Internet y redes sociales
Descripción breve
Ciertos comportamientos que aparentan ser inofensivos pueden transformarse en conductas adictivas. La adicción comportamental o sin sustancia se puede equiparar a la adicción a sustancia ya que comparte bases neurobiológicas, genera efectos similares en el organismo e impacta de forma significativa en la funcionalidad y calidad de vida del individuo (Roncero et al., 2023).
La actual revolución digital ha dado lugar a nuevas formas de posible adicción comportamental, destacando a internet y a redes sociales. El uso problemático de la tecnología se caracteriza por la sensación de incapacidad para detener la conducta, sensación de descontrol, dependencia, síndrome de abstinencia cuando la conducta no puede realizarse y descuido de otras áreas vitales (Roncero et al., 2023; CEAPA, 2021). En algunos casos puede adquirir características de tipo adictivo, con tolerancia, abstinencia y dependencia como con una sustancia, aunque la mayoría de los casos se expresan como uso problemático por el excesivo uso de tiempo, apartar de otras actividades sanas y preocupación cuando no se puede acceder.
Datos en España
Algunos estudios coinciden en que el uso problemático de internet y redes sociales es un fenómeno relevante que repercute nacionalmente y en especial a adolescentes y jóvenes (Echeburúa, 2012; Aponte, 2017).
En referencia al uso problemático de internet, en el año 2024 la prevalencia alcanza su máximo pico en población adolescente y adulta joven (11.7%). Además, se estima que el 3.7% de la población española de entre 15 a 64 años ha llevado a cabo un uso problemático de internet (EDADES, 2024). La Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España confirma que el uso problemático de internet es mayor en mujeres que en hombres (H: 15.5%, M: 23.4%) (ESTUDES, 2025) hecho que del mismo modo respalda en 2021 la CEAPA (H: 16.4%, M: 23.4%).
En cuanto al uso compulsivo de redes sociales, durante el último año el 15.3% de los estudiantes de entre 14 y 18 años presenta un uso problemático de RRSS (ESTUDES, 2024). Además, los estudiantes de 18 años son los que más uso llevan a cabo (16.1%) (ESTUDES, 2024) sin existir apenas diferencias entre sexos (ESTUDES, 2024).
Durante la II Jornada de Salud Mental en Contextos Educativos celebrada en febrero de 2025 Maite Garaigordobil Landazábal, catedrática en psicología, expuso algunos datos alarmantes: España posee el porcentaje más elevado de uso problemático de internet en población infantojuvenil (menores de entre 9 y 16 años) y específicamente se estima que el 13% de los menores entre 12 y 21 años padecen ciberadicción y el 32% se encuentra en riesgo activo de desarrollarla (Infocop, 2025).
Señales de alarma
La presencia de algunos signos o síntomas concretos pueden actuar como señales de alerta. Detectar estos pródromos de forma precoz puede prevenir la problemática (CEAPA, 2021; Encinas & González, 2010).
- Existe agresividad, enfado, mal humor, ansiedad e irritabilidad cuando no se realiza la conducta o la persona se encuentra bajo los efectos del síndrome de abstinencia (scrolling en redes sociales, no tener el móvil cerca, quedarse sin batería, problemas de conexión…).
- Deseo irrefrenable (craving) de estar cerca de un dispositivo y utilizar las redes sociales.
- Intentos fallidos de limitar el tiempo de conexión online.
- Mentir acerca del tiempo de uso (Quirónsalud, s. f.).
- Comprobación frecuente de notificaciones.
- Sobreexposición en redes sociales (Quirónsalud, s. f.).
- Privación de horas de sueño.
- Abandono de las responsabilidades correspondientes y bajo rendimiento laboral o académico (Quirónsalud, s. f.).
- Reducción significativa de actividades sociales (aislamiento, comunicación social) y de ocio.
Criterios de “adicción”
Aún no existe una etiqueta diagnóstica formal e independiente para nombrar la adicción a internet y redes sociales. Sin embargo, durante los últimos años la práctica clínica y la investigación científica han detectado una creciente dependencia hacía comportamientos como el scrolling o la revisión continua de redes sociales. Los profesionales denominan informalmente esta adicción como “uso problemático de internet” o “uso compulsivo de redes sociales” (OEDA, 2025).
El incremento significativo de la prevalencia, sobre todo entre niños y adolescentes (Echeburúa, 2012; CEAPA, 2021), genera la necesidad de incluir la problemática en manuales clínicos diagnósticos con la finalidad de facilitar una prevención, evaluación y tratamiento adecuados.
Se evalúan criterios similares a los propuestos por el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales o DSM-5-TR (APA, 2022) para adicciones a sustancias ya que los comportamientos relacionados con pantallas activan sistemas de recompensa similares a los activados por el consumo de sustancias (APA, 2022).
La sensación de incapacidad para frenar la conducta, la presencia de síndrome de abstinencia al no poder buscar o acceder a la pantalla o red social, el aumento de la tolerancia a los efectos de la conducta y la interferencia de la adicción en la vida diaria son algunos de los criterios a tener en cuenta (Echeburúa & Corral, 2010; Roncero et al., 2023).
Efectos a corto y a largo plazo
A corto plazo, el uso excesivo y descontrolado de pantallas y redes sociales puede desencadenar consecuencias de carácter multidimensional (Eddy et al., 2025; CEAPA, 2021; Mayo Clinic, 2025), tanto fisiológicas (alteración y disminución del sueño, reducción de ejercicio físico, fatiga), como cognitivas (afectación de la atención sostenida), como emocionales (frustración, irritabilidad, apatía, ánimo deprimido), como funcionales (abandono de actividades sociales, de ocio o de responsabilidades académicas / laborales) y sociales (aislamiento social).
A largo plazo, la exposición prolongada y de carácter dependiente a tecnologías se ha asociado con problemas de salud física (molestias musculoesqueléticas y oculares), salud psicosocial (afectación en funciones ejecutivas relacionadas con la planificación, inhibición de conductas, pensamientos disfuncionales acerca de la propia valía, autoconcepto o autoimagen corporal, disminución de la capacidad creativa, irritabilidad y ánimo deprimido) y funcionalidad (menor rendimiento académico / laboral, retraimiento social y escaso apoyo social percibido). En adolescentes y jóvenes estos efectos pueden interferir en etapas clave del desarrollo socioemocional y cognitivo (Echeburúa & Corral, 2010; Quirónsalud, s.f.).
Factores de riesgo
Las personas que se encuentran en riesgo o son más vulnerables a la hora de desarrollar una adicción a Internet y a redes sociales no son necesariamente aquellas que más las usan, sino aquellas con una predisposición traducida a vulnerabilidad psicosocial (Echeburúa & Corral, 2010).
Como factores demográficos, se reportan características asociadas fundamentalmente a la edad (Echeburúa & Corral, 2010). La adolescencia constituye una etapa de vulnerabilidad por el manejo fluido de las nuevas tecnologías y por características psicosociales propias de la etapa (apertura y búsqueda de nuevas experiencias, necesidad de conexión, pertenencia, impulsividad, menor capacidad de autorregulación emocional…).
Como factores psicológicos, fenómenos como la impulsividad, disforia, intolerancia a sensaciones o emociones desagradables, búsqueda de emociones intensas, baja autoestima, timidez y estilos de afrontamiento o gestión emocional desadaptativo predisponen la conducta adictiva (Echeburúa & Corral, 2010; Moral & Suárez, 2016). La existencia de psicopatología previa exacerba el riesgo de acceder a las redes y pantallas como mecanismo de regulación emocional (Echeburúa 2012; Moral & Suárez, 2016).
Como factores sociales, destacan el aislamiento social, la pertenencia a un grupo de personas que consume en exceso pantallas y redes sociales, una escasa cohesión familiar y estilos de crianza autoritarios o permisivos (Echeburúa 2012; Moral & Suárez, 2016; Aponte, 2017).
Relación con otros problemas de salud mental
La literatura reciente sugiere que el uso problemático de internet y redes sociales se asocia de forma consistente con un aumento de la sintomatología ansiosa, depresiva y obsesiva, especialmente en niños, adolescentes y jóvenes.
Además, no solo se ha observado un empeoramiento del malestar emocional sino también una mayor impulsividad, conductas agresivas, somatizaciones, baja autoestima y desregulación emocional. Todo ello indica una afectación amplia del funcionamiento psicológico (Eddy et al., 2025).
En términos de comorbilidad psiquiátrica, los trastornos que aparecen con mayor frecuencia asociados al uso problemático de internet son los trastornos de ansiedad, especialmente ansiedad social y ansiedad generalizada (Quirónsalud, s.f.; Bustamante et al., 2025); los trastornos depresivos, los trastornos del neurodesarrollo como el TDAH y el TE; los trastornos de conducta; los trastornos de la conducta alimentaria y los trastornos relacionados con la imagen corporal, entre ellos el trastorno dismórfico corporal (Schou et al., 2017).
Esta asociación es especialmente relevante en el caso de las redes sociales basadas en imágenes o vídeos, donde la comparación social y la presión por la apariencia física pueden intensificar la vulnerabilidad psicológica (Eddy et al., 2025). También se ha descrito relación con conductas autolesivas e ideación suicida en especial cuando existe ciberacoso o exposición repetida a contenidos de autolesión en redes sociales (Eddy et al., 2025).
Evaluación
Internet Addiction Test (Puerta-Cortés et al., 2012)
Evaluación: ¿cómo saber si mi familiar tiene un problema?
A continuación se puntualizan algunas señales de alerta que si se encuentran presentes en su entorno cercano podrían indicar la presencia encubierta de una adicción comportamental a pantallas y redes sociales: enfado, irritabilidad y frustración cuando se limita el acceso, incapacidad para reducir el uso, presencia usual de conflicto familiar que gira en torno al acceso repetido a las pantallas o redes, mentiras sobre el tiempo conectado, alteraciones de sueño – insomnio – y abandono de responsabilidades o actividades placenteras llevadas a cabo de forma previa a la adicción (CEAPA, 2021).
Si en su entorno logra detectar algún signo o señal de alarma similar a los expuestos anteriormente, no dude en consultar a la persona en cuestión la posibilidad de recibir ayuda y buscar valoración y ayuda profesional. Si se perciben conductas graves asociadas al consumo en un familiar o conocido (ejemplo: ideas de autolesión / suicidio) será esencial recurrir a la atención urgente ( teléfono 112) o a línea de atención a la crisis de conducta suicida 024 (Ministerio de Sanidad, s.f.).
Tratamientos y apoyos disponibles
- Ministerio de Sanidad. Centros de Atención a las Adicciones Portal Plan Nacional sobre Drogas – Ayuda Cerca de ti
- Centros de Atención a las Adicciones (CAID / CAT) en Madrid Atención en adicciones | Comunidad de Madrid
- Atención de urgencia
- 112 (emergencias). (Ministerio de Sanidad, 2026)
- 024 (atención a conducta suicida; apoyo a la persona y familiares). (Ministerio de Sanidad, 2026)
- Fad Juventud (SIOF). Ayuda psicológica gratuita para jóvenes y familias. » Servicio de Información y Orientación para jóvenes
- Centro AdCom Madrid (Hospital Gregorio Marañón). Centro AdCom »Madrid» Recursos FAD
- Clínicas y centros
- UniAdic. Especializados en Adicciones y Salud Mental | Madrid
- Fundación Instituto Spiral. Programas terapéuticos y rehabilitación de adicciones| Instituto Spiral –
¿Qué puede hacer la familia y el entorno?
La familia ejerce un papel de gran relevancia dentro del proceso de recuperación (Quirónsalud, s.f.). Ésta puede ayudar:
- Manteniendo una comunicación abierta y sin juicios acerca de pensamientos, emociones y sensaciones que acompañan al problema. La investigación indica que un entorno familiar comprensivo y validante reduce el uso problemático de internet y redes (Sevilla-Fernández, 2025)
- Estableciendo límites claros y conscientes. Medidas como delimitar horarios de uso, establecer momentos sin pantallas – especialmente durante comidas y momento antes de dormir – y negociar un tiempo máximo de pantalla diario ayudan a disminuir el tiempo que se pasa navegando en internet o scrolleando en redes (Vondráčková & Gabrhelík, 2016)
- Reforzando actividades alternativas a las pantallas. Se recomienda potenciar actividades que ayuden a reemplazar el refuerzo positivo que generan las redes por un refuerzo positivo derivado de otras actividades que no impliquen tecnologías. El deporte, lectura, hobbies y actividades familiares son algunos ejemplos (Montañés, 2017)
- Dando ejemplo con el propio uso de la tecnología (Caro Amada & Plaza De La Hoz, 2016)
- Detectando precozmente señales de alarma (CEAPA, 2021; Becoña, 2002)
Prevención específica
La prevención de adicción a TICs debe empezar en casa y en la escuela con educación digital, hábitos de sueño saludables y entrenamiento en autorregulación. También es recomendable enseñar a identificar señales tempranas de uso problemático, como pérdida de control, necesidad constante de revisar el móvil o malestar cuando no hay conexión (Echeburúa & Corral, 2010; Chóliz, 2017; Plaza et al., 2024).
En población infantil y adolescente la prevención es más eficaz cuando combina supervisión parental, normas adaptadas a la edad y promoción de actividades offline que refuercen habilidades sociales, deportivas y académicas. La idea central es favorecer un uso consciente y limitado, no demonizar la tecnología ya que el problema no es la herramienta en sí, sino el patrón de uso desadaptativo (Echeburúa & Corral, 2010; Chóliz, 2017; Plaza et al., 2024).
Referencias bibliográficas
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