Compras compulsivas
Descripción breve
La adicción a las compras, también conocida como compra compulsiva o trastorno por compra compulsiva (Compulsive Buying-Shopping Disorder, CBSD), se caracteriza por una necesidad intensa y difícil de controlar de comprar o adquirir objetos. La persona dedica mucho tiempo a pensar en las compras, siente una fuerte necesidad de comprar y le cuesta frenar esta conducta, incluso cuando empieza a generar problemas económicos, familiares, laborales o emocionales (Grant y Chamberlain, 2024; Thomas et al., 2024).
Aunque este problema se conoce desde hace más de un siglo y ha recibido distintos nombres, todavía no se considera un trastorno independiente en los principales manuales diagnósticos. Sin embargo, la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) lo incluye dentro de los trastornos del control de impulsos (Grant y Chamberlain, 2024; Laskowski et al., 2025).
En los últimos años, los estudios han mostrado que comparte muchas características con otras adicciones comportamentales. Aparece un deseo intenso de comprar, una pérdida progresiva del control y una tendencia a continuar con la conducta a pesar de las consecuencias negativas (Thomas et al., 2023; Laskowski et al., 2025).
En muchas personas, las compras dejan de hacerse por placer y pasan a convertirse en una forma de desconectar, aliviar el estrés o intentar sentirse mejor. El problema es que ese alivio dura poco y suele ir seguido de culpa, vergüenza o preocupación, lo que favorece que el círculo vuelva a repetirse (Thomas et al., 2024; Laskowski et al., 2025).
Se calcula que alrededor del 5 % de la población puede presentar este problema, aunque las cifras varían según los estudios y la forma de evaluarlo (Grant y Chamberlain, 2024; Laskowski et al., 2025).
¿Por qué se produce? Factores que influyen
La adicción a las compras no tiene una única causa. Suele aparecer por la combinación de factores personales, emocionales y sociales (Estanislau et al., 2025).
Algunas personas tienen una mayor tendencia a actuar impulsivamente, les cuesta esperar una recompensa o son especialmente sensibles a los estímulos relacionados con las compras. Estas características pueden aumentar la vulnerabilidad al problema (Thomas et al., 2023; Theisejans et al., 2025).
Las emociones también desempeñan un papel importante. El estrés, la ansiedad, la tristeza, la soledad o el aburrimiento pueden hacer que las compras se utilicen como una forma de distraerse o sentirse mejor momentáneamente. Con el tiempo, esta forma de afrontar el malestar puede favorecer que la conducta se repita cada vez más (Thomas et al., 2024; Estanislau et al., 2025).
También influyen las creencias sobre el éxito, la autoestima y el valor que se concede a las posesiones materiales. Cuando el bienestar o la imagen personal dependen en exceso de lo que se tiene, aumenta el riesgo de desarrollar una relación problemática con las compras (Thomas et al., 2024; Estanislau et al., 2025).
Por otra parte, vivimos en un entorno que facilita el consumo: publicidad constante, redes sociales, compras por internet, ofertas permanentes y una gran presión por mostrar una determinada imagen. Todo ello puede favorecer el deseo de comprar y dificultar el control de la conducta (Estanislau et al., 2025).
En algunas personas, la insatisfacción con su aspecto físico o la necesidad de sentirse aceptadas por los demás también puede influir. Las compras pueden convertirse en una forma de intentar mejorar la autoestima o compensar sentimientos de inseguridad (Laskowski et al., 2025).
Cómo se entiende actualmente este problema
Actualmente se considera que la compra compulsiva es un problema complejo que va mucho más allá de la falta de voluntad o de un simple problema de impulsividad (Grant y Chamberlain, 2024; Theisejans et al., 2025).
Los estudios indican que intervienen distintos mecanismos psicológicos. Al principio, las compras pueden estar motivadas por la búsqueda de placer o satisfacción. Sin embargo, con el tiempo, la conducta tiende a mantenerse porque ayuda a reducir el malestar emocional o porque a la persona le resulta cada vez más difícil dejar de comprar, aunque ya no disfrute haciéndolo (Laskowski et al., 2025; Theisejans et al., 2025).
Esta forma de entender el problema coincide con el modelo I-PACE, según el cual las emociones, los pensamientos, la impulsividad, la regulación emocional y el autocontrol interactúan entre sí y contribuyen al desarrollo y mantenimiento de las adicciones comportamentales (Theisejans et al., 2025).
Por ello, actualmente se considera que la compra compulsiva comparte características con las adicciones, con algunos trastornos obsesivo-compulsivos y con los problemas del control de impulsos, lo que explica que todavía exista debate sobre cómo clasificarla (Grant y Chamberlain, 2024).
Señales de alarma
La compra compulsiva suele desarrollarse de forma progresiva, por lo que no siempre resulta fácil identificar cuándo las compras han dejado de ser una actividad cotidiana para convertirse en un problema. Uno de los signos más frecuentes es la aparición de pensamientos repetitivos relacionados con las compras, dedicar mucho tiempo a buscar productos o sentir una preocupación excesiva por adquirir determinados objetos (Grant y Chamberlain, 2024; Thomas et al., 2024).
Muchas personas describen una sensación de tensión, ansiedad o malestar antes de comprar, acompañada de una necesidad intensa o difícil de controlar. Tras realizar la compra suele aparecer una sensación momentánea de alivio, satisfacción o bienestar, aunque con frecuencia este efecto dura poco y posteriormente surgen sentimientos de culpa, vergüenza, arrepentimiento o frustración (Grant y Chamberlain, 2024; Laskowski et al., 2025).
Otra señal de alarma es la dificultad para controlar el comportamiento. La persona puede proponerse gastar menos o dejar de comprar durante un tiempo, pero acaba repitiendo la conducta a pesar de los intentos por frenarla. También puede comenzar a gastar más dinero del previsto, comprar objetos innecesarios, acumular productos que apenas utiliza o realizar compras impulsivas ante determinados estímulos, como promociones, anuncios, redes sociales o escaparates (Thomas et al., 2023; Theisejans et al., 2025).
Con el tiempo, esta conducta puede provocar problemas económicos, endeudamiento, discusiones con la pareja o la familia, dificultades laborales y un deterioro del bienestar psicológico. Algunas personas intentan ocultar las compras, minimizan el dinero gastado o evitan hablar sobre el tema por miedo a sentirse juzgadas (Grant y Chamberlain, 2024; Sirola et al., 2026).
También es frecuente que las compras se conviertan en una forma habitual de afrontar el estrés, la tristeza, la ansiedad o el malestar emocional. Cuando comprar pasa a ser una de las principales estrategias para sentirse mejor y cada vez resulta más difícil encontrar otras formas de gestionar las emociones, puede ser recomendable pedir ayuda profesional (Thomas et al., 2024; Estanislau et al., 2025; Laskowski et al., 2025).
Efectos y consecuencias
La compra compulsiva puede afectar a diferentes áreas de la vida. En el ámbito económico puede provocar deudas, dificultades para llegar a fin de mes y problemas financieros importantes. A nivel familiar y social pueden aparecer discusiones, conflictos de pareja, ocultación de gastos o deterioro de las relaciones personales (Laskowski et al., 2025). En esta misma línea, Sirola, Nyrhinen y Wilska (2026) señalan que la adicción a las compras online se asocia con un menor bienestar subjetivo y con mayores niveles de endeudamiento.
Desde el punto de vista emocional, muchas personas experimentan sentimientos de culpa, vergüenza, frustración, ansiedad o tristeza después de comprar. Aunque las compras pueden generar una sensación momentánea de alivio o satisfacción, este efecto suele ser pasajero y con frecuencia da paso a un mayor malestar emocional (Thomas et al., 2024; Estanislau et al., 2025; Sirola et al., 2026).
La calidad de vida también puede verse afectada, apareciendo dificultades en el trabajo, en los estudios o en el funcionamiento cotidiano (Laskowski et al., 2025).
Además, algunas investigaciones han observado alteraciones en determinados procesos cognitivos. Las personas con compra compulsiva muestran una mayor sensibilidad a los estímulos relacionados con las compras, más dificultades para frenar respuestas impulsivas, una tendencia a priorizar recompensas inmediatas y problemas en la toma de decisiones, especialmente en situaciones de incertidumbre (Thomas et al., 2023; Theisejans et al., 2025). Estos mecanismos son similares a los descritos en otras adicciones comportamentales.
Factores de riesgo
No existe una única causa que explique la aparición de la compra compulsiva. Sin embargo, diversos factores pueden aumentar la vulnerabilidad a desarrollar este problema.
Entre ellos destacan la impulsividad, la compulsividad, las dificultades para regular las emociones, la baja autoestima y la tendencia a buscar gratificación inmediata (Thomas et al., 2024; Theisejans et al., 2025). También parecen presentar un mayor riesgo las personas que utilizan las compras como una forma habitual de afrontar el estrés o las emociones desagradables.
Factores como el estrés, la ansiedad, la tristeza, la soledad o el aislamiento social pueden favorecer el desarrollo y mantenimiento de la conducta cuando las compras se convierten en una estrategia para aliviar temporalmente el malestar emocional (Thomas et al., 2024; Estanislau et al., 2025).
La influencia del entorno también desempeña un papel importante. La exposición constante a publicidad, redes sociales, promociones comerciales y plataformas de compra online puede actuar como desencadenante, especialmente en personas vulnerables. El acceso permanente a las compras por internet facilita además que las decisiones de compra puedan realizarse de forma rápida e impulsiva (Thomas et al., 2023; Estanislau et al., 2025; Sirola et al., 2026).
Asimismo, la insatisfacción con la propia imagen corporal y la percepción negativa del aspecto físico se han relacionado con una mayor tendencia a realizar compras compulsivas, especialmente cuando estas se utilizan para mejorar la autoestima o la imagen que se proyecta hacia los demás (Laskowski et al., 2025).
Por último, algunos problemas psicológicos, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o determinados rasgos compatibles con el trastorno límite de la personalidad, también se han asociado con una mayor vulnerabilidad a desarrollar este problema (Grant y Chamberlain, 2024).
Relación con otros problemas de salud mental
La compra compulsiva rara vez aparece de forma aislada. Es frecuente que las personas que presentan este problema también experimenten otras dificultades psicológicas, por lo que resulta importante realizar una valoración amplia y no centrarse únicamente en la conducta de compra (Grant y Chamberlain, 2024; Müller et al., 2023).
Entre los problemas asociados más frecuentes se encuentran los trastornos de ansiedad y depresión (Grant y Chamberlain, 2024; Müller et al., 2023). Además, las personas con compra compulsiva suelen presentar niveles elevados de impulsividad y compulsividad, características que también aparecen en otros trastornos relacionados con el control de impulsos y las adicciones comportamentales (Theisejans et al., 2025; Grant y Chamberlain, 2024).
La investigación también ha encontrado una mayor presencia de síntomas compatibles con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y de rasgos relacionados con el trastorno límite de la personalidad, especialmente en personas con dificultades importantes para regular las emociones y controlar los impulsos (Grant y Chamberlain, 2024).
Asimismo, se ha observado una mayor frecuencia de otros problemas adictivos, incluidos trastornos por consumo de sustancias y otras adicciones comportamentales, lo que sugiere la existencia de mecanismos psicológicos compartidos entre diferentes trastornos (Grant y Chamberlain, 2024).
En los últimos años ha cobrado especial relevancia la relación entre la compra compulsiva y los trastornos alimentarios. Diferentes estudios muestran una asociación especialmente frecuente con el trastorno por atracón y la bulimia nerviosa. Ambas condiciones comparten características como la impulsividad, las dificultades para regular las emociones y la utilización de determinadas conductas como forma de afrontar el malestar psicológico (Laskowski et al., 2025).
Cuando los problemas de alimentación y la compra compulsiva aparecen conjuntamente, suele observarse un mayor malestar psicológico y una evolución clínica más compleja, por lo que resulta importante identificar ambas dificultades y abordarlas de forma integrada (Laskowski et al., 2025).
Evaluación: ¿cuándo y a quién consultar?
Pedir ayuda puede ser recomendable cuando las compras empiezan a generar problemas económicos, conflictos familiares, malestar emocional o una sensación creciente de pérdida de control. También conviene consultar cuando la persona intenta reducir las compras y no lo consigue, o cuando descubre que comprar se ha convertido en una forma habitual de afrontar el estrés, la ansiedad o las emociones desagradables (Grant y Chamberlain, 2024).
La valoración no debería limitarse únicamente a cuánto dinero se gasta o con qué frecuencia se compra. Es importante comprender cómo está afectando esta conducta a la vida diaria y explorar la posible presencia de otros problemas que aparecen con frecuencia asociados, como ansiedad, depresión, TDAH, trastornos alimentarios, problemas de personalidad o consumo de sustancias (Grant y Chamberlain, 2024; Müller et al., 2023). Una evaluación amplia permite entender mejor las necesidades de cada persona y adaptar el tratamiento a sus características particulares.
Además de la entrevista clínica, existen diferentes cuestionarios que pueden ayudar a detectar de forma orientativa posibles dificultades relacionadas con las compras. Entre los más utilizados se encuentran la Compulsive Buying Scale (CBS), el Pathological Buying Screener (PBS) y la Bergen Shopping Addiction Scale (BSAS).
La CBS fue una de las primeras herramientas desarrolladas para evaluar este problema y durante años ha sido una de las más utilizadas, aunque actualmente su uso se concentra principalmente en el ámbito de la investigación. El PBS fue diseñado específicamente para detectar síntomas de compra compulsiva y continúa siendo una de las escalas de referencia, aunque no siempre resulta sencillo acceder a la versión completa.
Por su parte, la BSAS es una escala breve formada por siete preguntas que exploran aspectos centrales de la conducta adictiva, como la preocupación por comprar, la pérdida de control, los intentos fallidos de reducir las compras o las consecuencias negativas derivadas de ellas (Andreassen et al., 2015). Por su sencillez y facilidad de aplicación, en esta guía se propone la BSAS como herramienta orientativa de evaluación.
Para facilitar su utilización, se incluye una adaptación al español (ver anexo 1), realizada específicamente para este proyecto a partir de la versión original de Andreassen et al. (2015). Conviene recordar que ningún cuestionario permite por sí solo establecer un diagnóstico. Estas herramientas sirven para detectar posibles señales de alarma y orientar la necesidad de una valoración más completa. Ante la presencia de malestar importante o consecuencias significativas, siempre es recomendable consultar con un profesional especializado.
Nota
La versión de la Bergen Shopping Addiction Scale (BSAS) incluida en esta guía corresponde a una traducción y adaptación al español realizada para este proyecto a partir de la escala original desarrollada por Andreassen et al. (2015). Su finalidad es exclusivamente informativa y orientativa.
Esta adaptación no constituye una versión oficial validada en población española y sus resultados no deben interpretarse como un diagnóstico. Ante puntuaciones elevadas o preocupación por el comportamiento de compra, se recomienda solicitar una valoración profesional.
¿Cuándo conviene buscar ayuda?
Conviene buscar ayuda profesional cuando las compras dejan de ser una actividad ocasional y empiezan a generar malestar o dificultades en la vida cotidiana.
Algunas señales que pueden indicar la necesidad de consultar son la sensación de pérdida de control sobre las compras, gastar más dinero del que se puede asumir, acumular deudas, ocultar compras o mentir sobre el dinero gastado, así como experimentar sentimientos persistentes de culpa, ansiedad, tristeza o preocupación después de comprar (Grant y Chamberlain, 2024).
También es recomendable solicitar ayuda cuando las compras se utilizan habitualmente para afrontar el estrés, la ansiedad u otras emociones desagradables, o cuando aparecen simultáneamente otros problemas psicológicos como depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, TDAH o dificultades importantes para controlar los impulsos (Grant y Chamberlain, 2024; Laskowski et al., 2025).
Buscar ayuda de forma temprana puede facilitar la recuperación y reducir el impacto económico, emocional, familiar y social asociado a este problema.
Tratamientos y apoyos disponibles
Actualmente, la terapia cognitivo-conductual (TCC) es la intervención que cuenta con mayor respaldo científico para el tratamiento de la compra compulsiva (Müller et al., 2023; Thomas et al., 2023).
Este tipo de tratamiento ayuda a identificar los pensamientos, emociones y situaciones que favorecen las compras problemáticas, así como a desarrollar estrategias para recuperar el control y prevenir recaídas. También permite aprender formas más saludables de afrontar el estrés, la ansiedad o el malestar emocional sin recurrir a las compras (Müller et al., 2023).
La intervención puede realizarse de forma individual o grupal. Ambos formatos han mostrado resultados prometedores y suelen trabajar aspectos como la regulación emocional, el control de los impulsos, los hábitos de consumo, la organización económica y la gestión de situaciones de riesgo (Müller et al., 2023).
Además, algunas investigaciones sugieren que puede ser útil intervenir sobre procesos específicos relacionados con el problema, como el autocontrol, las respuestas automáticas asociadas a las compras, el deseo intenso de comprar o determinados patrones de pensamiento que favorecen la conducta (Thomas et al., 2023; Theisejans et al., 2025).
También se están explorando enfoques basados en mindfulness y tratamientos transdiagnósticos, centrados en procesos psicológicos comunes a distintos trastornos. Estas intervenciones podrían resultar especialmente útiles cuando la compra compulsiva aparece junto a problemas como ansiedad, depresión o trastornos alimentarios (Theisejans et al., 2025; Laskowski et al., 2025).
En la actualidad no existen medicamentos aprobados específicamente para tratar la compra compulsiva. Los estudios realizados hasta ahora han mostrado resultados limitados o inconsistentes, por lo que el tratamiento continúa basándose principalmente en las intervenciones psicológicas (Müller et al., 2023).
Recursos disponibles y dónde pedir ayuda
A diferencia de otras adicciones, la compra compulsiva es un problema menos conocido y todavía existen pocos recursos especializados dirigidos exclusivamente a esta conducta. Sin embargo, esto no significa que no tenga tratamiento ni que las personas afectadas deban afrontarlo solas.
La atención suele realizarse desde los recursos generales de salud mental o desde dispositivos especializados en adicciones comportamentales. Además, dado que con frecuencia se asocia a otros problemas psicológicos, el abordaje suele realizarse de forma conjunta y adaptada a las necesidades de cada persona (Müller et al., 2023; Grant y Chamberlain, 2024).
Dependiendo de cada caso, puede solicitarse ayuda en centros de salud mental, servicios de psicología clínica y psiquiatría, unidades de conductas adictivas o adicciones comportamentales, asociaciones especializadas en adicciones o consultas privadas de profesionales con experiencia en este ámbito.
Cuando existen problemas económicos importantes, también puede resultar útil recibir orientación financiera para reorganizar las deudas, mejorar la planificación económica y recuperar hábitos de consumo más saludables.
Buscar ayuda profesional resulta especialmente recomendable cuando la compra compulsiva se acompaña de ansiedad, depresión, TDAH, trastornos alimentarios o importantes dificultades para regular las emociones, ya que todos estos problemas pueden influirse mutuamente y dificultar la recuperación si no se abordan de forma conjunta (Grant y Chamberlain, 2024; Laskowski et al., 2025).
Qué puede hacer la familia y el entorno
El apoyo de la familia, las amistades y otras personas cercanas puede desempeñar un papel importante tanto en la prevención como en la recuperación.
Contar con relaciones satisfactorias y con personas de apoyo parece actuar como un factor protector, ya que puede reducir la necesidad de recurrir a las compras como forma de afrontar el malestar emocional (Sirola et al., 2026).
Mantener una comunicación abierta, favorecer espacios de diálogo y evitar los juicios o las críticas constantes puede ayudar a que la persona se sienta comprendida y se anime a pedir ayuda cuando la necesite (Laskowski et al., 2025).
También puede resultar útil promover formas alternativas de ocio, fomentar hábitos de consumo saludables y favorecer una autoestima menos dependiente de las posesiones materiales o de la imagen que se proyecta hacia los demás (Estanislau et al., 2025).
Además, las personas cercanas pueden contribuir a detectar señales de alarma, ofrecer apoyo emocional y acompañar a la persona en la búsqueda de ayuda profesional, especialmente cuando existen otros problemas asociados como ansiedad, depresión o trastornos alimentarios (Laskowski et al., 2025).
Prevención y perspectivas futuras
La prevención de la compra compulsiva no debería limitarse únicamente a informar sobre sus riesgos. La evidencia disponible sugiere que también es importante promover habilidades de regulación emocional, manejo del estrés, resolución de problemas y desarrollo de una autoestima menos dependiente del consumo y de las posesiones materiales (Thomas et al., 2024; Estanislau et al., 2025).
Asimismo, puede resultar útil fomentar una actitud crítica frente a la publicidad, las redes sociales y los mensajes que asocian el bienestar, el éxito o la aceptación social con la adquisición de bienes materiales (Estanislau et al., 2025).
La promoción de una imagen corporal positiva y de una visión más realista de los ideales de belleza también podría contribuir a reducir algunos factores de riesgo, especialmente entre las personas más vulnerables (Laskowski et al., 2025).
Los autores señalan que la investigación sobre prevención sigue siendo limitada y que, a diferencia de otras adicciones, todavía existen pocos programas específicamente diseñados y evaluados para este problema. Por ello, consideran prioritario desarrollar intervenciones preventivas basadas en la evidencia y estudiar qué estrategias resultan realmente eficaces a largo plazo (Thomas et al., 2024).
Las futuras iniciativas preventivas podrían combinar programas dirigidos a la población general, centrados en promover hábitos de consumo saludables y una visión crítica del consumismo, con intervenciones específicas para personas con mayor vulnerabilidad, como aquellas con elevada impulsividad, dificultades emocionales o una especial importancia atribuida a las posesiones materiales (Thomas et al., 2024).
También parece importante fortalecer factores protectores como la detección precoz del endeudamiento y de las dificultades económicas asociadas a las compras problemáticas (Sirola et al., 2026).
Por otra parte, aunque algunos estudios han encontrado una mayor frecuencia de compra compulsiva en mujeres y una mayor asociación con problemas de alimentación y malestar psicológico, todavía se conoce poco sobre las diferencias de género. Los autores señalan que los casos en hombres podrían estar infradetectados y destacan la necesidad de investigar también esta problemática en minorías sexuales y de género (Laskowski et al., 2025).
Finalmente, el crecimiento de las compras online y el papel cada vez más relevante de las redes sociales plantean nuevos retos para la prevención. Por ello, futuras estrategias deberían incorporar la educación digital y promover un uso más crítico y saludable de estos entornos (Thomas et al., 2024; Müller et al., 2023).
Glosario
Ansiedad
Estado de preocupación, nerviosismo o tensión que puede ir acompañado de síntomas físicos, como sensación de agobio, dificultad para relajarse o pensamientos repetitivos.
Atracón
Episodio en el que se consume una gran cantidad de comida en poco tiempo acompañado de una sensación de pérdida de control sobre la alimentación.
Autocontrol
Capacidad para regular los propios impulsos, retrasar las gratificaciones y tomar decisiones valorando sus posibles consecuencias.
Compulsividad
Tendencia a repetir determinadas conductas de forma automática y difícil de controlar, incluso cuando producen malestar o consecuencias negativas.
Compra compulsiva
Necesidad intensa y repetida de comprar o adquirir objetos, acompañada de una sensación de pérdida de control y de dificultades para detener la conducta a pesar de los problemas que genera.
Craving (deseo intenso de comprar)
Impulso o necesidad muy fuerte de comprar que puede aparecer de forma repentina y resultar difícil de controlar.
Depresión
Problema de salud mental caracterizado por una tristeza persistente, pérdida de interés por las actividades habituales, falta de energía y otros síntomas emocionales y físicos.
Factores de riesgo
Características personales, emocionales, familiares o sociales que aumentan la probabilidad de desarrollar un problema o dificultan su recuperación.
Factores protectores
Recursos o circunstancias que ayudan a prevenir la aparición de problemas o favorecen una mejor adaptación y recuperación.
Impulsividad
Tendencia a actuar de forma rápida y poco reflexiva, sin valorar suficientemente las consecuencias de las propias acciones.
Mindfulness
Conjunto de técnicas que ayudan a prestar atención al momento presente de manera consciente y sin juzgar la experiencia, favoreciendo una mejor gestión del estrés y las emociones.
Regulación emocional
Capacidad para reconocer, comprender y manejar las emociones de forma adaptativa, sin dejarse llevar por ellas de manera automática.
Recaída
Reaparición de las dificultades o de la conducta problemática después de haber conseguido reducirla o controlarla durante un tiempo.
TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad)
Trastorno del neurodesarrollo caracterizado por dificultades para mantener la atención, impulsividad y, en algunos casos, un exceso de actividad o inquietud.
Terapia cognitivo-conductual (TCC)
Tratamiento psicológico que ayuda a identificar y modificar pensamientos, emociones y comportamientos que contribuyen a mantener un problema, favoreciendo el aprendizaje de estrategias más saludables.
Trastorno límite de la personalidad (TLP)
Problema de salud mental caracterizado por una intensa inestabilidad emocional, impulsividad, cambios bruscos en el estado de ánimo y dificultades en las relaciones con los demás.
Trastornos alimentarios
Conjunto de problemas relacionados con la alimentación y la imagen corporal, entre los que se encuentran la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón.
Referencias
Andreassen, C. S., Griffiths, M. D., Pallesen, S., Bilder, R. M., Torsheim, T., Aboujaoude, E., & Hetland, J. (2015). The Bergen Shopping Addiction Scale: Reliability and validity of a brief screening test. Frontiers in Psychology, 6, 1374. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2015.01374
Estanislau, A. M., Monteiro, R. P., & Lins, S. L. B. (2025). Compulsive buying from the perspective of social psychology: A scoping review. Ciencias Psicológicas, 19(1), e-4026. https://doi.org/10.22235/cp.v19i1.4026
Faber, R. J., & O’Guinn, T. C. (1992). A clinical screener for compulsive buying. Journal of Consumer Research, 19(3), 459–469. https://doi.org/10.1086/209315
Grant, J. E., & Chamberlain, S. R. (2024). Compulsive buying disorder: Conceptualization based on addictive, impulsive, and obsessive-compulsive features and comorbidity. Psychiatry Research Communications, 4, 100199. https://doi.org/10.1016/j.psycom.2024.100199
Laskowski, N. M., Ballero Reque, C., Reiß, P., Pahlenkemper, M., Brandt, G., & Paslakis, G. (2025). Interconnected desires: A systematic review of compulsive buying-shopping disorder and its links to disordered eating and body image by gender. Journal of Behavioral Addictions, 14(2), 679–713. https://doi.org/10.1556/2006.2025.00042
Müller, A., Laskowski, N. M., Thomas, T. A., Antons, S., Tahmassebi, N., Steins-Loeber, S., Brand, M., & Georgiadou, E. (2023). Update on treatment studies for compulsive buying-shopping disorder: A systematic review. Journal of Behavioral Addictions, 12(3), 631–651. https://doi.org/10.1556/2006.2023.00054
Sirola, A., Nyrhinen, J., & Wilska, T.-A. (2026). Online shopping addiction, subjective well-being, and indebtedness: A psychosocial framework. Computers in Human Behavior Reports, 21, 100971. https://doi.org/10.1016/j.chbr.2026.100971
Theisejans, J., Thomas, T. A., Oueslati, F. B. V., Kessling, A., Wegmann, E., Müller, A., & Brand, M. (2025). Affective and cognitive functions, impulsivity and compulsivity in problematic social network use and in compulsive buying-shopping disorder: A systematic review. Current Addiction Reports, 12, 74. https://doi.org/10.1007/s40429-025-00688-x
Thomas, T. A., Joshi, M., Trotzke, P., Steins-Loeber, S., & Müller, A. (2023). Cognitive functions in compulsive buying-shopping disorder: A systematic review. Current Behavioral Neuroscience Reports, 10(1), 1–19. https://doi.org/10.1007/s40473-023-00255-6
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Thomas, T. A., Schmid, A. M., Kessling, A., Wolf, O. T., Brand, M., Steins-Loeber, S., & Müller, A. (2024). Stress and compulsive buying-shopping disorder: A scoping review. Comprehensive Psychiatry, 132, 152482. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2024.152482
Cocaina
Descripción breve
La adicción a la cocaína es considerada un trastorno grave por consumo de sustancias. La cocaína es una droga estimulante altamente adictiva elaborada a partir de las hojas de la planta Erythroxylon coca. Su consumo puede darse por diversas vías, como inhalación, aplicación en las encías, inyección intravenosa o fumada en forma de crack.
La principal característica de la cocaína es la intensa estimulación que produce en el sistema nervioso central, lo que genera una sensación inmediata de euforia y aumenta la energía, el estado de alerta y la sensación de confianza. Sin embargo, estos efectos placenteros van acompañados de una alta capacidad adictiva, que puede derivar en graves consecuencias físicas, psicológicas y sociales, incluyendo sobredosis y el desarrollo de un trastorno grave por consumo de sustancias.
¿Cómo se produce?
La cocaína actúa en el cerebro bloqueando la recaptación de dopamina, neurotransmisor relacionado con el placer y la motivación. Lo que puede provocar una acumulación anormal de dopamina en los circuitos de recompensa, generando una sensación intensa de bienestar. El problema es que cuando el consumo es repetido en el tiempo, el cerebro acaba por adaptarse a estos niveles elevados lo que reduce su capacidad de experimentar placer de forma natural sin tener que llegar a esos niveles.
Con el tiempo aparece la tolerancia, lo que se traduce como la necesidad de mayores cantidades para lograr el mismo efecto placentero y a su vez también se producen cambios neurobiológicos en los sistemas de recompensa, estrés y toma de decisiones. Estas alteraciones explican la pérdida progresiva de control y la dificultad para dejar la sustancia, incluso cuando la persona es consciente del daño (Plan Nacional sobre Drogas, s. f.).
Es común que el consumo comience a convertirse en una forma de escapar de situaciones difíciles o incluso en un recurso para mejorar el estado de ánimo (Clínica Recal, 2026b). Sin embargo, a medida que la dependencia aumenta, la percepción de necesidad que experimenta la persona puede llegar a vincularse directamente con su funcionamiento cotidiano y con la idea de “normalidad”.
Al hablar de consumo crónico es importante mencionar que este puede llegar a provocar complicaciones graves, como trastorno por consumo de cocaína, alteraciones psiquiátricas, problemas cardiovasculares y riesgo de sobredosis, especialmente cuando la sustancia está adulterada.
Datos en España
Según el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones y la encuesta EDADES 2022 (Plan Nacional sobre Drogas, Ministerio de Sanidad), la cocaína es una de las sustancias
ilícitas más consumidas en España. En la población de 15 a 64 años, el 11,7 % ha consumido cocaína en polvo alguna vez en la vida, el 2,3 % lo hizo en el último año y el 1,3 % en el último mes (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones [OEDA], 2023).
En el caso de los adolescentes de 14 a 18 años, los datos de ESTUDES 2025 indican que el porcentaje de estudiantes que ha consumido cocaína alguna vez en la vida se mantiene en el 2,9 %. La edad media de inicio se sitúa en 14,7 años y el consumo es aproximadamente el doble en hombres que en mujeres (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, 2025a, 2025b).
Estos datos sitúan a España entre los países europeos con mayor prevalencia de consumo de cocaína, según el Informe Europeo sobre Drogas (EMCDDA, 2023). Además, se estima que un porcentaje significativo de los consumidores desarrolla trastornos por consumo de sustancias, y el uso prolongado puede generar complicaciones cardiovasculares, neurológicas y psiquiátricas a largo plazo (European Union Drugs Agency [EUDA], 2023).
En cuanto al tratamiento, las intervenciones especializadas han mostrado eficacia, con tasas de éxito que oscilan aproximadamente entre el 30 % y el 50 %, dependiendo del tipo de abordaje terapéutico y del perfil del paciente.
Síntomas de la adicción a la cocaína
Reconocer la adicción a la cocaína resulta complejo, especialmente en fases iniciales; sin embargo, existen signos y síntomas frecuentes que pueden ayudar a identificar un posible problema (Clínica Recal, 2026b).
Desde el punto de vista conductual, suele observarse un aumento progresivo en la frecuencia y la cantidad de consumo, así como intentos fallidos de reducir o controlar su uso. También pueden aparecer dificultades para cumplir con responsabilidades laborales, académicas o familiares, problemas financieros derivados de la compra de la sustancia y un progresivo aislamiento social que deteriora las relaciones interpersonales (Clínica Recal, 2026b).
En el plano emocional, quienes presentan esta adicción suelen manifestar alteraciones del estado de ánimo, caracterizadas por irritabilidad, ansiedad y posibles episodios depresivos (Clínica Recal, s. f.; Alías-Ferri et al., 2021). Durante los periodos de consumo puede experimentarse un aumento de energía y euforia, seguido de fases de letargo, desmotivación o abatimiento. Asimismo, pueden presentarse alteraciones del sueño, como insomnio, y pérdida de apetito.
Finalmente, en lo que respecta a la cognición, el consumo puede asociarse con una marcada impulsividad, dificultades en la toma de decisiones, paranoia o ideas delirantes (Giordano et al., 2024). Estas manifestaciones tienden a intensificarse cuando existe comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos (Giordano et al., 2024; Alías-Ferri et al., 2021).
Criterios del trastorno por consumo
de cocaína según el DSM-5
Según la American Psychiatric Association (2014), en el DSM-5, la adicción a la cocaína no aparece literalmente como “adicción a la cocaína”, sino como trastorno por consumo de cocaína, incluido dentro de los trastornos por consumo de sustancias. Su característica
esencial es la presencia de síntomas cognitivos, comportamentales y fisiológicos significativos de una posible problemática relacionada con el consumo.
El diagnóstico se establece cuando existe un patrón problemático de consumo que provoca un deterioro o malestar clínicamente significativo, manifestado por al menos dos de los siguientes once criterios en un período de doce meses:
- La sustancia se consume con frecuencia en cantidades superiores o durante un tiempo más prolongado del previsto.
- Existe un deseo persistente de abandonar o controlar el consumo, o se han producido esfuerzos fracasados para reducirlo o interrumpirlo.
- Se invierte mucho tiempo en actividades necesarias para conseguir la sustancia, consumirla o recuperarse de sus efectos.
- Aparece craving, es decir, un deseo intenso o urgencia de consumir la sustancia.
- El consumo recurrente da lugar al incumplimiento de obligaciones fundamentales en el ámbito académico, laboral o doméstico.
- La persona continúa consumiendo a pesar de tener problemas sociales o interpersonales persistentes o recurrentes causados o agravados por los efectos de la sustancia.
- Se reducen o abandonan actividades sociales, ocupacionales o recreativas importantes a causa del consumo.
- Se produce un consumo recurrente en situaciones en las que hacerlo implica un riesgo físico.
- Se continúa consumiendo a pesar de saber que existe un problema físico o psicológico persistente o recurrente que probablemente ha sido causado o exacerbado por la sustancia.
- Hay tolerancia, entendida como la necesidad de consumir cantidades cada vez mayores para lograr el efecto deseado, o como una disminución notable del efecto con el consumo continuado de la misma cantidad.
- Hay abstinencia, manifestada por la aparición de un síndrome de abstinencia característico o por el consumo de la sustancia —o de otra similar— para aliviar o evitar dichos síntomas.
Estos criterios se pueden agrupar en cuatro bloques: 1. control deficitario (criterios 1-4), 2. deterioro social (criterios 5-7), 3. consumo de riesgo (criterios 8-9) y 4. criterios
farmacológicos (criterios 10-11).
Gravedad del trastorno
La gravedad se determina según el número de criterios cumplidos:
- Leve: 2-3 criterios.
- Moderado: 4-5 criterios.
- Grave: 6 o más criterios
Efectos a corto y largo plazo
Los efectos que la cocaína puede tener dependen fundamentalmente de la dosis y de la vía de administración, y aparecen casi de forma inmediata tras el consumo (National Institute on Drug Abuse, 2024).
Efectos a corto plazo
La cocaína produce una estimulación intensa del sistema nervioso central, generando (National Institute on Drug Abuse, 2024):
- Euforia intensa y aumento de energía
- Mayor atención y estado de alerta
- Disminución del apetito
- Reducción temporal de la necesidad de dormir
A nivel fisiológico puede provocar:
- Aumento de la frecuencia cardíaca.
- Elevación de la presión arterial.
- Dilatación de la pupila.
- Aumento de la temperatura corporal.
En dosis altas o en personas vulnerables pueden aparecer:
- Irritabilidad y ansiedad
- Conducta errática o violenta
- Paranoia y pánico
- Convulsiones
- Infarto o accidente cerebrovascular
- Riesgo de muerte súbita
La combinación con alcohol o con opioides (como heroína o fentanilo) incrementa significativamente el riesgo de toxicidad cardíaca y sobredosis.
Efectos a largo plazo
El consumo repetido produce cambios neurobiológicos que afectan al sistema de recompensa y a los circuitos del estrés, favoreciendo la dependencia y la recaída. Con el tiempo pueden desarrollarse (National Institute on Drug Abuse, 2024):
- Tolerancia (necesidad de mayores dosis)
- Dependencia y adicción
- Estados de ánimo negativos durante la abstinencia
A nivel físico y psicológico, el consumo crónico se asocia con:
- Problemas cardiovasculares (infartos, miocarditis, ictus)
- Daño neurológico y deterioro cognitivo
- Convulsiones
- Trastornos psiquiátricos (depresión, ansiedad, psicosis, etc.)
- Pérdida de peso y desnutrición
Las distintas vías de administración también tienen riesgos específicos como las:
- Lesiones nasales al inhalar
- Daño pulmonar al fumar
- Infecciones como VIH o hepatitis C en el consumo intravenoso
Síntomas de intoxicación por cocaína
La intoxicación por cocaína aparece con síntomas físicos, psicológicos y conductuales poco después del consumo.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Sensación intensa de euforia o excitación
- Hablar en exceso o discurso acelerado, en ocasiones centrado en situaciones personales difíciles
- Ansiedad, agitación, inquietud o confusión
- Temblores musculares, especialmente en la cara o los dedos
- Pupilas dilatadas que no reaccionan adecuadamente a la luz
- Aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial
- Sensación de aturdimiento
- Palidez
- Náuseas y vómitos
- Fiebre y sudoración
Cuando se consumen dosis elevadas o se produce una sobredosis, pueden aparecer manifestaciones más graves, como:
- Convulsiones
- Pérdida del contacto con la realidad (psicosis o delirios)
- Pérdida del control urinario
- Hipertermia (temperatura corporal muy elevada) y sudoración excesiva
- Hipertensión severa y ritmo cardíaco acelerado o irregular
- Coloración azulada de la piel (cianosis)
- Dificultad respiratoria
- Muerte
Cuando la cocaína se mezcla con otras sustancias se puede producir una agravamiento o modificación en los síntomas así como aumentar el riesgo de complicaciones graves, incluida la sobredosis.
Relación con otros problemas de salud mental
Existe una alta presencia a la vez de patología psiquiátrica con:
Trastornos del estado de ánimo
- Trastorno depresivo mayo
- Episodios depresivos inducidos por sustancias
- Sintomatología afectiva persistente
Existe una distinción entre trastornos depresivos primarios y aquellos inducidos por sustancias
La depresión puede ser:
- Previa al consumo (factor de riesgo)
- Consecuencia del consumo crónico
- Parte del síndrome de abstinencia
Trastornos de ansiedad
Son comunes:
- Trastorno de ansiedad generalizada
- Trastorno de pánico
- Ansiedad inducida por sustancias
Los síntomas ansiosos pueden ser primarios o inducidos por consumo
Trastornos psicóticos
La cocaína puede provocar:
- Ideas delirantes
- Paranoia
- Psicosis inducida por sustancias
Existen trastornos psicóticos inducidos por sustancias/medicamentos, diferenciándolos de la esquizofrenia primaria
Trastornos de personalidad
Existe asociación con:
- Trastorno límite de la personalidad
- Trastorno antisocial
- Rasgos impulsivos marcados
Otros trastornos relacionados
Trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH)
- Otros trastornos por consumo de sustancias (policonsumo)
Evaluación: cuándo y a quién consultar
Se recomienda que la atención profesional se busque cuando exista una pérdida de control sobre el consumo, intentos fallidos para reducir el mismo, recaídas o un deterioro evidente en el funcionamiento personal, familiar, académico o laboral. También debe consultar a un
especialista cuando aparezcan síntomas depresivos persistentes, ansiedad intensa, ideas paranoides, alteraciones psicóticas o cualquier complicación física asociada al consumo.
Cuando exista sospecha de intoxicación aguda por cocaína, especialmente si hay dolor torácico, convulsiones, alteración del nivel de conciencia o síntomas neurológicos, es imprescindible acudir de forma inmediata a urgencias.
Pruebas y exámenes médicos
Las pruebas y exámenes médicos que pueden solicitarse en caso de sospecha de intoxicación o de complicaciones derivadas del consumo son los siguientes:
Análisis de sangre
- Determinación de enzimas cardíacas (para detectar daño miocárdico o infarto)
- Electrocardiograma (ECG) para evaluar la actividad eléctrica del corazón
- Radiografía de tórax
- Tomografía computarizada (TC) craneal, si se sospecha hemorragia o lesión cerebral
- Examen toxicológico en sangre u orina
Profesionales indicados
El abordaje en casos de adicción a la cocaína debe realizarse por profesionales especializados, entre ellos:
- Psiquiatra
- Psicólogo clínico
- Unidades de Conductas Adictivas (UCA) o centros especializados en adicciones
La evaluación temprana y el tratamiento especializado mejoran significativamente el pronóstico y reducen el riesgo de complicaciones graves
Evaluación: ¿cómo saber si mi familiar tiene un problema?
Aunque reconocer un problema de consumo de cocaína puede resultar difícil, existen algunos signos conductuales, emocionales y físicos que pueden ayudar a identificar una posible adicción.
Desde el plano conductual, la persona puede mostrar una búsqueda constante de la sustancia. También suele observarse un cambio en sus hábitos, descuido de sus responsabilidades y una tendencia al aislamiento o a relacionarse con entornos asociados al consumo. También, es frecuente identificar una pérdida de control, con un aumento significativo del consumo o su aparición en situaciones inapropiadas.
En el plano emocional, pueden aparecer cambios bruscos de humor, irritabilidad, ansiedad, euforia seguida de bajones emocionales o incluso síntomas depresivos. La persona puede mostrarse más impulsiva o agresiva.
Desde el punto de vista físico, las alteraciones del sueño, la pérdida de apetito, la hiperactividad o el cansancio extremo tras el consumo suelen ser señales de alarma. Además,
pueden observarse síntomas como pupilas dilatadas, inquietud o aumento de la energía durante las fases de consumo.
Otro aspecto clave para identificar un problema es la negación del mismo, a través de la minimización de las consecuencias o la justificación del consumo, incluso cuando este empieza a tener efectos evidentes en la vida personal, social o laboral.
La presencia de varios de estos indicadores puede sugerir un problema relacionado con la adicción, siendo recomendable acudir a un profesional para una valoración adecuada.
Tratamientos y apoyos disponibles
El tratamiento del trastorno por consumo de cocaína debe de ser un abordaje integral que combine evaluación médica, intervención psicológica y apoyo social. Actualmente, no existen medicamentos aprobados específicamente para tratar la adicción a la cocaína; sin embargo, sí existen múltiples intervenciones conductuales que han demostrado eficacia.
Evaluación y desintoxicación
El proceso terapéutico comienza con una evaluación clínica para determinar el nivel de dependencia, la presencia de comorbilidades psiquiátricas y posibles complicaciones médicas. En casos de intoxicación aguda, el tratamiento puede incluir monitorización de signos vitales, administración de oxígeno, sueros y medicación intravenosa y medicación para controlar síntomas como ansiedad, agitación, convulsiones, hipertensión o alteraciones cardíacas.
La desintoxicación supervisada permite manejar de forma segura los síntomas iniciales y reducir riesgos médicos asociados.
Intervenciones psicológicas
Manejo de contingencias (Contingency Management)
El manejo de contingencias consiste en un sistema de incentivos que refuerza la abstinencia mediante recompensas cuando el paciente mantiene resultados negativos en pruebas toxicológicas, esto parece aumentar el mantenimiento al tratamiento y prolonga los periodos de abstinencia.
Terapia cognitivo-conductual (TCC)
La terapia cognitivo-conductual ayuda al paciente a:
- Identificar situaciones de riesgo
- Desarrollar estrategias de afrontamiento
- Manejar el craving
- Modificar pensamientos disfuncionales relacionados con el consumo
La TCC mejora la abstinencia a largo plazo, especialmente cuando se combina con otras intervenciones.
Comunidades terapéuticas
Las comunidades terapéuticas son programas residenciales libres de drogas donde los pacientes permanecen durante meses (entre 6 y 12). Estos incluyen:
- Rehabilitación psicosocial
- Entrenamiento en habilidades laborales
- Apoyo estructurado entre iguales
Apoyo posterior al tratamiento
El seguimiento tras el tratamiento intensivo es fundamental para prevenir recaídas. El cuidado posterior puede incluir:
- Terapia individual continuada
- Terapia de grupo
- Grupos de autoayuda comunitarios
- Intervención en problemas laborales o familiares
La evidencia indica que factores como la autoeficacia, el compromiso con la abstinencia y el apoyo social aumentan la probabilidad de mantenimiento a largo plazo.
Qué puede hacer la familia y el entorno
El papel del entorno es clave en el proceso de recuperación. La familia puede:
- Fomentar la búsqueda de ayuda profesional
- Ofrecer apoyo emocional sin minimizar el problema
- Establecer límites claros
- Participar en terapia familiar cuando esté indicado
- Evitar conductas que refuercen el consumo
El acompañamiento empático, combinado con límites saludables, mejora la adherencia al tratamiento y reduce el riesgo de recaídas.
Prevención específica
La prevención específica del consumo de cocaína requiere un enfoque que combine intervenciones en el ámbito individual, familiar y comunitario, orientadas a reducir factores de riesgo y fortalecer factores protectores.
A nivel individual, es fundamental promover y desarrollar habilidades de regulación emocional, autocontrol y toma de decisiones asertivas, así como fomentar estilos de vida saludables. Resulta clave trabajar la autoestima y el desarrollo de metas y un proyecto de vida, ya que actúan como factores protectores frente al consumo. La educación sobre los riesgos reales asociados a la cocaína es esencial para prevenir su inicio, especialmente si se tiene en cuenta que esta sustancia puede generar dependencia en un periodo relativamente corto de tiempo. Informar de manera clara sobre sus efectos y consecuencias contribuye a reducir la probabilidad de consumo (Clínica Recal, 2026b; Comunidad de Madrid, s. f.).
Además, es importante considerar ciertos factores de riesgo que aumentan la vulnerabilidad a la adicción, como los antecedentes familiares de consumo, la presencia de problemas de salud
mental, la influencia del entorno social o determinadas condiciones socioeconómicas. La identificación de estos factores permite intervenir de forma temprana (Clínica Recal, 2026b; Comunidad de Madrid, s. f.).
En el ámbito familiar, es crucial mantener una comunicación abierta, establecer normas claras y ofrecer apoyo emocional. Un entorno familiar estructurado y el acompañamiento en momentos de vulnerabilidad reducen significativamente la probabilidad de consumo (Clínica Recal, 2026b; Comunidad de Madrid, s. f.).
Desde el contexto social y comunitario, las estrategias de prevención deben centrarse en el desarrollo de campañas de sensibilización, programas educativos y la promoción de entornos seguros. Asimismo, fomentar relaciones interpersonales positivas y redes de apoyo contribuye a disminuir el riesgo de consumo.
Es fundamental promover alternativas de ocio saludable, como la participación en actividades deportivas, culturales o recreativas, ayuda a ocupar el tiempo libre de manera saludable, adaptativa y reduce la exposición a contextos de riesgo. Del mismo modo, el establecimiento de objetivos personales claros, ya sean académicos, profesionales o vitales, actúa como un factor protector frente al consumo de sustancias (Clínica Recal, 2026b; Comunidad de Madrid, s. f.).
Por último, la identificación temprana de conductas de riesgo permite intervenir antes de que se desarrolle una adicción, siendo fundamental recurrir a ayuda profesional en caso de sospecha.
Recursos en España
- Teléfono de emergencias (112)
Número general de urgencias en España para situaciones graves o de riesgo inmediato (intoxicación, pérdida de conciencia, convulsiones, etc.)
- Plan Nacional sobre Drogas (PNSD)
Servicio de información, prevención y coordinación de recursos a nivel estatal.
- Centros de Atención a las Adicciones (CAD) – Madrid Salud https://madridsalud.es/adicciones/centros-de-atencion-a-las-adicciones-cad/ Servicios públicos especializados en evaluación, tratamiento y seguimiento de adicciones.
- Comunidad de Madrid – Atención a las adicciones https://www.comunidad.madrid/servicios/salud/adicciones Información y acceso a recursos públicos en materia de adicciones.
- Proyecto Hombre
Programas de prevención, tratamiento y reinserción social.
- Cruz Roja – Programa de drogodependencias
Intervención social, apoyo psicológico y programas de reducción de daños.
- Fundación Atenea
https://www.fundacionatenea.org
Programas de intervención, prevención y apoyo social en adicciones.
- Clínica Recal
Centro especializado en el tratamiento integral de adicciones.
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