • Baja percepción del riesgo
  • Baja autoestima
  • Rasgos de personalidad externalizantes, como la búsqueda de experiencias, la impulsividad y la desinhibición
  • Historia personal
  • Psicopatología, como un trastorno de depresión mayor, trastornos de ansiedad, trastorno bipolar, trastornos de personalidad o trauma (Sandí & Castillo, 2024) y trastornos de conducta en la infancia o adolescencia

Como factores sociales, destacan (APA, 2022):

  • Fácil acceso a medicamentos con codeína
  • Entornos en los que se encuentra normalizado el consumo
  • Escaso apoyo y red social

Además, la Organización Mundial de la Salud detalla algunos factores de riesgo asociados no solo al consumo problemático de opioides, sino también a la posible sobredosis (World Health Organization, 2023).

  • Presencia de un trastorno por consumo de opioides
  • Inyección intravenosa de opioides
  • Retomar el consumo tras un periodo de abstinencia o no consumo de la sustancia
  • Consumo sin receta médica
  • Consumo de dosis elevadas siguiendo la posología recomendada y pautada por un médico de manera diaria
  • Consumo de opioides junto a sustancias que, como efecto secundario, depriman la actividad respiratoria
  • Presentar otros problemas de salud

Relación con otros problemas de salud mental

Se ha observado que el consumo de opioides en general se relaciona estrechamente con la presencia de psicopatología y problemas de salud mental (Sandí & Castillo, 2024; APA, 2022). Es importante recalcar que la relación entre el consumo y la psicopatología es de naturaleza bidireccional.

Se ha documentado que el trastorno depresivo mayor o el trastorno depresivo persistente, así como los trastornos de ansiedad, pueden ser inducidos o exacerbados por el consumo de opioides (APA, 2022). Además, el trastorno por consumo de opiáceos suele presentarse junto  a trastornos de la personalidad, especialmente los trastornos límite, esquizotípico y antisocial, e insomnio, sobre todo durante la abstinencia (APA, 2022).

También, se ha asociado el consumo problemático de opiáceos con un mayor riesgo de intentos de suicidio (APA, 2022). Estudios e investigaciones realizadas en los últimos años, respaldan la existencia de patología dual, es decir, la coexistencia de un trastorno mental y una adicción, en personas con adicción a opioides (Pedroza et al., 2025).

Evaluación

Drug Abuse Screening Test-10. DAST-10 (Bohn et al., 1991; Yudko et al., 2007)

Ante la duda, se recomienda consultar al médico de atención primaria, unidades de dolor, salud mental o recursos de adicciones que puedan valorar la situación y orientar sobre el mejor tipo de ayuda en cada caso (SERGAS, 2022). Algunos recursos disponibles se incluyen en apartados posteriores.

Evaluación: ¿Cómo saber si mi familiar tiene un problema?

No solo es importante identificar si uno mismo corre el riesgo de presentar un problema de consumo de sustancias opioides, sino también prestar atención al entorno y a las personas cercanas. Los cambios en la conducta, las rutinas y el estado de ánimo son uno de los indicadores fundamentales (Clínica Mayo, 2025). Por ello, aunque no siempre ocurra, es posible que un familiar consuma opioides de forma problemática si se observa un deterioro en las relaciones sociales, en el ámbito académico o laboral o en otros contextos de su vida diaria. Si se consume una medicación prescrita durante más tiempo del indicado o en mayor cantidad de la pautada, también puede estar desarrollándose esta problemática (Clínica Mayo, 2025). Es frecuente que la persona consuma opioides “por si acaso”, incluso sin sentir dolor, o que solicite la misma receta a varios profesionales. Del mismo modo, pedir medicamentos a amigos, fingir que los ha perdido para obtener nuevas recetas o dedicar mucho tiempo a obtener la sustancia son señales de alarma (Clínica Mayo, 2025).

Poner en peligro la propia vida o la de quienes le rodean, experimentar cambios bruscos de humor, aislarse socialmente, abandonar hobbies y actividades de ocio o presentar sintomatología física propia del consumo o de la abstinencia son también señales a tener en cuenta (APA, 2022; Clínica Mayo, 2025).

Si se identifican varias de estas señales, conviene consultar lo antes posible con un profesional de atención primaria, psiquiatría, psicología, una fundación o un recurso especializado en adicciones. En caso de detectar una posible sobredosis, será esencial recurrir a los servicios de urgencias (112) y, si se dispone de naloxona, administrarla para revertir los efectos de la intoxicación (National Institute on Drug Abuse, 2022).

¿Qué puede hacer la familia y el entorno?

La familia y el entorno cercano pueden ser de gran ayuda si comprenden que la adicción a los fármacos opioides constituye un problema de salud tanto física como mental y no solamente una cuestión de fuerza de voluntad (APA, 2022; Manual MSD, 2025). Además, será fundamental informarse sobre el trastorno, ya que entenderlo mejor ayuda a acompañar de forma más adecuada al afectado.

Hablar en momentos tranquilos, expresar la preocupación en primera persona y centrarse en hechos concretos, como cambios en el comportamiento, somnolencia u olvidos, puede facilitar que la persona se plantee pedir ayuda (SERGAS, 2022). Del mismo modo, es importante poner límites a conductas de riesgo, como conducir bajo los efectos del medicamento o mezclarlo con alcohol, y no encubrir las consecuencias del consumo, para no mantener sin querer el problema (SERGAS, 2022).

Los familiares también necesitan momentos de autocuidado. Esto incluye buscar orientación profesional y acudir a grupos para familiares o a espacios de apoyo, ya que puede reducir el desgaste emocional y ayudar a sostener el acompañamiento a medio y largo plazo (SERGAS, 2022; National Institute on Drug Addiction, 2026).

Tratamientos y apoyos disponibles

Para tratar un trastorno por consumo de opioides, existen multitud de recursos, servicios y tratamientos tanto en el ámbito público como privado. El tratamiento es multidisciplinar, por lo que resulta importante la coordinación entre equipos médicos, psicológicos y de intervención social. Además, estos recursos no solo ofrecen tratamiento a los pacientes, sino que también brindan acompañamiento y apoyo a sus familiares. Entre los recursos disponibles se incluyen los siguientes:

Prevención específica

La prevención del consumo de opioides se presenta como un reto prioritario de salud pública, debido a su elevado potencial adictivo y al riesgo de sobredosis (World Health Organization, 2023). A diferencia de otras sustancias, una parte significativa de los casos se origina en el contexto sanitario, a través de la prescripción médica. Esto obliga a desarrollar estrategias preventivas específicas centradas en el sistema de salud (Centers for Disease Control and Prevention, 2025; Dowell, 2022).

Una de las medidas preventivas más eficaces es la prescripción responsable de opioides (Ministerio de Sanidad, 2021). Esta actividad debe incluir por parte del médico una evaluación precoz del riesgo de abuso de sustancias mediante herramientas de cribado como la Opioid Risk Tool (Webster & Webster, 2005; National Institute on Drug Abuse, s.f.); además de una prescripción mínima, es decir, la dosis más baja posible durante el menor tiempo necesario. De esta manera, se reduce el riesgo de desarrollar tolerancia y dependencia (Centers for Disease Control and Prevention, 2022; Dowell, 2022). El seguimiento y la supervisión continuada serán elementos clave en la prevención (Ministerio de Sanidad, 2021). La formación de profesionales sobre el uso problemático de analgésicos opioides y la monitorización del consumo, por ejemplo, mediante los datos arrojados por la Encuesta sobre Alcohol y Otras Drogas en España y los registros de dispensación, ayudan a detectar a tiempo patrones de uso de riesgo y a ofrecer intervenciones tempranas.

En población ya afectada, y dentro de la prevención terciaria, deben introducirse medidas para reducir los daños existentes. En caso de sobredosis, debe facilitarse la disponibilidad de naloxona o antagonistas opioides que permitan revertir rápidamente la intoxicación y evitar consecuencias letales (Centers for Disease Control and Prevention, 2025). Además, la prevención en población afectada incluye el tratamiento integral de la patología y la psicoeducación a familiares (World Health Organization, 2023).

En población general, y como prevención primaria, las estrategias deben enfocarse en la educación específica sobre el riesgo del consumo de opioides. En España, estas acciones se desarrollan en el marco del Plan Nacional sobre Drogas, que promueve intervenciones educativas dirigidas a jóvenes y colectivos vulnerables (Ministerio de Sanidad, 2017).

Referencias bibliográficas

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Dowell, D. (2022). Centers for Disease Control and Prevention Clinical Practice Guideline for Prescribing Opioids for Pain – United States, 2022. MMWR. Recommendations and Reports, 71. https://doi.org/10.15585/mmwr.rr7103a1 

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Pedroza, J. A. R., Prada, D. C. R., Martínez, J. A. B., Carrillo, V. J. G., & Meléndez, D. B. (2025). Trastornos Mentales en Pacientes Consumidores de Opioides Atendidos en Urgencias del Hospital Universitario Erasmo Meoz en el periodo 2023-2024. Cuidado y Ocupación Humana, 14(1), 71-82. https://doi.org/10.24054/bpn5x606

Sandí Esquivel, L., & Castillo Araya, H. (2024). Complicaciones clínicas del tratamiento con opioides. Revista Ciencia y Salud Integrando Conocimientos, 8(4), 83-90. https://doi.org/10.34192/cienciaysalud.v8i4.812

Servicio Galego de Saúde. (2022). Uso problemático de los analgésicos opioides de prescripción en atención primaria. SERGAS. https://www.sergas.gal/Asistencia-sanitaria/Documents/1555/Uso_problematico_de_los_analgesicos_opioides.pdf 

Webster, L. R., & Webster, R. M. (2005). Predicting aberrant behaviors in opioid-treated patients: Preliminary validation of the Opioid Risk Tool. Pain Medicine, 6(6), 432–442. https://doi.org/10.1111/j.1526-4637.2005.00072.x 

World Health Organization. (2023). Sobredosis de opioides. World Health Organization. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/opioid-overdose 

Yudko, E., Lozhkina, O., & Fouts, A. (2007). A comprehensive review of the psychometric properties of the Drug Abuse Screening Test. Journal of Substance Abuse Treatment, 32(2), 189-198. https://doi.org/10.1016/j.jsat.2006.08.002 

Conducta sexual compulsiva (CSC)

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Descripción breve

La Conducta Sexual Compulsiva (CSC) está reconocida como trastorno por la Organización Mundial de la Salud en la clasificación CIE-11. Se trata de un patrón persistente de incapacidad para controlar impulsos o deseos sexuales intensos y recurrentes, lo que deriva en un comportamiento sexual repetitivo (Chapman, 2025; Gaudet et al., 2025; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025).

Se caracteriza por pérdida de control, falta de satisfacción, inversión excesiva de tiempo y continuación de la conducta a pesar de las consecuencias negativas en lo económico, familiar, legal, laboral o académico (Chapman, 2025; Gaudet et al., 2025; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025).

Prevalencia

Según las investigaciones de Kafka (2009), se estima que entre el 3% y el 6% de la población manifiesta dificultades relacionadas con la denominada «adicción al sexo», aunque estos estudios son de hace años, las investigaciones más recientes mantienen estas cifras, aunque aumentan cuando se refieren al Uso Problemático de la Pornografía, que ascienden al 10-12%. No obstante, estas cifras podrían representar solo una parte del problema. El acceso masivo a la pornografía mediante dispositivos digitales sugiere que una proporción mucho más amplia de la sociedad podría estar manteniendo un consumo problemático. Este hábito no solo deteriora la calidad de la vida sexual del usuario, sino que favorece el desarrollo de adicciones comportamentales (Villena & Chiclana, 2019).

En esta misma línea, un estudio de 2018 basado en la National Survey of Sexual Health de EE. UU. observó que aproximadamente un 10,3% de los hombres y un 7% de las mujeres presentaban síntomas claros de conductas sexuales fuera de control (Dickenson et al., 2018).

Señales de alarma

Existen diversos indicadores que pueden alertar sobre un problema de este tipo, como el sentimiento de pérdida de control al intentar reducir la conducta sin éxito y la centralidad que adquiere el hábito, convirtiéndose en el eje de la vida y desplazando otras actividades (Infocop, 2023). También resulta preocupante la aparición de tolerancia, que se manifiesta como la necesidad de aumentar la intensidad para sentir la misma satisfacción, junto a los síntomas de abstinencia o malestar físico y emocional cuando no se puede realizar la conducta. Por último, la persistencia del comportamiento a pesar de los daños que ocasiona y la interferencia significativa en el ámbito social, laboral o académico son señales claras de que la situación requiere atención profesional (Infocop, 2023).

Criterios de adicción

La Organización Mundial de la Salud, en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), establece para el Trastorno por comportamiento sexual compulsivo (Compulsive sexual behaviour disorder) los siguientes criterios (OMS, 2025):

  1. Conductas sexuales repetitivas que se convierten en el foco principal de la vida de la persona, hasta el punto de descuidar su salud o la atención de otros intereses, actividades o responsabilidades
  2. Ha realizado numerosos intentos fallidos para controlar o reducir significativamente su conducta sexual
  3. Continúa llevando a cabo la conducta sexual a pesar de las consecuencias adversas, como la ruptura de relaciones o el impacto negativo en la salud o el ámbito laboral u ocupacionales
  4. Continúa con la conducta sexual aun cuando no se obtiene placer de ella o este es muy reducido
  5. La conducta se manifiesta durante un período prolongado, por ejemplo, 6 meses o más.

Además, la DSM-5 proponía en su borrador el Trastorno Hipersexual como un trastorno del deseo sexual no parafílico, caracterizado por un aumento en la frecuencia e intensidad de fantasías, excitación, impulsos y conductas sexuales, asociadas a un componente de impulsividad, que provocan un malestar clínico significativo o un deterioro social u ocupacional (Chiclana, 2020; Kafka, 2009). Posteriormente este borrador de trabajo fue modificándose y proponían los siguientes criterios diagnósticos:

A. Durante un período de al menos seis meses, presenta fantasías sexuales recurrentes e intensas, impulsos sexuales y conducta sexual en asociación con cuatro o más de los siguientes cinco criterios:

  1. Consume excesivo tiempo en fantasías e impulsos sexuales, planificando y participando en conductas sexuales.
  2. Repetidamente desarrolla esas fantasías, impulsos y conductas sexuales como respuesta a estados de ánimo disfóricos (por ejemplo: ansiedad, depresión, aburrimiento, irritabilidad).
  3. Repetidamente desarrolla fantasías, impulsos y conductas sexuales como respuesta a eventos estresantes de la vida.
  4. Repetitivos pero infructuosos esfuerzos por controlar o reducir significativamente esas fantasías, impulsos y conductas sexuales.
  5. Repite el comportamiento sexual sin tener en cuenta el riesgo de daño físico o emocional a sí mismo o a otros.

B. Hay un malestar clínicamente significativo o deterioro personal en las áreas social, profesional o de otro tipo de funcionamiento, asociado con la frecuencia e intensidad de estas fantasías, impulsos y conductas sexuales.

C. Estas fantasías sexuales, impulsos y conductas no se deben a los efectos fisiológicos directos de sustancias exógenas (por ejemplo, drogas de abuso o medicación) o a episodios maníacos.

D. La persona tiene al menos 18 años.

Aconseja especificar si las conductas son masturbación, consumo de pornografía, conductas sexuales con el consentimiento de adultos, prácticas de cibersexo, llamadas a teléfonos de contenido sexual o asistencia a clubs de striptease o similares.

Como se puede observar los profesionales que proponen estos criterios se fijan en si se ha invertido una gran cantidad de tiempo en la conducta sexual; se ha empleado para afrontar sentimientos desagradables o para afrontar responsabilidades o problemas estresantes; se ha querido disminuir y no ha sido posible; se ha mantenido la conducta pudiendo causar enfermedad, daño emocional al paciente, a la pareja sexual o a otros; ha producido malestar a sí mismo o ha provocado problemas personales, sociales, laborales o en otras áreas (Chiclana, 2020).

Efectos a corto y largo plazo

A corto plazo, las consecuencias suelen manifestarse como una respuesta emocional inmediata al ciclo de pérdida de control. Es común experimentar un malestar emocional agudo caracterizado por sentimientos de culpa, humillación y angustia tras la conducta, lo que deriva en un deterioro de la autopercepción y la sensación de “estar atrapado» y de pérdida de libertad. Además, se observa una clara desregulación emocional, en la que el sexo se utiliza erróneamente para mitigar la ansiedad o la soledad, generando simultáneamente expectativas irreales que distorsionan la visión de una sexualidad saludable en encuentros reales (Chiclana, 2020).

Con el paso del tiempo, este patrón compulsivo provoca daños estructurales más profundos. Chiclana (2020) destaca que la persistencia de estas conductas puede causar alteraciones neurobiológicas, como una menor conectividad en la corteza prefrontal, lo que dificulta la regulación de impulsos. En el aspecto personal, esto interfiere en el desarrollo psicosexual y puede derivar en disfunciones sexuales crónicas. Finalmente, el impacto se extiende al entorno del individuo, provocando un grave deterioro relacional y familiar, riesgos socioeconómicos o legales, y una quiebra del bienestar espiritual al perderse la coherencia con el propio proyecto de vida (Chiclana, 2020; Sober Nation, s.f.).

Factores de riesgo

Los factores de riesgo y variables relacionadas con la conducta sexual compulsiva son de naturaleza múltiple y pueden agruparse en diversas categorías.

En el plano personal y psicológico, influyen significativamente la presencia de patologías psiquiátricas previas, ciertos rasgos de personalidad como la introversión o la baja autoestima, y la falta de un proyecto vital sólido que proporcione sentido al individuo (Chiclana, 2020).

Asimismo, el entorno familiar y el desarrollo temprano desempeñan un papel determinante. Factores como el establecimiento de un apego inseguro, haber sufrido traumas o abusos en la infancia y la exposición prematura a contenido pornográfico aumentan considerablemente la vulnerabilidad (Chiclana, 2020; Sober Nation, s.f.). A estos elementos se suman condicionantes externos y sociales, como una formación sexual deficiente, problemas en la gestión de las relaciones interpersonales y el consumo de sustancias tóxicas, que favorecen el desarrollo de la conducta problema (Chiclana, 2020).

Todos estos factores no determinan que una persona vaya a presentar una conducta sexual compulsiva, sino que aumentan la vulnerabilidad y, por tanto, la probabilidad de que ocurra.

Relación con otros problemas de salud mental

El trastorno de conducta sexual compulsiva se asocia frecuentemente con trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastornos del estado de ánimo – especialmente depresión y ansiedad -, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), el abuso de sustancias y las adicciones a las tecnologías. En la práctica clínica, la conducta sexual puede ser el síntoma visible de una enfermedad psiquiátrica primaria, como un episodio maníaco o una depresión profunda, que debe tratarse junto con la conducta compulsiva (Chiclana, 2020).

Evaluación: ¿cómo sé si tengo un problema?

Inventario de Conducta Hipersexual – versión española validada (Hypersexual Behaviour Inventory (HBI)) (Ballester-Arnal et al., 2019).

Problematic Pornography Consumption Scale versión breve (PPCS-6) (Villena-Moya et al., 2024)

Evaluación: ¿cómo sé si mi familiar tiene un problema?

Identificar si un familiar tiene un problema con la Conducta Sexual Compulsiva o con el uso problemático de pornografía puede ser difícil, ya que estos comportamientos suelen ocurrir en la intimidad y están rodeados de secreto, vergüenza y culpa (Chapman, 2025).

Es posible que tu familiar tenga un trastorno de conducta sexual compulsiva si cumple los criterios diagnósticos del CIE-11 o, si hay secretismo o engaño, si presenta cambios en el estado de ánimo, si existe un deterioro relacional o si emplea el sexo como forma de regulación emocional (Chapman, 2025; Chiclana, 2020; Gaudet et al., 2025).

Ante estas sospechas, pedir orientación en un recurso especializado en conductas sexuales o hablar con un profesional de salud mental puede ayudar a valorar la situación y decidir los siguientes pasos.

Tratamientos y apoyos disponibles

Si sientes que has perdido el control con el uso de la pornografía o el sexo – apps de citas, encuentros fortuitos, visualización compulsiva de contenido sexual, etc. – o te preocupa alguien de tu entorno, es fundamental entender que existen recursos y tratamientos específicos diseñados para esta situación (Chiclana, 2020; Sober Nation, s.f.). La conducta sexual compulsiva no es simplemente un problema de «vicio» o de falta de voluntad; es un trastorno complejo en el que buscar orientación profesional de manera temprana es el paso más decisivo para recuperar el equilibrio.

La psicoterapia constituye el eje principal de la intervención. Se emplean enfoques como la terapia cognitivo-conductual (TCC), que ayuda a identificar los pensamientos que alimentan el ciclo y a desarrollar habilidades para regular las emociones. En estas sesiones se trabaja sobre la desregulación afectiva, entendiendo que muchas veces el sexo se utiliza como una vía errónea para calmar el estrés, la soledad o el aburrimiento. También pueden integrarse técnicas de Mindfulness o de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) para aprender a manejar los impulsos sin dejarse arrastrar por ellos (Chiclana, 2020).

Un aspecto clave es el apoyo psicoeducativo y relacional. A menudo se requiere una reeducación afectivo-sexual para reconstruir una visión de la sexualidad que sea saludable y no cosifique. La terapia de pareja y de familia suele ser de gran ayuda para sanar los vínculos que hayan podido deteriorarse y para establecer nuevos patrones de confianza. Además, los grupos de apoyo ofrecen un entorno de validación esencial donde se comparte el proceso de mejora con personas que atraviesan dificultades similares (Chiclana, 2020). 

En el ámbito médico, el primer paso es descartar cualquier causa orgánica, como problemas neurológicos o endocrinos. En cuanto a los fármacos, no existe una medicación única aprobada exclusivamente para la conducta sexual compulsiva. Sin embargo, los especialistas pueden recetar medicación si existen problemas asociados como depresión, ansiedad o un trastorno obsesivo-compulsivo que esté agravando el cuadro (Chiclana, 2020). La decisión de incluir apoyo farmacológico siempre debe ser evaluada por un médico tras un análisis clínico exhaustivo.

El objetivo último no es solo reducir la conducta problemática, sino que la persona recupere el protagonismo de su vida y construya un proyecto vital con sentido, reparando poco a poco su bienestar emocional y espiritual.

Si estás en esta situación, o alguien cercano lo está, en España hay recursos específicos donde puedes pedir ayuda:

  • Recursos Públicos del Sistema Nacional de Salud: los Centros de Salud Mental (CSM), donde psiquiatras y psicólogos clínicos realizan el diagnóstico diferencial para descartar otras patologías, como depresión, ansiedad o TOC.
  • Asociaciones y grupos de ayuda mutua gratuitos: SA (Sexólicos Anónimos) siguen el modelo de los 12 pasos. Tiene grupos presenciales en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, además de reuniones online diarias. https://sexolicosanonimos.org/
  • Entidades Especializadas: Dale una Vuelta, una plataforma líder en España enfocada específicamente en la adicción a la pornografía. Ofrecen recursos educativos, testimonios y un directorio de profesionales especializados. https://www.daleunavuelta.org/

Si te reconoces en parte de lo que has leído o te preocupa la situación de alguien cercano, puedes empezar contactando con tu centro de salud, con una asociación especializada o una clínica. No hace falta que tengas todo “claro” para pedir ayuda: precisamente, parte del trabajo consistirá en aclarar qué está pasando y qué apoyo necesitas.

¿Qué puede hacer la familia y el entorno?

La familia puede ayudar observando y nombrando el problema sin ataques personales, mostrando preocupación por la salud, la seguridad económica y el bienestar emocional del entorno y proponiendo buscar ayuda profesional. También pueden involucrarse en la alfabetización y deben priorizar la creación de un clima de confianza y comunicación abierta para que la persona pueda platear sus dudas y no se sienta juzgada al exponer su situación actual (Chapman, 2025; Chiclana, 2020).

Buscar apoyo para la propia familia, ya sea mediante orientación profesional o grupos de familiares, puede aliviar la carga, cuidar el propio bienestar emocional y ofrecer estrategias concretas para manejar la situación.

Prevención específica

Las estrategias de prevención incluyen:

  • Educación afectivo sexual: una formación que comience desde la escuela primaria e integre las dimensiones físicas, afectivas y de valores. El objetivo es que los jóvenes aprendan sobre el respeto, el consentimiento y el placer compartido, construyendo una identidad saludable que sustituya los «guiones» distorsionados que a menudo reciben de los medios (Andamon et al., 2025; Vall-Castelló et al., 2025)
  • Alfabetización pornográfica (porn literacy): dado que internet actúa a menudo como un «manual de instrucciones» silencioso, resulta esencial dotar a los adolescentes de herramientas críticas para que entiendan que la pornografía es una construcción mediática editada y no un reflejo de la realidad. Esta capacidad de análisis ayuda a desmitificar el contenido y reduce la cosificación y la normalización de actitudes sexistas o violentas (Thomas & Buijzen, 2025; Villena & Chiclana, 2019)
  • Estrategias de regulación emocional: muchas veces, el uso problemático del sexo surge como un mecanismo de escape frente al estrés, la soledad o la ansiedad. Por ello, es esencial enseñar estrategias de regulación emocional y habilidades de afrontamiento saludables (Chiclana, 2020; Gaudet et al., 2025)
  • Ámbito familiar: un clima de confianza y comunicación abierta permite detectar señales de riesgo a tiempo, especialmente en una generación donde el primer contacto con la pornografía suele ocurrir antes de los 13 años. Además de la supervisión digital, el entorno debe fomentar el desarrollo de un «proyecto vital» que brinde a la persona un sentido de propósito (Vall-Castelló et al., 2025; Chiclana, 2020).

En conjunto, estas medidas contribuyen a reducir el riesgo de desarrollar este trastorno y a facilitar que las personas pidan ayuda en fases más tempranas.

Referencias bibliográficas

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Ballester-Arnal, R., Castro-Calvo, J., Gil-Julia, B., Giménez-García, C., & Gil-Llario, M. D. (2019). A Validation Study of the Spanish Version of the Hypersexual Behavior Inventory (HBI): Paper-and-Pencil Versus Online Administration. Journal of Sex & Marital Therapy, 45(4), 283-302. https://doi.org/10.1080/0092623X.2018.1518886

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Gaudet, É., Teumeni, F. N., Popova, N., Coulombe, S., Demetrovics, Z., & Bőthe, B. (2025). Compulsive sexual behavior and problematic pornography use on the impulsivitycompulsivity axis: A systematic review. Current Addiction Reports, 12, 41. https://doi.org/10.1007/s40429-025-00637-8

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Vall-Castelló, B., Grané-Morcillo, J., Lloberas-López-de-Sepúlveda, E., Aznar-Martínez, B., Lorente-De-Sanz, J., Baroncelli, L., & Pauncz, A. (2025). Pornography Consumption Among Young People: An Assessment of Parents’ and Teachers’ Training Needs. Sexuality Research and Social Policy. https://doi.org/10.1007/s13178-025-01080-0

Villena Moya, A., & Chiclana Actis, C. (2019). Consequence of pornography use: brief report. Psicosomática y Psiquiatría, 7.

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Tramadol

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Descripción breve

El tramadol es un analgésico opioide sintético que actúa sobre el sistema nervioso central y se utiliza para el tratamiento del dolor de intensidad moderada a intensa (AEMPS, 2023; Grond & Sablotzki, 2004). Actúa a través de un mecanismo dual y sinérgico al unirse a receptores opioides presentes en el Sistema Nervioso Central y además inhibir la recaptación de serotonina y noradrenalina – mecanismo que potencia su efecto analgésico, pero también explica parte de sus efectos secundarios de corte neurológico y emocional (AEMPS, 2020; AEMPS, 2023; Martínez et al., 2024; Ministerio de Sanidad, 2025).

En cuanto a su potencial adictivo, el tramadol se considera un opioide débil (Saenz, 2025; Tejada & Romero, 2022). Aunque su poder adictivo es menor en comparación con otros opioides de mayor potencia, su naturaleza como racemato le otorga un perfil farmacodinámico único que contribuye tanto a su eficacia como a su toxicidad específica (Grond & Sablotzki, 2004)

La adicción al tramadol se incluye dentro del trastorno por consumo de opioides y se caracteriza por un patrón problemático de uso que conlleva pérdida de control, dependencia física o psicológica y persistencia del consumo a pesar de consecuencias negativas, similar a lo que ocurre con otros opioides (APA, 2022; Manual MSD, 2025).

Datos en España

En España, el tramadol es uno de los analgésicos opioides más consumidos y recetados, especialmente en combinación con paracetamol (AEMPS, s.f.) y se receta de forma habitual para el tratamiento del dolor crónico no oncológico (Ministerio de Sanidad, 2024; Sempere, 2024).

Según el análisis de la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES, 2024) en torno al 6-7% de la población de 15 a 64 años ha utilizado medicamentos opioides en los últimos 12 meses y aproximadamente el 87% de ese consumo se asocia al tramadol (EDADES, 2024). Los datos muestran un aumento progresivo del uso de tramadol en los últimos años, con mayor prevalencia en mujeres y en personas de mediana y avanzada edad con dolor crónico, lo que ha llevado a reforzar las recomendaciones de uso prudente y seguimiento estrecho (DGPNSD, 2025; Sempere, 2024).

Señales de alarma

Algunas señales que pueden indicar que está empezando a haber un problema con el tramadol son: dificultad para ajustarse a la dosis prescrita, tomar más cantidad de la pautada o acortar los intervalos entre tomas “porque el dolor vuelve antes” (AEMPS, 2023; SERGAS, 2022). También puede ser una señal de alarma usar el medicamento no solo para el dolor físico, sino para manejar ansiedad, tristeza o estrés, invertir mucho tiempo en conseguir recetas o medicamentos, o seguir tomándolo a pesar de notar efectos negativos en el ánimo, el sueño, la memoria o las relaciones (Manual MSD, 2025; SERGAS, 2022). La aparición de síntomas de abstinencia (inquietud, insomnio, sudoración, malestar general e irritabilidad) cuando se intenta bajar la dosis o suspenderlo y el deterioro en el rendimiento académico, laboral o familiar son indicadores importantes de consumo problemático (Adictalia, 2024; APA, 2022).

Efectos a corto y largo plazo

A corto plazo el tramadol produce efectos como somnolencia, mareos, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, estreñimiento, sudoración y picor, además de cambios en el estado de ánimo, sensación de embotamiento o dificultades de concentración (AEMPS, 2023; MedlinePlus, 2024). También puede afectar al sistema cardiovascular y respiratorio, produciendo hipotensión, cambios en el ritmo cardíaco y, a dosis altas o combinado con otros depresores, depresión respiratoria (MedlinePlus, 2024).

Cuando el consumo se mantiene en el tiempo, pueden aparecer tolerancia (necesidad de más medicación para notar el mismo efecto), dependencia física y psicológica, aumento de la sensibilidad al dolor (hiperalgesia), estreñimiento crónico, alteraciones cognitivas y cambios emocionales (AEMPS, 2023; SERGAS, 2022). El uso prolongado sin revisiones periódicas puede interferir en el funcionamiento diario, aumentar el riesgo de caídas, empeorar otros problemas de salud y favorecer la aparición de un trastorno por consumo de opioides (ESTUDES, 2024; Sempere, 2024).

Factores de riesgo

El desarrollo de una adicción al tramadol no depende solo del fármaco, sino de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales, como ocurre con otras adicciones (Mayo Clinic, 2026; SERGAS, 2022).

Aumentan el riesgo los antecedentes personales o familiares de problemas con sustancias, la presencia de depresión, ansiedad u otros trastornos mentales, el dolor crónico intenso, tratamientos de larga duración o con dosis altas y el acceso fácil a la medicación sin un seguimiento cercano (Mayo Clinic, 2025; Sempere, 2024). También incrementa el riesgo mezclar tramadol con alcohol, benzodiacepinas u otros fármacos que deprimen el sistema nervioso central, ya que se potencia la sedación y la posibilidad de sobredosis (AEMPS, 2024; SERGAS, 2022).

Referencias bibliográficas

American Psychiatric Association. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed., texto revisado.). Editorial Médica Panamericana.

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. (2023). Tramadol retard Aurovitas 100 mg comprimidos de liberación prolongada. Ficha técnica (FT_71710). Centro de Información online de Medicamentos de la AEMPS (CIMA). https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/72427/FichaTecnica_72427.html

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. (2024). Boletín sobre seguridad de medicamentos de uso humano. Opioides analgésicos y riesgo de dependencia. https://www.aemps.gob.es

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. (s.f.). Ficha técnica de tramadol/paracetamol pensa 37. 5 mg/ 325 mg comprimidos efg. Centro de Información online de Medicamentos de la AEMPS. https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/76252/FichaTecnica_76252.html

Domínguez, A. M. (2024). XXI Ágora: Adicciones comportamentales [Presentación/PDF]. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Ministerio de Sanidad.https://pnsd.sanidad.gob.es/noticiasEventos/agoraDGPNSD/2024/Agora21/20241010__XXI_AGORA_AlbertoMDominguez.pdf?utm_source=chatgpt.com

Equipo Adictalia. (2024, 21 de marzo). Síndrome de abstinencia de los opiáceos. Adictalia. https://www.adictalia.es/noticias/sindrome-abstinencia-opiaceos/

Manual MSD. (2025). Trastorno por abuso de opioides y rehabilitación. MSD Manuals Professional Edition. https://www.msdmanuals.com/es/professional/temas-especiales/drogas-il%C3%ADcitas-y-t%C3%B3xicas/trastorno-por-abuso-de-opioides-y-rehabilitaci%C3%B3n

Mayo Clinic. (2025, 30 de septiembre). Cómo ocurre el trastorno por consumo de opioides. https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/prescription-drug-abuse/in-depth/how-opioid-addiction-occurs/art-20360372

MedlinePlus. (2024). Tramadol: medicinas. U.S. National Library of Medicine. https://medlineplus.gov/spanish/druginfo/meds/a695011-es.html

Ministerio de Sanidad – Profesionales de la Salud – Buscador situación financiación medicamentos. (s. f.). https://www.sanidad.gob.es/profesionales/medicamentos.do?cn=795419&metodo=verDetalle&utm_source=chatgpt.com

Ministerio de Sanidad. (2024). Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2024. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/2025_Informe_EDADES.pdf 

Ministerio de Sanidad. (2025). Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) 2025. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/ESTUDES_2025_Informe_nacional_df.pdf

Ministerio de Sanidad. (2024). Los analgésicos opioides en nuestro sistema de vigilancia de drogas y adicciones. Ministerio de Sanidad. https://pnsd.sanidad.gob.es/noticiasEventos/agoraDGPNSD/2024/Agora21/20241010__XXI_AGORA_AlbertoMDominguez.pdf

Ministerio de Sanidad. (2025). Uso de opioides para el dolor crónico no oncológico. Documento de apoyo, algoritmos y anexos. Ministerio de Sanidad. https://www.sanidad.gob.es/areas/farmacia/publicaciones/planOptimizacion/docs/opioides/Documento_Apoyo_Algoritmos_y_Anexos.pdf

NIDA. (2026). Medicamentos para el trastorno por consumo de opioides. National Institutes of Health. https://nida.nih.gov/es/areas-de-investigacion/medicamentos-para-el-trastorno-por-consumo-de-opioides

Sempere, M. (2024, 27 de febrero). Los opioides no han demostrado un perfil beneficio‑riesgo favorable en el dolor crónico no oncológico. Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).

Servicio Galego de Saúde. (2022). Uso problemático de los analgésicos opioides de prescripción en atención primaria. SERGAS.

Fentanilo

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Descripción breve

El fentanilo es un opioide sintético del grupo de los analgésicos narcóticos. A diferencia de otros opioides, se sintetiza en laboratorio y actúa hasta 50 / 100 veces más que la morfina (González et al., 2024).

Actúa uniéndose a los receptores opioides del Sistema Nervioso Central, modificando la percepción del dolor y produciendo una intensa analgesia y sedación (González et al., 2024). Se indica para el tratamiento de dolores irruptivos, que perseveran pese a recibir un tratamiento farmacológico potente, dolor intenso agudo, dolor crónico y como anestesia sobre todo en pacientes oncológicos (MedlinePlus, s.f.).

El fentanilo posee un elevado potencial adictivo. Este activa el sistema de recompensa cerebral, favoreciendo el desarrollo de la necesidad de consumo y la adicción. La interacción entre factores biopsicosociales puede llevar a la persona a establecer una relación de dependencia física y psicológica con dicha sustancia. Un uso no supervisado de la sustancia puede generar tolerancia al medicamento, craving, síndrome de abstinencia cuando no se consume, dependencia y en casos graves, sobredosis y daños irreversibles (González et al., 2024).

De acuerdo con los datos arrojados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, 2021), en el año 2017 se registraron en Estados Unidos más de 47.460 muertes por sobredosis de drogas, principalmente asociadas a opioides sintéticos. Esta cifra se mantuvo relativamente estable hasta 2019. Sin embargo, en 2020 se produjo un aumento notable, alcanzando las 68.630 muertes, seguido de un nuevo incremento en 2021, cuando se notificaron 80.411 fallecimientos por sobredosis.

Datos en España

En España el fentanilo es un medicamento sujeto a prescripción médica estricta. Su uso se limita a indicaciones específicas como el dolor agudo o el dolor crónico intenso, sobre todo en casos oncológicos (González et al., 2024).

El Ministerio de Sanidad contempla su financiación en casos clínicos concretos, especialmente en dolor oncológico(Ministerio de Sanidad, s.f.).

El consumo de fentanilo en España se mantiene relativamente bajo en comparación con otros países (EDADES, 2024; Alcántara et al., 2024). En comparación con el año 2022 el consumo actual ha descendido en población de 15 a 64 años (EDADES, 2024). Sin embargo, sigue existiendo una creciente vigilancia sobre el fentanilo debido a su elevada peligrosidad.

Organismos internacionales y nacionales han alertado sobre la aparición de fentanilo en el mercado ilegal. Esta distribución fraudulenta exacerba el riesgo de sobredosis (Mountenery et al., 2015).

Efectos a corto y a largo plazo

Además de los efectos terapéuticos esperados, analgesia intensa y sedación, pueden registrarse otros. Según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS, s.f.) la afectación a corto plazo es multidimensional. En el marco psiquiátrico, el consumo de dicha sustancia puede desencadenar estados de agitación (frecuente), delirios (frecuencia desconocida) y estado de ánimo eufórico (poco frecuente). Sensorialmente pueden producirse perturbaciones visuales (frecuente) y sequedad bucal (González et al., 2024). Como trastornos cutáneos pueden aparecer llagas y abscesos. Como afectación nerviosa destacan mareos, cefaleas, convulsiones y rigidez muscular (siendo esta última muy frecuente). Destacan signos cardiorrespiratorios como la bradicardia, taquicardia, arritmias, paro cardiaco, depresión respiratoria, apneas, broncoespasmos, hiperventilación e hipoventilación son posibles. Además pueden darse náuseas, vómitos y acidez estomacal como principal sintomatología gastrointestinal (AEMPS, s.f.). En casos de extrema toxicidad, puede desencadenarse una sobredosis. La peligrosidad del fentanilo radica en su potencia. Las pequeñas dosis ya pueden generar sobredosis e intoxicación (National Institute on Drug Abuse, 2025).

El consumo prolongado de fentanilo genera efectos y daños a largo plazo que repercuten en la funcionalidad y bienestar percibido de la persona. La tolerancia (necesidad de incrementar las dosis al haber acostumbrado al cuerpo a dosis indicadas o previas), dependencia física y psicológica a la sustancia, abstinencia a la hora de no consumir, hiperalgesia, estreñimiento crónico, alteraciones cardiovasculares, alteraciones hepáticas, alteraciones renales, pérdida de peso, pérdida de la erección y afectaciones emocionales y cognitivas (ansiedad, depresión, trastornos de memoria) son algunos de los síntomas que emergen ante un consumo prolongado de fentanilo (González et al., 2024; MedlinePlus, s.f.; National Health Service, 2023).

La retirada brusca no está recomendada, ya que puede provocar síntomas de abstinencia intensos. Por ello su retirada debe realizarse bajo control y supervisión médica.

Factores de riesgo

Cabe destacar que el desarrollo de esta adicción resulta de la interacción entre factores biológicos, psicológicos, sociales y contextuales, descritos previamente en la sección de opioides.

Referencias bibliográficas

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). (s.f.). Ficha técnica: Fentanilo Ethypharm 50 microgramos/ml solución inyectable. Centro de Información de Medicamentos (CIMA). https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/84102/FT_84102.html

American Psychiatric Association. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed., texto revisado.). Editorial Médica Panamericana.

Alcántara Montero, A., Pacheco De Vasconcelos, S. R., & Castro Arias, A. (2024). Situación actual del fentanilo en España. Medicina de Familia. SEMERGEN, 50(6), 102255. https://doi.org/10.1016/j.semerg.2024.102255

Centers for Disease Control and Prevention. (2021). Datos sobre el fentanilo. https://www.cdc.gov/stop-overdose/es/caring/datos-sobre-el-fentanilo.html

Gonzalez Lozano, R. U., Morales Zárate, J. I., & Rebollar López, E. J. (2024). Revisión documental de fentanilo. Revista Mexicana de Ciencias Penales, 7(22), 29-48. https://doi.org/10.57042/rmcp.v7i22.657

MedlinePlus medicinas. (s. f.). Fentanilo. Recuperado 26 de marzo de 2026, de https://medlineplus.gov/spanish/druginfo/meds/a605043-es.html

Ministerio de Sanidad – Profesionales de la Salud – Buscador situación financiación medicamentos. (s. f.). https://www.sanidad.gob.es/profesionales/medicamentos.do?cn=795419&metodo=verDetalle&utm_source=chatgpt.com

Ministerio de Sanidad. (2024). Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2024. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/2025_Informe_EDADES.pdf 

Ministerio de Sanidad. (2025). Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) 2025. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/ESTUDES_2025_Informe_nacional_df.pdf

Mounteney, J., Giraudon, I., Denissov, G., & Griffiths, P. (2015). Fentanyls: Are we missing the signs? Highly potent and on the rise in Europe. International Journal of Drug Policy, 26(7), 626-631. https://doi.org/10.1016/j.drugpo.2015.04.003

National Health Service (NHS). (2023). Side effects of fentanyl. https://www.nhs.uk/medicines/fentanyl/side-effects-of-fentanyl/

NIDA. 2025, June 6. Fentanyl . Retrieved from https://nida.nih.gov/research-topics/fentanyl on 2026, May 8.

Oxicodona

Home » Recursos para las adicciones » Oxicodona

Descripción breve

La oxicodona es un producto semisintético derivado de la tebaína que actúa uniéndose a receptores cerebrales y genera efectos narcóticos, analgésicos, sedantes y ansiolíticos. Se utiliza para tratar el dolor crónico – especialmente el dolor neuropático -, el dolor oncológico o la neuralgia postherpética. La evidencia científica respalda la indicación de oxicodona en casos de síndrome de Tourette (combinada con clonidina) y síndrome de las piernas inquietas (MedlinePlus, s.f.).

La oxicodona genera efectos similares a los de la morfina. Por ello se receta como primera opción en casos en los que el paciente presenta escasa tolerancia a la morfina (MedlinePlus, s.f.).

Sin embargo, la oxicodona posee un potencial adictivo intrínseco. La interacción entre factores biológicos, físicos, sociales y contextuales puede generar dependencia y adicción (Sanz, 2005). La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios indica que la administración repetida de la oxicodona produce tolerancia, dependencia tanto física como psicológica, síndrome de abstinencia cuando no se consume y en casos graves, sobredosis. Su abuso descontrolado y repetido puede generar un trastorno por consumo de opioides (AEMPS, 2021; APA, 2022).

Datos en España

En España, la oxicodona es un medicamento sujeto a prescripción médica (Real Decreto 1675/2012 del 14 de diciembre, BOE). Sin embargo, su prescripción y la mortalidad asociada al consumo, tanto legal como ilegal, han aumentado de manera significativa en los últimos años (Salazar et al., 2023).

El Ministerio de Sanidad Español financia medicamentos que incluyen oxicodona en casos concretos (Ministerio de Sanidad, s.f.).

Aunque la codeína y el tramadol siguen siendo los opioides más consumidos en España debido a su uso para el dolor moderado, la oxicodona es el fármaco de referencia dentro de los «opioides mayores» (EDADES, 2024).

Factores de riesgo

El desarrollo de esta adicción resulta de la interacción entre factores biológicos, psicológicos, sociales y contextuales, descritos en las referencias de los opioides.

Referencias bibliográficas

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. (2021). Boletín mensual de la AEMPS sobre medicamentos de uso humano del mes de diciembre de 2021. https://www.aemps.gob.es/informa/boletines-aemps/boletin-fv/2021-boletin-fv/boletin-mensual-de-seguridad-de-la-aemps-sobre-medicamentos-de-uso-humano-del-mes-de-diciembre-de-2021/ 

American Psychiatric Association. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed., texto revisado.). Editorial Médica Panamericana.

MedlinePlus medicinas. (s. f.). Oxicodona. Recuperado 26 de mayo de 2026, de https://medlineplus.gov/spanish/druginfo/meds/a682132-es.html

Ministerio de Sanidad – Profesionales de la Salud – Buscador situación financiación medicamentos. (s. f.). https://www.sanidad.gob.es/profesionales/medicamentos.do?cn=795419&metodo=verDetalle&utm_source=chatgpt.com

Ministerio de Sanidad. (2024). Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2024. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/2025_Informe_EDADES.pdf 

Ministerio de Sanidad. (2025). Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) 2025. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/ESTUDES_2025_Informe_nacional_df.pdf

Real Decreto 1675/2012, de 14 de diciembre, por el que se regulan las recetas oficiales y los requisitos especiales de prescripción y dispensación de estupefacientes para uso humano y veterinario, Legislation No. Real Decreto 1675/2012, BOE-A-2012-15711 89272 (2012). https://www.boe.es/eli/es/rd/2012/12/14/1675

Sanz, J. (2005). Oxicodona. Revista de la Sociedad Española del Dolor, 12(8), 525-531. https://scielo.isciii.es/pdf/dolor/v12n8/revision2.pdf

Salazar, A., Moreno-Pulido, S., Prego-Meleiro, P., Henares-Montiel, J., Pulido, J., Donat, M., Sotres-Fernandez, G., & Sordo, L. (2023). Correlation between opioid drug prescription and opioid-related mortality in Spain as a surveillance tool: Ecological study. JMIR Public Health and Surveillance, 9, e43776. https://doi.org/10.2196/43776

Codeina

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Descripción breve

La codeína es un narcótico con potencia analgésica moderada y acción antitusígena, extraído de la Papaver Somniferum (adormidera). Actúa uniéndose a receptores opioides cerebrales y medulares, lo que modifica la percepción y la experiencia subjetiva del dolor, reduciendo significativamente su intensidad al imitar los efectos de las endorfinas (moléculas que intervienen en la transmisión del dolor) (Clínica Universidad de Navarra, s.f.). Su uso abarca el tratamiento de dolores leves – moderados como los derivados de lesiones, situaciones postquirúrgicas o condiciones de dolor crónico -, la supresión de la tos irritativa, el control de diarreas refractarias y casos de síndrome de piernas inquietas resistentes a terapias convencionales.

Sin embargo, la codeína posee un potencial adictivo intrínseco. La interacción de factores biopsicosociales puede generar dependencia con la sustancia, activando directamente el sistema de recompensa cerebral, lo que refuerza el consumo repetido y, en casos descontrolados, desencadena un trastorno por consumo de opioides (APA, 2022).   

Datos en España

En España, la codeína es un medicamento sujeto a prescripción médica, aunque se han detectado casos de un uso recreativo ilegal (Madurga, 2024). Se receta en dosis adaptadas a la edad y la indicación terapéutica, leve a moderado, control de la tos u otras.

El Ministerio de Sanidad financia parcialmente medicamentos con codeína a través del Sistema Nacional de Salud en casos específicos (Ministerio de Sanidad, s.f.).

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS, 2015) establece recomendaciones para limitar su uso en población pediátrica con tos, debido a su potencial adictivo. Su uso está contraindicado  en menores de 12 años y desaconsejado en adolescentes de 12 a 18 años (Medicover Hospitals, s.f.).

Según la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España, la codeína y el tramadol son los analgésicos opioides más consumidos nacionalmente. Del 15.2% de la población española de entre 15 a 64 años que reconoce haber consumido opioides con o sin receta, el 56% corresponde a codeína, con mayor prevalencia en mujeres que en hombres (EDADES, 2024).

Efectos a corto y a largo plazo

Los efectos inmediatos del abuso de codeína resultan de la alteración del equilibrio del Sistema Nervioso Central (AEMPS, s.f.). A corto plazo se observan consecuencias psiquiátricas (cambios en el estado de ánimo), nerviosas (somnolencia, cefaleas, reducción de la percepción del dolor), cardiacas (palpitaciones, taquicardia o bradicardia), vasculares (hipotensión), respiratorias (depresión respiratoria), gastrointestinales (náuseas, vómitos, sequedad bucal, estreñimiento o pancreatitis), cutáneas (prurito), auditivas (vértigo) y renales/urinarias (retenciones urinarias). En caso de sobredosis, especialmente con escasa tolerancia previa, los efectos pueden ser irreversibles (AEMPS, s.f.; National Health Service, s.f.).

A largo plazo el consumo prolongado genera tolerancia, adicción e hiperalgesia (aumento paradójico de la sensibilidad al dolor), interfiriendo gravemente en la funcionalidad diaria (NHS, s.f.). Se suman estreñimiento crónico severo, alteraciones cognitivas y emocionales, así como disminución de la libido y disfunción eréctil (Patel et al., 2026; MedlinePlus, s.f.).

No se recomienda la interrupción abrupta del consumo. La suspensión repentina provoca síndrome de abstinencia con efectos adversos, por lo que debe realizarse siguiendo la pauta de un profesional (Medicover Hospitals, s.f.).

Factores de riesgo

Esta adicción resulta de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales previamente descritos en las referencias de los opioides.

Referencias bibliográficas

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. (2015, 13 de marzo). Codeína: nuevas restricciones de uso como antitusígeno en pediatría (MUH [FV], 3/2015). https://www.aemps.gob.es/informa/notasInformativas/medicamentosUsoHumano/seguridad/2015/docs/NI-MUH_FV_03-codeina.pdf

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). (s.f.). Ficha técnica: Codeisan 28,7 mg comprimidos. Centro de Información de Medicamentos (CIMA). https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/1778/FT_1778.html

American Psychiatric Association. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed., texto revisado.). Editorial Médica Panamericana.

Clínica Universidad de Navarra. (s. f.). Codeína. https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/medicamentos/codeina

Madurga Sanz, M. (2024). Codeína (solución oral): Reino Unido lo reclasifica como medicamento con receta médica, debido al uso fraudulento recreativo, también detectado en España. Panorama Actual del Medicamento. https://www.farmaceuticos.com/pam/actualidad/codeina-solucion-oralreino-unido-lo-reclasifica-como-medicamento-con-receta-medica-debido-al-uso-fraudulento-recreativo-tambien-detectado-en-espana/

Medicover Hospitals. (s. f.). Codeine. https://www.medicoverhospitals.in/es/medicine/codeine

Ministerio de Sanidad – Profesionales de la Salud – Buscador situación financiación medicamentos. (s. f.). https://www.sanidad.gob.es/profesionales/medicamentos.do?cn=795419&metodo=verDetalle&utm_source=chatgpt.com

Ministerio de Sanidad. (2024). Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2024. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/2025_Informe_EDADES.pdf 

Ministerio de Sanidad. (2025). Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) 2025. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/ESTUDES_2025_Informe_nacional_df.pdf

National Health Service (NHS). (s. f.). Side effects of codeine. https://www.nhs.uk/medicines/codeine/side-effects-of-codeine/

Patel, P., Tharp, J. G., Eriator, I. I., & Rout, P. (2026). Codeine. En StatPearls. StatPearls Publishing. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK526029/

Benzodiacepinas

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Descripción breve

Las benzodiacepinas son un grupo de medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso central y se utilizan con mucha frecuencia en la práctica médica. Tienen efectos ansiolíticos (reducen la ansiedad), hipnóticos (ayudan a dormir), sedantes, anticonvulsivantes y relajantes musculares, por lo que se emplean en problemas como la ansiedad, el insomnio o las crisis epilépticas, así como en algunos procedimientos médicos o psiquiátricos.

Su mecanismo de acción se basa en potenciar la actividad del ácido gamma-aminobutírico (GABA), que es el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro. Esto hace que disminuya la actividad neuronal y explica sus efectos calmantes y sedantes (Edinoff et al., 2021; Navarrete et al., 2026).

Entre las más conocidas y prescritas están el diazepam, alprazolam, lorazepam, bromazepam o clonazepam, lo que refleja su uso extendido en distintos países (Roncero et al., 2025).

A pesar de su utilidad, no están exentas de riesgos. Cuando se usan durante usos prolongados o en dosis superiores a las recomendadas, pueden aparecer fenómenos como la tolerancia (necesidad de aumentar la dosis), la dependencia y el síndrome de abstinencia. Por este motivo, las guías clínicas recomiendan que su uso sea limitado en el tiempo y siempre bajo supervisión médica (WHO, 2016; NIDA, 2023; Vázquez Canales & Frutos Fernández, 2023).

Desde el punto de vista farmacocinético, las benzodiacepinas también se pueden clasificar según su vida media de eliminación, es decir, el tiempo que tarda el organismo en eliminar la mitad del fármaco. En función de esto, se distinguen benzodiacepinas de acción corta, intermedia y larga, lo que influye directamente en cuánto duran sus efectos. Esta clasificación no es solo teórica, sino que tiene implicaciones clínicas importantes: las de vida media corta se han asociado a un mayor riesgo de síntomas de abstinencia y dependencia, mientras que las de vida media larga pueden acumularse en el organismo, especialmente en personas mayores (Edinoff et al., 2021; Basińska-Szafrańska, 2022).

Datos de la situación en España

El consumo de benzodiacepinas en España es un tema relevante desde el punto de vista de la salud pública. Los datos del informe EDADES del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA, 2025) y del Observatorio Europeo (EUDA, 2024) sitúan a España entre los países con mayor consumo de este tipo de fármacos en Europa.

Dentro de este grupo, los hipnosedantes (que incluyen las benzodiacepinas) se encuentran entre las sustancias más consumidas en la población adulta, tanto con receta médica como sin ella. Este uso no siempre se ajusta a las recomendaciones clínicas, ya que en muchos casos se prolonga más tiempo del indicado o se utiliza sin supervisión, lo que aumenta el riesgo de dependencia y otros efectos adversos (OEDA, 2025; Roncero et al., 2025).

El consumo es especialmente elevado en mujeres y en personas adultas y mayores, un patrón que se repite de forma consistente en los estudios epidemiológicos. En los últimos años, además, se ha observado un aumento en el uso de medicamentos relacionados con la ansiedad y el insomnio. Este incremento se ha relacionado con el aumento de problemas de salud mental y con factores sociales recientes, como el impacto de la pandemia de COVID-19 (Roncero et al., 2025; EUDA, 2024).

En población joven también se ha detectado un fenómeno preocupante: el uso no médico de benzodiacepinas y de los llamados “Z-drugs”. En España, alrededor del 6,2 % de adolescentes y adultos jóvenes han consumido estos fármacos, y aproximadamente un 1,4 % lo ha hecho sin prescripción médica, siendo más frecuente en mujeres jóvenes (Carrasco-Garrido et al., 2021).

En adolescentes, los datos muestran cifras similares entre población autóctona e inmigrante (2,8 % y 3,3 %, respectivamente), con un aumento progresivo del consumo entre 2006 y 2016 (Carrasco-Garrido et al., 2021).

Dentro de Europa, España también destaca por una mayor prevalencia de uso no médico, con cifras cercanas al 6,5 % a lo largo de la vida, superiores a las de otros países como Alemania, Francia o Reino Unido (Hockenhull et al., 2021). Este elevado consumo no depende solo de factores individuales. También influyen aspectos del sistema sanitario, como la alta presión asistencial, el poco tiempo disponible en consulta o la falta de alternativas no farmacológicas, lo que favorece una prescripción frecuente y, en ocasiones, mantenida más tiempo del recomendado (Roncero et al., 2025; Vázquez Canales & Frutos Fernández, 2023).

Señales de alarma

Aunque las benzodiacepinas son seguras cuando se utilizan correctamente, su uso puede volverse problemático si aparecen determinadas señales de alerta. Entre las más frecuentes se encuentran la necesidad de aumentar la dosis para conseguir el mismo efecto (tolerancia), el uso continuado durante largos periodos de tiempo o la dificultad para reducir o suspender el tratamiento. También pueden aparecer síntomas como somnolencia excesiva, problemas de memoria, dificultades de concentración o deterioro cognitivo (Edinoff et al., 2021; Hertz & Barczak, 2025). Otras señales importantes incluyen el consumo sin prescripción médica o el uso del fármaco como forma habitual de afrontar el malestar emocional o el estrés cotidiano. Este tipo de uso puede indicar una pérdida de control o la persistencia del consumo a pesar de sus consecuencias negativas (Navarrete et al., 2026). Cuando varias de estas señales están presentes, es recomendable realizar una evaluación clínica para descartar un posible trastorno por uso de sedantes, hipnóticos o ansiolíticos, según los criterios diagnósticos actuales (American Psychiatric Association, 2022).

En este contexto, es útil diferenciar entre uso problemático y dependencia. El uso problemático se refiere a un patrón de consumo que ya está generando riesgos o consecuencias negativas, aunque todavía no cumpla criterios diagnósticos. La dependencia, en cambio, implica un cuadro más definido, en el que aparecen fenómenos como tolerancia, síndrome de abstinencia y pérdida de control sobre el consumo (American Psychiatric Association, 2022).

Criterios de adicción

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR) incluye las benzodiacepinas dentro del trastorno por consumo de sedantes, hipnóticos o ansiolíticos.

El diagnóstico se establece cuando existe un patrón de consumo problemático que provoca malestar o deterioro significativo en la vida de la persona, y se cumplen al menos dos criterios durante un periodo de 12 meses (American Psychiatric Association, 2022).

Entre estos criterios se encuentran situaciones como consumir más cantidad de la prevista, tener dificultades para controlar o reducir el consumo, dedicar mucho tiempo a conseguir o usar la sustancia, o experimentar un deseo intenso de consumir (craving). También se incluyen el incumplimiento de responsabilidades, los problemas sociales derivados del consumo, el abandono de actividades importantes o el uso en situaciones de riesgo.

Además, forman parte del diagnóstico la tolerancia (necesidad de aumentar la dosis) y el síndrome de abstinencia, que aparece al reducir o suspender el consumo (American Psychiatric Association, 2022).

En función del número de criterios presentes, el trastorno puede clasificarse como leve (2–3 criterios), moderado (4–5) o grave (6 o más), lo que permite orientar mejor la intervención y el seguimiento clínico. (American Psychiatric Association, 2022).

Efectos a corto y largo plazo

Efectos a corto plazo

Las benzodiacepinas actúan reduciendo la actividad del sistema nervioso central al potenciar el efecto del GABA, un neurotransmisor que ayuda a “frenar” la actividad cerebral. Esto explica sus efectos calmantes, ansiolíticos y facilitadores del sueño (Edinoff et al., 2021; Roncero et al., 2025).

A corto plazo, los efectos más frecuentes incluyen somnolencia, mareos, dificultades de memoria y concentración, así como lentitud en los movimientos y problemas de coordinación. Todo ello puede afectar a actividades cotidianas como conducir o manejar maquinaria, aumentando el riesgo de accidentes (Edinoff et al., 2021).

En algunos casos también pueden producir desinhibición o cambios en el comportamiento, lo que puede favorecer un menor control sobre el consumo, especialmente cuando se combinan con otras sustancias (Family et al., 2025).

El riesgo aumenta de forma importante cuando se consumen junto con alcohol, opioides u otros depresores del sistema nervioso central, ya que puede producirse depresión respiratoria e incluso sobredosis (NIDA, 2023; Family et al., 2025).

En situaciones de intoxicación, los efectos pueden ir desde somnolencia leve hasta cuadros más graves con deterioro del nivel de conciencia o coma (Navarrete et al., 2026).

Efectos a largo plazo

Cuando el uso se prolonga en el tiempo, pueden aparecer efectos más complejos. Entre los más importantes están la tolerancia (necesidad de aumentar la dosis para notar el mismo efecto) y la dependencia, que se manifiesta cuando aparecen síntomas al intentar reducir o dejar el fármaco, y síndrome de abstinencia, que puede incluir ansiedad, insomnio, irritabilidad o temblores y, en casos graves, convulsiones o delirium, lo que dificulta abandonar el consumo. (Navarrete et al., 2026).

Además, el uso prolongado se ha relacionado con deterioro cognitivo, afectando a la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento de la información, efectos que en algunos casos pueden persistir tras dejar el tratamiento (Roncero et al., 2025; Hertz & Barczak, 2025; Edinoff et al., 2021).

También aumenta el riesgo de caídas, fracturas y accidentes, especialmente en personas mayores, debido a la sedación y a la alteración del equilibrio y la coordinación motora (Hertz & Barczak, 2025; Cordovilla-Guardia et al., 2020).

Otros efectos incluyen alteraciones del sueño, empeoramiento del funcionamiento diario y disminución de la calidad de vida —debido al impacto en la autonomía, el rendimiento diario y el bienestar emocional— y aumento del riesgo de accidentes de tráfico (WHO, 2016; Vázquez Canales & Frutos Fernández, 2023; Roncero et al., 2025).

Por otro lado, combinar benzodiacepinas con opioides u otras sustancias que también “ralentizan” el sistema nervioso puede ser especialmente peligroso, ya que aumenta mucho el riesgo de problemas respiratorios graves y sobredosis (Family et al., 2025).

Tabla 1

Efectos del consumo de benzodiacepinas a corto y largo plazo

Tipo de efecto

Corto plazo

Largo plazo

Cognitivos

Somnolencia, disminución de la atención y concentración

Deterioro cognitivo, problemas de memoria

Psicomotores

Lentitud motora, riesgo de caídas

Alteración persistente de la coordinación

Emocionales

Sensación de relajación, reducción de ansiedad

Dependencia emocional, apatía

Fisiológicos

Sedación, fatiga

Tolerancia y síndrome de abstinencia

Conductuales

Disminución de la reactividad

Uso continuado y dificultad para dejar el consumo

Factores de riesgo

El desarrollo de un uso problemático o de dependencia de benzodiacepinas no suele depender de una sola causa, sino de la combinación de distintos factores que interactúan entre sí, haciendo más probable un uso problemático.

Por un lado, influyen aspectos relacionados con el propio fármaco, como utilizarlo durante más tiempo del recomendado, tomar dosis elevadas o emplear benzodiacepinas de vida media corta, que se asocian a un mayor riesgo de dependencia y síntomas de abstinencia (Edinoff et al., 2021; Navarrete et al., 2026).

En el ámbito clínico, la presencia de problemas de salud mental como ansiedad, depresión o insomnio aumenta la probabilidad de mantener el consumo en el tiempo. Además, haber tenido dificultades previas con otras sustancias es un factor especialmente relevante. En este sentido, el policonsumo —por ejemplo, con alcohol u opioides— es uno de los factores de riesgo más consistentes (Hockenhull et al., 2021; Family et al., 2025; Zamboni et al., 2022).

En cuanto a la edad, también hay grupos más vulnerables. Las personas mayores presentan un mayor riesgo debido a cambios en el metabolismo, la toma de varios fármacos a la vez y una mayor sensibilidad a los efectos adversos (EUDA, 2024; Hertz & Barczak, 2025). En población joven, influyen factores como la baja percepción de riesgo, la facilidad de acceso a estos medicamentos o el consumo de otras sustancias (Carrasco-Garrido et al., 2021).

Desde el punto de vista biológico, su potencial adictivo se relaciona con la activación de los circuitos de recompensa del cerebro, lo que favorece que el consumo se repita y se mantenga en el tiempo (Navarrete et al., 2026).

Además, en los últimos años han aparecido benzodiacepinas de diseño en el mercado ilegal, asociadas a efectos impredecibles y a un mayor riesgo de intoxicaciones graves (Brunetti et al., 2021).

Relación con otros problemas de salud mental

Las benzodiacepinas suelen recetarse para problemas como la ansiedad o el insomnio, por lo que muchas personas empiezan a utilizarlas en momentos de especial malestar emocional. A corto plazo pueden producir alivio, sensación de calma o facilitar el sueño, pero cuando el consumo se mantiene durante mucho tiempo pueden dificultar que la persona desarrolle otras formas de manejar lo que le ocurre, favoreciendo una dependencia psicológica del fármaco (WHO, 2016).

Además, el uso prolongado se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar depresión, dificultades de memoria y concentración o empeoramiento de algunos trastornos de ansiedad, lo que puede afectar negativamente a la evolución general de la salud mental de la persona (Roncero et al., 2025; Hertz & Barczak, 2025).

En muchos casos, el consumo fuera de la prescripción médica aparece como una forma de intentar aliviar emociones difíciles como ansiedad, tristeza, estrés o sensación de desbordamiento. En situaciones de policonsumo, también pueden utilizarse para contrarrestar los efectos de otras sustancias o aliviar síntomas de abstinencia, algo que refleja la estrecha relación entre salud mental y consumo de drogas (Hockenhull et al., 2021; Family et al., 2025).

En pacientes con trastornos mentales, el uso de benzodiacepinas es frecuente y, en muchos casos, prolongado, lo que se asocia a un mayor riesgo de dependencia, peor evolución clínica y aumento de la mortalidad (Roncero et al., 2025).

Desde el punto de vista neurobiológico, las benzodiacepinas influyen en varios sistemas cerebrales implicados en la regulación emocional y sistemas cerebrales relacionados con el alivio y la sensación de bienestar, como el sistema GABAérgico y el dopaminérgico. Esto contribuye a explicar su potencial adictivo y su impacto sobre la salud mental (Navarrete et al., 2026).

Evaluación: cuándo y a quién consultar

Es recomendable consultar con un profesional sanitario cuando el uso de benzodiacepinas se mantiene más tiempo del indicado, cuesta reducir la dosis o dejar la medicación, aparecen efectos secundarios importantes o el consumo empieza a afectar al día a día, las relaciones personales, el trabajo o los estudios.

En España, la primera valoración suele hacerse en atención primaria, desde donde la persona puede ser derivada a salud mental o a recursos especializados en adicciones si la situación lo requiere (OEDA, 2025).

Detectar estas dificultades a tiempo es importante, ya que cuanto más se prolonga el consumo, más difícil suele resultar reducirlo o suspenderlo. Por este motivo, cuando el tratamiento se mantiene durante meses, se recomienda realizar revisiones periódicas para valorar si la medicación sigue siendo necesaria y detectar posibles señales de dependencia o uso inadecuado (Vázquez Canales & Frutos Fernández, 2023).

Durante la evaluación también es importante diferenciar situaciones que pueden parecer similares pero que no significan lo mismo. Por ejemplo, algunas personas vuelven a experimentar los síntomas originales por los que empezaron a tomar la medicación, mientras que otras pueden presentar un “efecto rebote”, es decir, una reaparición temporal e intensa de síntomas como ansiedad o insomnio al reducir la dosis. En otros casos, lo que aparece es un síndrome de abstinencia, relacionado con la adaptación del cuerpo al fármaco. Diferenciar estas situaciones es importante porque cada una requiere un manejo diferente (Navarrete et al., 2026).

Para apoyar esta valoración existen distintos cuestionarios que ayudan a detectar de forma orientativa posibles problemas de dependencia. Entre los más conocidos se encuentran el Bendep-SRQ, el BDEPQ y la SDS.

El Bendep-SRQ es el cuestionario más específico para benzodiacepinas, ya que evalúa aspectos como la preocupación por el consumo, la dificultad para controlar la medicación, el uso problemático o los síntomas de abstinencia. El BDEPQ también presenta buenos indicadores de fiabilidad y validez. Sin embargo, ambos tienen una limitación importante: no son cuestionarios de acceso libre. Por este motivo, la SDS (Severity of Dependence Scale) puede resultar especialmente útil tanto en contextos clínicos como académicos. Es un cuestionario breve, formado por cinco preguntas, fácil de aplicar y de libre acceso, que permite valorar el grado de dependencia psicológica. Aunque no fue diseñado específicamente para benzodiacepinas, diferentes estudios han mostrado buenos resultados en la evaluación de este tipo de consumo.

En este contexto, la SDS se plantea como instrumento principal de evaluación (ver Anexo 1).

Evaluación: entorno familiar

La familia tiene un papel importante en notar cuando el consumo de benzodiacepinas empieza a convertirse en un problema, ya que convive de cerca con la persona y puede observar cambios en su comportamiento y en su día a día.

Algunas señales de alerta frecuentes son tomar este tipo de medicamentos durante mucho tiempo seguido, necesitar cada vez más cantidad para notar los mismos efectos o tener dificultades para dejar de tomarlos. También es común que la persona muestre una preocupación constante por no quedarse sin la medicación. Además, pueden aparecer cambios emocionales o de conducta, problemas de memoria y concentración, cansancio excesivo o somnolencia durante el día.

Además, otros indicadores relevantes son el consumo mantenido a pesar de consecuencias negativas (como caídas o deterioro cognitivo), el deseo intenso de consumo o la combinación con otros depresores del sistema nervioso central (Hertz & Barczak, 2025).

Cuando varias de estas señales están presentes, es recomendable solicitar una evaluación profesional para valorar la posible existencia de un trastorno por uso de sedantes, hipnóticos o ansiolíticos, según los criterios diagnósticos establecidos (American Psychiatric Association, 2022).

Es importante tener en cuenta que este problema puede pasar desapercibido, especialmente en personas mayores, ya que algunos síntomas pueden confundirse con procesos propios del envejecimiento (Hertz & Barczak, 2025).

Tratamientos y apoyos disponibles

El tratamiento de la dependencia de benzodiacepinas requiere un enfoque integral que combine intervenciones médicas y psicológicas, adaptadas a cada persona.

La base del tratamiento es la retirada progresiva del fármaco (tapering), evitando suspensiones bruscas para reducir los síntomas de abstinencia. Este proceso se ajusta de forma individual y suele implicar reducciones graduales de la dosis a lo largo de semanas o meses (Edinoff et al., 2021; Hertz & Barczak, 2025; Navarrete et al., 2026).

En este contexto, la deprescripción supervisada es una herramienta clave, ya que permite reducir el consumo de forma segura y mejorar la calidad de vida del paciente (Vázquez Canales & Frutos Fernández, 2023).

Las intervenciones psicológicas también son fundamentales. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser especialmente eficaz, y puede complementarse con psicoeducación, entrevista motivacional o técnicas de mindfulness para mejorar la adherencia y el manejo del malestar (Navarrete et al., 2026).

En situaciones más complejas, como casos graves o con comorbilidad con otros trastornos, puede ser necesaria la desintoxicación en un entorno hospitalario. Aunque existen tratamientos farmacológicos de apoyo, actualmente no hay ningún fármaco aprobado específicamente para esta dependencia, por lo que su uso debe individualizarse (NIDA, 2023; Navarrete et al., 2026).

En conjunto, el tratamiento debe ser continuo, individualizado y centrado no solo en la reducción del consumo, sino también en la mejora del bienestar y del funcionamiento global de la persona.

Qué puede hacer la familia y el entorno

El apoyo del entorno cercano es un factor esencial en el proceso de recuperación, ya que puede facilitar la adherencia al tratamiento y mejorar los resultados.

Entre las estrategias más útiles se encuentran mantener una comunicación abierta y sin juicios, animar a la persona a buscar ayuda profesional, fomentar hábitos saludables —como el descanso adecuado o la gestión del estrés— y evitar compartir medicación. Todo ello contribuye a crear un entorno más seguro y favorecedor del cambio (WHO, 2016).

Las personas mayores constituyen un grupo especialmente vulnerable, debido a su mayor sensibilidad a los efectos adversos, como deterioro cognitivo, caídas o fracturas. A pesar de ello, el uso de benzodiacepinas sigue siendo frecuente en esta población, lo que refleja cierta distancia entre la evidencia científica y la práctica clínica (Hertz & Barczak, 2025; Roncero et al., 2025).

Además, en este grupo el trastorno puede estar infradiagnosticado, lo que dificulta su detección y abordaje precoz (Hertz & Barczak, 2025).

Prevención específica

La prevención del uso problemático de benzodiacepinas se basa principalmente en un uso responsable y bien supervisado de estos fármacos.

Entre las medidas más importantes destacan limitar la duración del tratamiento, utilizar la dosis mínima eficaz, informar adecuadamente sobre los riesgos y realizar un seguimiento periódico que permita detectar a tiempo posibles problemas. También es fundamental dar prioridad a alternativas no farmacológicas, especialmente en el tratamiento de la ansiedad y el insomnio (Vázquez Canales & Frutos Fernández, 2023) promoviendo estrategias saludables de afrontamiento de malestar emocional (Carrasco-Garrido et al., 2021).

En este sentido, es clave evitar el uso innecesario de medicación y revisar de forma periódica los tratamientos, reduciendo o retirando aquellos que no estén claramente indicados (Vázquez Canales & Frutos Fernández, 2023).

Por otro lado, es importante desarrollar acciones dirigidas tanto a profesionales como a la población general, como la formación en prescripción racional o campañas de sensibilización que mejoren la percepción del riesgo asociado a estos fármacos (EUDA, 2024; OEDA, 2025; Roncero et al., 2025). Al igual que en población joven, donde las intervenciones deben centrarse en reducir el acceso y aumentar la percepción de riesgo (Carrasco-Garrido et al., 2021).

Asimismo, en contextos de policonsumo, es importante aplicar estrategias de reducción de daños, (entendidas como acciones para consumir de forma más segura y reducir riesgos, como evitar combinar sustancias o controlar las cantidades) para disminuir el riesgo de sobredosis y mejorar el acceso a recursos de atención (Family et al., 2025).

En esta línea, también es importante limitar su uso a situaciones bien justificadas y mantener un seguimiento clínico cercano que permita detectar a tiempo posibles signos de uso inadecuado (Navarrete et al., 2026).

Además, en los últimos años ha surgido un nuevo reto con la aparición de benzodiacepinas de diseño en el mercado ilegal, asociadas a efectos graves, lo que refuerza la necesidad de abordar este problema desde una perspectiva de salud pública (Brunetti et al., 2021; Navarrete et al., 2026).

Recursos en España

En España, las personas con problemas relacionados con el consumo de benzodiacepinas pueden acceder a diferentes recursos dentro del sistema sanitario, organizados de forma progresiva según la complejidad de cada caso.

La atención suele comenzar en atención primaria, desde donde se puede derivar a servicios de salud mental o a centros especializados en adicciones si es necesario. Esta red forma parte del Plan Nacional sobre Drogas y está coordinada por las comunidades autónomas (OEDA, 2025).

Entre los recursos disponibles se incluyen centros de atención primaria, unidades de salud mental, centros ambulatorios de adicciones y comunidades terapéuticas, donde se ofrece evaluación clínica, tratamiento psicológico, seguimiento médico y apoyo social.

Además, existen centros privados especializados que ofrecen programas de tratamiento tanto ambulatorios como residenciales, ampliando las opciones de atención.

La información sobre estos recursos puede consultarse en organismos oficiales como el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, el Plan Nacional sobre Drogas o los portales de salud autonómicos, lo que facilita el acceso a la atención y la orientación tanto de pacientes como de sus familias.

Referencias

American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.

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Glosario de términos

Benzodiacepinas. Fármacos depresores del sistema nervioso central utilizados principalmente para tratar la ansiedad, el insomnio y otros trastornos, con potencial de generar dependencia.

Sistema nervioso central (SNC). Conjunto de estructuras formado por el cerebro y la médula espinal, encargado de procesar la información y regular las funciones del organismo.

Ansiolítico. Tipo de fármaco utilizado para reducir la ansiedad.

Sedación. Disminución de la actividad del sistema nervioso central que provoca relajación, somnolencia o reducción del estado de alerta.

Dependencia. Estado en el que el organismo necesita una sustancia para funcionar con normalidad, pudiendo generar malestar en su ausencia.

Dependencia psicológica. Necesidad emocional o mental de consumir una sustancia para aliviar malestar o generar bienestar.

Tolerancia. Proceso por el cual el organismo requiere dosis cada vez mayores para obtener el mismo efecto.

Síndrome de abstinencia. Conjunto de síntomas físicos y psicológicos que aparecen al reducir o interrumpir el consumo tras un uso prolongado.

Uso terapéutico. Consumo de una sustancia bajo prescripción médica y supervisión profesional.

Uso prolongado. Consumo mantenido en el tiempo que incrementa el riesgo de dependencia y efectos adversos.

Uso problemático. Patrón de consumo que genera consecuencias negativas en la salud, el funcionamiento diario o las relaciones sociales.

Cribado. Evaluación inicial mediante instrumentos breves para detectar posibles problemas relacionados con el consumo.

Comorbilidad. Presencia simultánea de dos o más trastornos o enfermedades en una misma persona (por ejemplo, ansiedad y dependencia a benzodiacepinas).

Policonsumo. Uso simultáneo o combinado de varias sustancias psicoactivas.

Deterioro cognitivo. Alteración de funciones mentales como la memoria, la atención o la capacidad de razonamiento.

SDS (Severity of Dependence Scale). Cuestionario breve de 5 ítems que evalúa la severidad de la dependencia psicológica.

Fuentes institucionales

NIDA. Organismo estadounidense dedicado a la investigación sobre el consumo de drogas y sus efectos en la salud.

Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. Organismo encargado de recopilar y analizar datos sobre consumo de sustancias en España.

European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction. Agencia de la Unión Europea que proporciona información fiable sobre drogas y drogodependencias.

Plan Nacional sobre Drogas. Estrategia estatal orientada a la prevención, tratamiento y reducción de daños asociados al consumo.

Anexos:

Anexo 1. Severity of Dependence Scale (SDS). Adaptación al español.

 

Ítem

Pregunta

Opciones de respuesta

1

¿Alguna vez ha pensado que su consumo de benzodiacepinas está fuera de control?

Nunca (0); A veces (1); A menudo (2); Casi siempre (3)

2

¿Le preocupa la idea de no poder consumir benzodiacepinas?

Nunca (0); A veces (1); A menudo (2); Casi siempre (3)

3

¿Le preocupa su consumo de benzodiacepinas?

Nunca (0); A veces (1); A menudo (2); Casi siempre (3)

4

¿Desearía poder dejar de consumir benzodiacepinas?

Nunca (0); A veces (1); A menudo (2); Casi siempre (3)

5

¿Le resultaría difícil dejar de consumir benzodiacepinas?

Nada difícil (0); Algo difícil (1); Bastante difícil (2); Muy difícil (3)

Nota. La puntuación total oscila entre 0 y 15. Puntuaciones más altas indican mayor nivel de dependencia psicológica. Se trata de un instrumento de cribado y no sustituye una evaluación clínica.

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Abstinencia (síndrome de abstinencia)

Conjunto de síntomas físicos y emocionales que aparecen cuando una persona que consume una sustancia (como alcohol o tabaco) reduce o deja de consumirla de golpe; puede incluir nerviosismo, insomnio, irritabilidad, temblores, sudoración, malestar físico, etc.

Adicción

Problema de salud en el que la persona pierde control sobre el consumo de una sustancia o una conducta (como el juego), sigue haciéndolo a pesar de las consecuencias negativas y le resulta muy difícil dejarlo por sí sola.

Adicciones comportamentales

Adicciones que no tienen que ver con una sustancia, sino con una conducta (por ejemplo, juego con dinero, uso problemático de videojuegos, compras compulsivas, etc.) que se vuelve repetitiva, difícil de controlar y con consecuencias negativas similares a las de las adicciones con sustancia.

AECC (Asociación Española Contra el Cáncer)

Entidad que ofrece información, programas para dejar de fumar y apoyo emocional a personas con cáncer y a sus familias, incluyendo recursos específicos para el tabaquismo.

Ambivalencia

Sensación de “estar en dos direcciones a la vez”: querer cambiar (por ejemplo, dejar de beber o dejar de jugar) y al mismo tiempo querer seguir igual, lo que genera dudas y bloqueos. Es un punto central del trabajo en entrevista motivacional.

APA (American Psychiatric Association)

Asociación profesional de psiquiatría que elabora el DSM‑5 y el DSM‑5‑TR, manuales diagnósticos utilizados internacionalmente para clasificar los trastornos mentales, incluidos los trastornos por consumo de sustancias y el trastorno por juego.

AUDIT (Alcohol Use Disorders Identification Test)

Cuestionario breve de 10 ítems que ayuda a detectar si una persona podría tener un consumo de riesgo, perjudicial o un posible trastorno por consumo de alcohol y si necesita una valoración más detallada.

Atracón de alcohol (binge drinking / consumo intensivo episódico)

Beber grandes cantidades de alcohol en un corto período de tiempo, normalmente para emborracharse, sobre todo en fiestas o fines de semana (por ejemplo, 4 o más bebidas estándar en pocas horas en mujeres, 5 o más en hombres).

Binge drinking (consumo intensivo episódico)

Ver “Atracón de alcohol”.

Bupropión

Medicamento que se utiliza, entre otras cosas, para ayudar a algunas personas a dejar de fumar, siempre recetado y supervisado por profesionales sanitarios, ya que puede tener efectos secundarios y no es adecuado para todo el mundo.

CAARFE (Confederación de Alcohólicos, Adictos en Rehabilitación y Familiares de España)

Red de asociaciones en toda España que ofrece grupos de ayuda mutua, apoyo a personas con adicciones (especialmente al alcohol) y a sus familias.

CAD / CAID (en Comunidad de Madrid)

Centros públicos de atención a las adicciones (CAD) y centros de atención integral a las drogodependencias (CAID), donde se ofrece evaluación, tratamiento y seguimiento gratuitos para personas con problemas de consumo y sus familias.

Cigarrillos electrónicos / vapers

Dispositivos que calientan un líquido (a menudo con nicotina) para producir un aerosol que se inhala; también pueden generar dependencia y no están exentos de riesgos para la salud.

Comorbilidad

Presencia simultánea de dos o más problemas o trastornos en la misma persona, por ejemplo, un trastorno por consumo de alcohol junto con un trastorno de ansiedad o depresión.

Consumo compulsivo / conducta compulsiva

Consumo o conducta repetida que la persona siente que “tiene que” hacer, aunque no quiera, porque alivia momentáneamente el malestar pero a medio plazo mantiene o empeora el problema y las consecuencias negativas.

Consumo de riesgo

Consumo de alcohol que supera los límites considerados de bajo riesgo para la salud (por ejemplo, según las guías nacionales), aunque todavía no se hayan producido daños evidentes; aumenta la probabilidad de llegar a un consumo perjudicial o a un trastorno por consumo.

Consumo perjudicial / patrón nocivo

Forma de consumo que ya está causando problemas físicos, psicológicos o sociales (como lesiones, conflictos, bajo rendimiento, problemas médicos), aunque aún no se cumplan todos los criterios de trastorno por consumo según los manuales diagnósticos.

Craving

Deseo intenso o impulso muy fuerte de consumir una sustancia (por ejemplo, beber alcohol o fumar) o de realizar una conducta adictiva (como jugar), que puede aparecer de forma repentina o ante ciertas señales, lugares, emociones o personas asociadas al consumo.

Desintoxicación

Primera fase del tratamiento en algunos casos de adicción, en la que se retira o reduce la sustancia de forma controlada (a veces con apoyo farmacológico) y se manejan los síntomas de abstinencia en un entorno seguro.

DGPNSD (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas)

Organismo del Ministerio de Sanidad que coordina las políticas sobre drogas y adicciones en España, incluyendo campañas de prevención y el buscador “Ayuda cerca de ti”.

Disulfiram

Medicamento que provoca una reacción muy desagradable (rubor, náuseas, malestar intenso) si la persona bebe alcohol; se usa en casos concretos y siempre con supervisión profesional y buena información a la persona sobre los riesgos.

DSM‑5 / DSM‑5‑TR

Manual diagnóstico de trastornos mentales utilizado por profesionales de la salud mental. Incluye los criterios para los trastornos por consumo de sustancias y el trastorno por juego. El DSM‑5‑TR es la versión actualizada con revisión de texto.

EDADES

Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España, que se realiza periódicamente en población general adulta para conocer la situación del consumo de diferentes sustancias y otras adicciones.

EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica)

Enfermedad crónica de los pulmones, muy relacionada con el tabaco, que dificulta la respiración y puede provocar tos crónica, sensación de ahogo y limitación importante en la vida diaria.

ESTUDES

Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España, centrada en adolescentes, que permite conocer las tendencias de consumo en población escolar.

Entorno controlado

Situación en la que el acceso a la sustancia o al juego está muy limitado (por ejemplo, ingreso hospitalario, centro residencial, prisión, comunidad terapéutica), lo que influye en la evolución del trastorno y en la interpretación de la abstinencia.

Entrevista motivacional

Estilo de conversación colaborativo y respetuoso que ayuda a las personas a explorar su ambivalencia, conectar con sus valores y fortalecer su motivación y compromiso con el cambio respecto al consumo o al juego, evitando el enfrentamiento directo.

Evaluación

Proceso en el que profesionales de la salud valoran la situación de una persona (historia de consumo, síntomas, consecuencias, recursos personales y familiares) para saber si hay un problema de adicción y qué tipo de ayuda o tratamiento puede necesitar.

Factores de protección

Elementos que ayudan a reducir el riesgo de adicción o a afrontarla mejor (por ejemplo, apoyo familiar, buenas habilidades emocionales, actividades de ocio saludable, buena red social, buen rendimiento académico).

Factores de riesgo

Características personales o del entorno que hacen más probable que aparezca un problema de adicción (por ejemplo, empezar a consumir muy joven, consumo en el entorno cercano, dificultades emocionales no atendidas, presión del grupo, baja supervisión adulta).

Fagerström (Test de Fagerström)

Cuestionario breve que sirve para medir el nivel de dependencia a la nicotina en personas fumadoras, en función de aspectos como la cantidad de cigarrillos al día y el tiempo hasta el primer cigarrillo tras despertarse.

Intoxicación

Estado en el que el consumo reciente de una sustancia produce cambios llamativos en el comportamiento, en la conciencia o en la forma de pensar (por ejemplo, desinhibición, euforia, torpeza motora, somnolencia), que pueden suponer un riesgo para la persona o su entorno.

Juego patológico / trastorno por juego

Problema grave de juego con dinero (apuestas, casino, tragaperras, juego online) en el que la persona pierde el control, sigue jugando a pesar de las consecuencias, necesita apostar cantidades crecientes y le resulta muy difícil dejarlo.

Ludopatía

Término habitual, no técnico, que se usa en lenguaje cotidiano para referirse al trastorno por juego o juego patológico.

Mindfulness

Conjunto de ejercicios que ayudan a prestar atención al momento presente (pensamientos, emociones, sensaciones corporales) de manera consciente y sin juzgar; puede utilizarse como apoyo en el tratamiento de adicciones para manejar el craving y las emociones difíciles.

Naltrexona

Medicamento que se utiliza en algunos casos de trastorno por consumo de alcohol para reducir el deseo intenso de beber y el riesgo de recaída, siempre pautado y controlado por profesionales sanitarios.

NIAAA (National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism)

Instituto estadounidense especializado en investigación, prevención y tratamiento de los problemas relacionados con el alcohol; elabora guías y recomendaciones sobre consumo de riesgo y trastornos por consumo de alcohol.

Nicotina

Sustancia presente en el tabaco y en muchos cigarrillos electrónicos que produce dependencia. Es el principal compuesto responsable del síndrome de abstinencia cuando se deja de fumar.

Ocio saludable

Actividades de tiempo libre que no se centran en el consumo de sustancias ni en el juego (deporte, música, voluntariado, actividades culturales, ocio con amistades sin consumo, etc.) y que ayudan a proteger frente a las adicciones.

Patrón episódico (en juego)

Forma de evolución del trastorno por juego en la que aparecen periodos de juego problemático separados por intervalos de relativa calma, sin síntomas significativos durante varios meses.

Patrón persistente (en juego)

Forma de evolución del trastorno por juego en la que los síntomas se mantienen de manera continuada durante varios años, sin periodos largos de mejoría.

Perseguir pérdidas

Volver a jugar para intentar recuperar el dinero perdido, lo que suele llevar a seguir apostando más de lo previsto y a aumentar las deudas y el malestar.

Plan Nacional sobre Drogas

Organismo del Ministerio de Sanidad que coordina las políticas y recursos sobre drogas y otras adicciones en España; entre sus recursos está el buscador “Ayuda cerca de ti” para localizar centros de atención.

Prevención

Conjunto de acciones para reducir la probabilidad de que aparezca una adicción o para que ésta sea menos grave (información, talleres, entrenamiento en habilidades, normas claras, detección temprana, campañas de sensibilización, etc.).

Proyecto Hombre

Red de centros en España que ofrecen programas de prevención, tratamiento y reinserción para diferentes adicciones, tanto con sustancias como comportamentales, y apoyo a familias.

Recaída

Situación en la que, tras un tiempo de mejora o abstinencia, la persona vuelve a consumir o a jugar de forma problemática. Se considera un acontecimiento frecuente dentro del proceso de cambio y puede aprovecharse para aprender estrategias nuevas.

Red de atención a las drogodependencias

Conjunto de recursos públicos (centros de día, dispositivos ambulatorios, unidades de desintoxicación, comunidades terapéuticas, etc.) que atienden a personas con adicciones y a sus familias.

Reducción de daños

Enfoque que busca disminuir las consecuencias negativas del consumo (accidentes, infecciones, sobredosis, deterioro social), aunque la persona todavía no haya decidido dejar completamente la sustancia o la conducta adictiva.

SEPAR

Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, que elabora guías y recomendaciones para el tratamiento del tabaquismo y otras enfermedades respiratorias relacionadas.

Síndrome de abstinencia

Ver “Abstinencia (síndrome de abstinencia)”.

Tabaquismo

Consumo repetido de tabaco que provoca dependencia a la nicotina y numerosos problemas de salud (enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cáncer, etc.).

TCA (Trastorno por Consumo de Alcohol)

Nombre clínico que recibe la adicción al alcohol en los manuales diagnósticos, cuando se cumplen los criterios del DSM‑5‑TR para trastorno por consumo de alcohol.

Terapia cognitivo‑conductual

Tipo de tratamiento psicológico que ayuda a identificar y cambiar pensamientos y conductas que mantienen el problema (por ejemplo, creencias sobre el alcohol, el tabaco o el juego, y hábitos asociados al consumo o al juego).

Tratamiento sustitutivo con nicotina (TSN)

Parches, chicles, comprimidos u otros productos que aportan nicotina de forma controlada para ayudar a dejar de fumar, reduciendo los síntomas de abstinencia y facilitando el proceso de abandono.

Trastorno por consumo de alcohol/tabaco

Diagnóstico clínico basado en criterios del DSM‑5‑TR que describen un patrón problemático de consumo (pérdida de control, consecuencias negativas, tolerancia, abstinencia, deseo intenso, etc.) durante al menos 12 meses.

Unidad / centro de tabaquismo

Servicio sanitario especializado en ayudar a las personas a dejar de fumar mediante apoyo psicológico, evaluación individualizada y, cuando procede, medicación específica.

Unidad o bebida estándar

Cantidad de bebida que contiene aproximadamente 10–14 gramos de alcohol puro (por ejemplo, una caña pequeña, una copa de vino o un chupito), que permite comparar distintas bebidas entre sí y calcular el consumo total.

Vareniclina

Medicamento que ayuda a dejar de fumar reduciendo las ganas de fumar y el placer asociado al cigarrillo; se utiliza bajo prescripción y supervisión médica.

WHO (World Health Organization / Organización Mundial de la Salud)

Organismo internacional que ofrece información y recomendaciones sobre salud pública, incluyendo alcohol, tabaco y otras adicciones, y fija criterios y líneas generales de prevención.

Juego Patológico

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Descripción breve

El trastorno por juego es un patrón problemático, persistente y recurrente de juego con dinero que genera malestar o deterioro significativo en la vida de la persona (APA, 2013). Se caracteriza por pérdida de control, aumento progresivo del dinero apostado y continuación del juego a pesar de las consecuencias negativas en lo económico, familiar, laboral o académico (Junta de Andalucía, 2017).

Datos en España

En España, el juego con dinero es una conducta muy extendida: según la encuesta EDADES 2024, el 53,8% de la población de 15 a 64 años ha jugado a juegos de azar en el último año, ya sea de forma presencial, online o ambas (Plan Nacional sobre Drogas, 2024). El juego online sigue siendo minoritario pero va en aumento: el 5,5% de la población de 15 a 64 años jugó online en el último año en 2024, frente al 5,3% en 2022, con mayor prevalencia en hombres (8,2%) que en mujeres (2,7%) y especialmente en personas jóvenes (Plan Nacional sobre Drogas, 2024).

Aunque la mayoría de las personas que juegan no desarrollan un trastorno, EDADES 2024 estima que el 1,4% de la población de 15 a 64 años presenta un posible juego problemático, cifra algo superior a la de encuestas previas y que asciende aproximadamente al 2,2% en hombres (Infocop, 2025). Además, los informes de adicciones comportamentales señalan que el juego es la adicción comportamental que más admisiones a tratamiento genera (alrededor del 82% de las admisiones por adicciones sin sustancia), con más de 4.500 personas que iniciaron tratamiento en 2023 (Plan Nacional sobre Drogas, 2023, 2026).

Señales de alarma

Algunas señales de alarma son pensar constantemente en el juego, sentir una necesidad creciente de apostar más dinero para obtener la misma emoción y tener dificultades para parar una vez se empieza (APA, 2013). También preocupan las mentiras frecuentes sobre el dinero gastado, pedir o tomar dinero prestado para jugar, descuidar obligaciones importantes y usar el juego para escapar de problemas o aliviar emociones desagradables (Junta de Andalucía, 2017).

Criterios de adicción

El DSM5 define el trastorno por juego por la presencia de cuatro o más criterios en 12 meses:

A. Juego problemático persistente y recurrente que provoca un deterioro o malestar clínicamente significativo, manifestado porque el individuo presenta cuatro (o más) de los siguientes criterios durante un periodo de 12 meses:

  1. Necesidad de apostar cantidades de dinero cada vez mayores para conseguir la excitación deseada. (Cada vez necesita jugar más dinero o hacer apuestas más arriesgadas para sentir el mismo “subidón” o emoción.)

  2. Está nervioso o irritable cuando intenta reducir o abandonar el juego. (Se pone de mal humor, inquieto o “de los nervios” cuando intenta jugar menos o dejar de jugar.)

  3. Ha hecho esfuerzos repetidos para controlar, reducir o abandonar el juego, siempre sin éxito. (Ha tratado varias veces de dejar de jugar o de jugar menos, pero no lo consigue o vuelve a lo mismo.)

  4. A menudo tiene la mente ocupada en las apuestas (por ejemplo, reviviendo continuamente con la imaginación experiencias de apuestas pasadas, planificando su próxima apuesta o pensando en formas de conseguir dinero para apostar). (Piensa mucho en el juego: recuerda jugadas, planifica cómo y cuándo volver a jugar o cómo conseguir dinero para apostar.)

  5. A menudo apuesta cuando se siente desasosegado (por ejemplo, desamparo, culpabilidad, ansiedad, depresión). (Utiliza el juego para escapar de problemas o para aliviar emociones negativas, como sentirse mal, ansioso, triste o culpable.)

  6. Después de perder dinero en las apuestas, suele volver otro día para intentar ganar (“recuperar” las pérdidas). (Lo que se conoce como “perseguir las pérdidas”: seguir jugando para recuperar el dinero perdido, lo que suele llevar a perder más.)

  7. Miente para ocultar su grado de implicación en el juego. (Engaña a familiares, amistades o profesionales sobre cuánto juega, cuánto dinero gasta o qué hace con su tiempo.)

  8. Ha puesto en peligro o ha perdido una relación importante, un empleo o una oportunidad académica o profesional a causa del juego. (El juego ha afectado seriamente a la pareja, la familia, las amistades, el trabajo o los estudios, llegando a ponerlos en riesgo o a perderlos.)

  9. Cuenta con los demás para que le proporcionen dinero con el fin de aliviar una situación financiera desesperada provocada por el juego. (Pide dinero a otras personas —familia, amistades, entidades— para tapar deudas o problemas económicos creados por el juego.)

B. El comportamiento de juego no se explica mejor por un episodio maníaco.
(Es decir, no se debe únicamente a un periodo de ánimo anormalmente elevado o irritable, como en un trastorno bipolar.)

Especificadores de curso

  • Episódico: Cumple los criterios diagnósticos en más de una ocasión, pero los síntomas se reducen durante al menos varios meses entre periodos de juego problemático. (Hay “rachas” de juego intenso con períodos de relativa calma entre medias.)

  • Persistente: Presenta síntomas de forma continua, cumpliendo criterios diagnósticos durante varios años. (El problema con el juego se mantiene de forma crónica, sin grandes periodos de mejoría.)

La gravedad se basa en el número de criterios cumplidos en los últimos 12 meses:

  • Leve: 4–5 criterios.

  • Moderado: 6–7 criterios.

  • Grave: 8–9 criterios.

Efectos a corto y largo plazo

A corto plazo, el juego produce activación fisiológica, aumento de la adrenalina, euforia y una fuerte focalización en la recompensa, pero también ansiedad, irritabilidad y problemas de sueño cuando se pierden grandes cantidades (Junta de Andalucía, 2017). A largo plazo, el trastorno por juego se asocia con endeudamiento, problemas legales, ruptura de relaciones, descenso del rendimiento laboral o académico y mayor riesgo de ansiedad, depresión e ideación suicida (Plan Nacional sobre Drogas, 2023).

Factores de riesgo

Entre los factores de riesgo destacan empezar a jugar a edades tempranas, el fácil acceso al juego online, la publicidad intensiva, tener familiares o amigos jugadores y la presencia de impulsividad o búsqueda de sensaciones (Junta de Andalucía, 2017). También incrementan el riesgo el consumo de sustancias (alcohol, tabaco, estimulantes) y la presencia de otros trastornos del control de impulsos o de regulación emocional (Plan Nacional sobre Drogas, 2023).

Relación con otros problemas de salud mental

El trastorno por juego se asocia frecuentemente con depresión, trastornos de ansiedad, abuso de sustancias y riesgo aumentado de pensamientos y conductas suicidas (APA, 2013). En muchas personas, los síntomas emocionales empeoran a medida que se agrava la situación económica y los conflictos familiares, lo que puede llevar a un círculo de “jugar para escapar del malestar” que a su vez lo empeora (Plan Nacional sobre Drogas, 2023).

Evaluación: ¿cómo sé si tengo un problema?

Problem Gambling Severity Index – Spanish versión

 

Evaluación: ¿cómo sé si mi familiar tiene un problema?

Es posible que tu familiar tenga un trastorno por juego si pasa mucho tiempo jugando (o pensando en el juego), descuida responsabilidades y está más irritable o deprimido cuando no puede jugar (Junta de Andalucía, 2017). Otras señales son la presencia de deudas o préstamos sin explicación clara, desaparición de dinero u objetos de valor, mentiras frecuentes sobre dónde ha estado, así como cambios bruscos de ánimo relacionados con ganar o perder (Plan Nacional sobre Drogas, 2023).

Ante estas sospechas, pedir orientación en un recurso especializado en adicciones comportamentales o hablar con un profesional de salud mental puede ayudar a valorar la situación y decidir los siguientes pasos (Plan Nacional sobre Drogas, 2023).​

Tratamientos y apoyos disponibles

Si sientes que has perdido el control con el juego (apuestas deportivas, casino, tragaperras, webs de juego online, etc.) o te preocupa alguien cercano, es importante saber que no estás solo/a y que hay tratamientos y recursos específicos para esta situación (APA, 2013; Infocop, 2024). La adicción al juego no es una “manía” ni solo falta de control: es un trastorno que tiene tratamiento y en el que pedir ayuda cuanto antes marca una gran diferencia.

El apoyo psicológico suele ser la parte central del tratamiento. Se utilizan terapias que ayudan a entender cómo funciona la adicción al juego, qué la mantiene y cómo empezar a tomar distancia. En las terapias cognitivoconductuales se trabaja, por ejemplo, sobre las creencias falsas (“estoy a punto de recuperar lo perdido”, “tengo un sistema que funciona”), sobre los impulsos de jugar y sobre las emociones que a veces empujan al juego (estrés, soledad, aburrimiento, nervios) (Infocop, 2024). También se revisan de manera concreta los hábitos de juego, el manejo del dinero y cómo ir recuperando poco a poco otras actividades y relaciones.

Muchas veces se recomiendan medidas prácticas como limitar el acceso a dinero, poner barreras al juego online (bloqueo de webs, exclusiones voluntarias), o acudir a grupos de ayuda mutua donde otras personas comparten lo que les ha servido (Infocop, 2024; Proyecto Hombre, 2023). La entrevista motivacional y, en algunos casos, enfoques basados en mindfulness también pueden utilizarse para trabajar la ambivalencia (“quiero dejarlo, pero también quiero seguir jugando”) y para aprender a manejar mejor los impulsos (APA, 2013; Infocop, 2024).

En cuanto a la medicación, no existe un fármaco específico aprobado solo para la adicción al juego. Sin embargo, algunas personas pueden beneficiarse de medicación dirigida a otros problemas que aparecen a la vez, como depresión, ansiedad o dificultades importantes para controlar los impulsos, siguiendo las recomendaciones generales de salud mental (APA, 2013). La decisión sobre si usar o no medicación la toma siempre un profesional de salud mental o un médico, teniendo en cuenta la historia clínica completa.

La recaída también es posible en el juego: puede haber periodos sin jugar y, de repente, un episodio de juego intenso. Por eso en el tratamiento se dedica tiempo a identificar situaciones de alto riesgo (por ejemplo, tener dinero disponible sin control, recibir publicidad de apuestas, emociones muy intensas), a preparar respuestas alternativas y a establecer acuerdos claros sobre cómo se va a manejar el dinero (Infocop, 2024; Proyecto Hombre, 2023). El seguimiento en el tiempo es clave, no solo para evitar recaídas, sino también para ir reparando poco a poco las consecuencias que el juego haya podido tener en la familia, el trabajo o la economía.

Si estás en esta situación, o alguien cercano lo está, en España hay recursos específicos donde puedes pedir ayuda:

  • Plan Nacional sobre Drogas – Información sobre adicciones comportamentales
    Información general y documentos sobre juego y otras adicciones sin sustancia.
    Web: https://pnsd.sanidad.gob.es (ver apartado de adicciones comportamentales)

  • “Ayuda cerca de ti” – Mapa de recursos de adicciones del Plan Nacional sobre Drogas
    Para localizar centros de tratamiento y recursos públicos por comunidad autónoma.
    Web: https://pnsd.sanidad.gob.es/ciudadanos/ayudaCerca/home.htm

  • Centro AdCom Madrid (Comunidad de Madrid)
    Centro específico para la prevención, tratamiento e investigación del trastorno por juego y otras adicciones comportamentales en la Comunidad de Madrid.
    Información: https://www.comunidad.madrid/servicios/salud/adcom-madrid

  • Unidad de ludopatía y recursos hospitalarios en Madrid
    Algunas unidades especializadas (por ejemplo, en hospitales públicos) atienden específicamente a personas con problemas de juego, habitualmente derivadas desde atención primaria o salud mental (ver documento de juego patológico del CRIDJ).

  • Asociaciones y grupos de ayuda para jugadores y familiares
    En la Comunidad de Madrid y en otras comunidades hay asociaciones y grupos de autoayuda para jugadores y familiares, con reuniones periódicas y asesoramiento (ver listado en: https://www.comunidad.madrid/sites/default/files/doc/juventud/cridj-juego_patologico.pdf)

Si te reconoces en parte de lo que has leído o te preocupa la situación de alguien cercano, puedes empezar contactando con tu centro de salud, con alguno de estos recursos públicos o con una asociación especializada. No hace falta que tengas todo “claro” para pedir ayuda: precisamente, parte del trabajo consistirá en aclarar qué está pasando y qué apoyo necesitas.

11. ¿Qué puede hacer la familia y el entorno?

La familia puede ayudar observando y nombrando el problema sin ataques personales, mostrando preocupación por la seguridad económica y emocional del entorno y proponiendo buscar ayuda profesional (Junta de Andalucía, 2017). Es importante fijar límites claros respecto al dinero (por ejemplo, no prestar dinero para jugar ni pagar continuamente deudas de juego) y cuidar también del propio bienestar emocional, evitando entrar en dinámicas de control extremo o vigilancia constante (Plan Nacional sobre Drogas, 2023).

Buscar apoyo para la propia familia (orientación con un profesional, grupos de familiares) puede aliviar la carga y ofrecer estrategias concretas para manejar la situación (Infocop, 2023).

Prevención específica

Las estrategias de prevención incluyen retrasar el inicio del juego con dinero, limitar el acceso de menores a juegos de azar y regular la publicidad para reducir su impacto en jóvenes (Plan Nacional sobre Drogas, 2023; Ministerio de Consumo, 2023). A nivel psicoeducativo, es clave trabajar las habilidades socioemocionales y el pensamiento crítico ante el juego, especialmente en formatos online (Junta de Andalucía, 2017; Infocop, 2023).

  • Talleres sobre azar, probabilidad y sesgos cognitivos: Dinámicas donde el grupo experimente “juegos” preparados para perder, análisis de probabilidades reales de ganar y discusión de creencias como “casi me toca, la próxima seguro” ayudan a desmontar mitos centrales del juego (Junta de Andalucía, 2017; Plan Nacional sobre Drogas, 2023). Esto se puede hacer de forma lúdica, integrando contenidos de matemáticas y pensamiento crítico en el aula.

  • Entrenamiento en regulación emocional e impulsividad: El juego suele utilizarse para escapar de emociones desagradables o como búsqueda intensa de emoción (APA, 2013). Talleres sobre manejo de impulsos, tolerancia a la frustración y alternativas para canalizar aburrimiento, enfado o tristeza (deporte, actividades creativas, apoyo social) reducen la vulnerabilidad al juego problemático (Junta de Andalucía, 2017; Plan Nacional sobre Drogas, 2023).

  • Foros y teatroforo sobre juego y apuestas: El uso de foro teatro o videofórum permite representar situaciones cotidianas (grupo que propone una porra, app de apuestas, directos de esports con apuestas) y buscar colectivamente diferentes maneras de responder (Infocop, 2023; Proyecto Hombre, 2025). Estos espacios fomentan la reflexión compartida y la búsqueda de estrategias de protección entre iguales.

  • Supervisión del uso de internet y economía digital: En talleres con adolescentes y familias se puede trabajar la gestión del tiempo online, las compras dentro de videojuegos (loot boxes, micropagos) y el valor del dinero en plataformas digitales (Ministerio de Consumo, 2023; Plan Nacional sobre Drogas, 2023). Se pueden proponer acuerdos familiares sobre contraseñas, límites de gasto y aplicaciones de control parental.

  • Ocio alternativo y participación comunitaria: Promover actividades de ocio no vinculadas al juego con dinero (deporte, música, asociaciones juveniles, voluntariado) y espacios de participación donde los jóvenes puedan sentir logro y pertenencia disminuye el atractivo del juego (Proyecto Hombre, 2025; Plan Nacional sobre Drogas, 2023). Involucrarles en el diseño de estas actividades aumenta el impacto preventivo.

  • Acciones con familias y comunidad educativa: Talleres para familias y profesorado centrados en señales de alarma, cómo hablar del juego, manejo de deudas iniciales y coordinación con recursos de ayuda permiten una detección más temprana (Junta de Andalucía, 2017; Infocop, 2023). También se puede informar sobre normativas de juego responsable y recursos locales (servicios de adicciones, líneas de ayuda, asociaciones especializadas) (Ministerio de Consumo, 2023).

En conjunto, estas medidas individuales, familiares, escolares y comunitarias contribuyen a reducir el riesgo de desarrollar un trastorno por juego y a facilitar que las personas pidan ayuda en fases más tempranas (APA, 2013; Plan Nacional sobre Drogas, 2023, 2026).

Referencias bibliográficas

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.​

Infocop. (2023). Manual de intervención en tratamiento de trastorno por juego y videojuegos.​

Infocop. (2025). Se estima que el 1,4% de la población presenta un posible juego problemático.​

Junta de Andalucía. (2017). Guía clínica de juego patológico.

Ministerio de Consumo. (2023). Estudio de Prevalencia de Juego 20222023.​

Plan Nacional sobre Drogas. (2023). Adicciones comportamentales y otros trastornos adictivos 2023.​

Plan Nacional sobre Drogas. (2024). Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2024.

Plan Nacional sobre Drogas. (2026). Nota de prensa sobre admisiones a tratamiento por adicciones comportamentales.​

Proyecto Hombre. (2025). El trastorno por juego, la adicción silenciada del siglo XXI.