Cocaina

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Descripción breve

La adicción a la cocaína es considerada un trastorno grave por consumo de sustancias. La cocaína es una droga estimulante altamente adictiva elaborada a partir de las hojas de la planta Erythroxylon coca. Su consumo puede darse por diversas vías, como inhalación, aplicación en las encías, inyección intravenosa o fumada en forma de crack.

La principal característica de la cocaína es la intensa estimulación que produce en el sistema nervioso central, lo que genera una sensación inmediata de euforia y aumenta la energía, el estado de alerta y la sensación de confianza. Sin embargo, estos efectos placenteros van acompañados de una alta capacidad adictiva, que puede derivar en graves consecuencias físicas, psicológicas y sociales, incluyendo sobredosis y el desarrollo de un trastorno grave por consumo de sustancias.

¿Cómo se produce?

La cocaína actúa en el cerebro bloqueando la recaptación de dopamina, neurotransmisor relacionado con el placer y la motivación. Lo que puede provocar una acumulación anormal de dopamina en los circuitos de recompensa, generando una sensación intensa de bienestar. El problema es que cuando el consumo es repetido en el tiempo, el cerebro acaba por adaptarse a estos niveles elevados lo que reduce su capacidad de experimentar placer de forma natural sin tener que llegar a esos niveles.

Con el tiempo aparece la tolerancia, lo que se traduce como la necesidad de mayores cantidades para lograr el mismo efecto placentero y a su vez también se producen cambios neurobiológicos en los sistemas de recompensa, estrés y toma de decisiones. Estas alteraciones explican la pérdida progresiva de control y la dificultad para dejar la sustancia, incluso cuando la persona es consciente del daño (Plan Nacional sobre Drogas, s. f.).

Es común que el consumo comience a convertirse en una forma de escapar de situaciones difíciles o incluso en un recurso para mejorar el estado de ánimo (Clínica Recal, 2026b). Sin embargo, a medida que la dependencia aumenta, la percepción de necesidad que experimenta la persona puede llegar a vincularse directamente con su funcionamiento cotidiano y con la idea de “normalidad”.

Al hablar de consumo crónico es importante mencionar que este puede llegar a provocar complicaciones graves, como trastorno por consumo de cocaína, alteraciones psiquiátricas, problemas cardiovasculares y riesgo de sobredosis, especialmente cuando la sustancia está adulterada.

Datos en España

Según el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones y la encuesta EDADES 2022 (Plan Nacional sobre Drogas, Ministerio de Sanidad), la cocaína es una de las sustancias

ilícitas más consumidas en España. En la población de 15 a 64 años, el 11,7 % ha consumido cocaína en polvo alguna vez en la vida, el 2,3 % lo hizo en el último año y el 1,3 % en el último mes (Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones [OEDA], 2023).

En el caso de los adolescentes de 14 a 18 años, los datos de ESTUDES 2025 indican que el porcentaje de estudiantes que ha consumido cocaína alguna vez en la vida se mantiene en el 2,9 %. La edad media de inicio se sitúa en 14,7 años y el consumo es aproximadamente el doble en hombres que en mujeres (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, 2025a, 2025b).

Estos datos sitúan a España entre los países europeos con mayor prevalencia de consumo de cocaína, según el Informe Europeo sobre Drogas (EMCDDA, 2023). Además, se estima que un porcentaje significativo de los consumidores desarrolla trastornos por consumo de sustancias, y el uso prolongado puede generar complicaciones cardiovasculares, neurológicas y psiquiátricas a largo plazo (European Union Drugs Agency [EUDA], 2023).

En cuanto al tratamiento, las intervenciones especializadas han mostrado eficacia, con tasas de éxito que oscilan aproximadamente entre el 30 % y el 50 %, dependiendo del tipo de abordaje terapéutico y del perfil del paciente.

Síntomas de la adicción a la cocaína

Reconocer la adicción a la cocaína resulta complejo, especialmente en fases iniciales; sin embargo, existen signos y síntomas frecuentes que pueden ayudar a identificar un posible problema (Clínica Recal, 2026b).

Desde el punto de vista conductual, suele observarse un aumento progresivo en la frecuencia y la cantidad de consumo, así como intentos fallidos de reducir o controlar su uso. También pueden aparecer dificultades para cumplir con responsabilidades laborales, académicas o familiares, problemas financieros derivados de la compra de la sustancia y un progresivo aislamiento social que deteriora las relaciones interpersonales (Clínica Recal, 2026b).

En el plano emocional, quienes presentan esta adicción suelen manifestar alteraciones del estado de ánimo, caracterizadas por irritabilidad, ansiedad y posibles episodios depresivos (Clínica Recal, s. f.; Alías-Ferri et al., 2021). Durante los periodos de consumo puede experimentarse un aumento de energía y euforia, seguido de fases de letargo, desmotivación o abatimiento. Asimismo, pueden presentarse alteraciones del sueño, como insomnio, y pérdida de apetito.

Finalmente, en lo que respecta a la cognición, el consumo puede asociarse con una marcada impulsividad, dificultades en la toma de decisiones, paranoia o ideas delirantes (Giordano et al., 2024). Estas manifestaciones tienden a intensificarse cuando existe comorbilidad con otros trastornos psiquiátricos (Giordano et al., 2024; Alías-Ferri et al., 2021).

Criterios del trastorno por consumo
de cocaína según el DSM-5

Según la American Psychiatric Association (2014), en el DSM-5, la adicción a la cocaína no aparece literalmente como “adicción a la cocaína”, sino como trastorno por consumo de cocaína, incluido dentro de los trastornos por consumo de sustancias. Su característica

esencial es la presencia de síntomas cognitivos, comportamentales y fisiológicos significativos de una posible problemática relacionada con el consumo.

El diagnóstico se establece cuando existe un patrón problemático de consumo que provoca un deterioro o malestar clínicamente significativo, manifestado por al menos dos de los siguientes once criterios en un período de doce meses:

  1. La sustancia se consume con frecuencia en cantidades superiores o durante un tiempo más prolongado del previsto.
  2. Existe un deseo persistente de abandonar o controlar el consumo, o se han producido esfuerzos fracasados para reducirlo o interrumpirlo.
  3. Se invierte mucho tiempo en actividades necesarias para conseguir la sustancia, consumirla o recuperarse de sus efectos.
  4. Aparece craving, es decir, un deseo intenso o urgencia de consumir la sustancia.
  5. El consumo recurrente da lugar al incumplimiento de obligaciones fundamentales en el ámbito académico, laboral o doméstico.
  6. La persona continúa consumiendo a pesar de tener problemas sociales o interpersonales persistentes o recurrentes causados o agravados por los efectos de la sustancia.
  7. Se reducen o abandonan actividades sociales, ocupacionales o recreativas importantes a causa del consumo.
  8. Se produce un consumo recurrente en situaciones en las que hacerlo implica un riesgo físico.
  9. Se continúa consumiendo a pesar de saber que existe un problema físico o psicológico persistente o recurrente que probablemente ha sido causado o exacerbado por la sustancia.
  10. Hay tolerancia, entendida como la necesidad de consumir cantidades cada vez mayores para lograr el efecto deseado, o como una disminución notable del efecto con el consumo continuado de la misma cantidad.
  11. Hay abstinencia, manifestada por la aparición de un síndrome de abstinencia característico o por el consumo de la sustancia —o de otra similar— para aliviar o evitar dichos síntomas.

Estos criterios se pueden agrupar en cuatro bloques: 1. control deficitario (criterios 1-4), 2. deterioro social (criterios 5-7), 3. consumo de riesgo (criterios 8-9) y 4. criterios

farmacológicos (criterios 10-11).

Gravedad del trastorno

La gravedad se determina según el número de criterios cumplidos:

  • Leve: 2-3 criterios.
  • Moderado: 4-5 criterios.
  • Grave: 6 o más criterios

Efectos a corto y largo plazo

Los efectos que la cocaína puede tener dependen fundamentalmente de la dosis y de la vía de administración, y aparecen casi de forma inmediata tras el consumo (National Institute on Drug Abuse, 2024).

Efectos a corto plazo

La cocaína produce una estimulación intensa del sistema nervioso central, generando (National Institute on Drug Abuse, 2024):

  • Euforia intensa y aumento de energía
  • Mayor atención y estado de alerta
  • Disminución del apetito
  • Reducción temporal de la necesidad de dormir

A nivel fisiológico puede provocar:

  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Elevación de la presión arterial.
  • Dilatación de la pupila.
  • Aumento de la temperatura corporal.

En dosis altas o en personas vulnerables pueden aparecer:

  • Irritabilidad y ansiedad
  • Conducta errática o violenta
  • Paranoia y pánico
  • Convulsiones
  • Infarto o accidente cerebrovascular
  • Riesgo de muerte súbita

La combinación con alcohol o con opioides (como heroína o fentanilo) incrementa significativamente el riesgo de toxicidad cardíaca y sobredosis.

Efectos a largo plazo

El consumo repetido produce cambios neurobiológicos que afectan al sistema de recompensa y a los circuitos del estrés, favoreciendo la dependencia y la recaída. Con el tiempo pueden desarrollarse (National Institute on Drug Abuse, 2024):

  • Tolerancia (necesidad de mayores dosis)
  • Dependencia y adicción
  • Estados de ánimo negativos durante la abstinencia

A nivel físico y psicológico, el consumo crónico se asocia con:

  • Problemas cardiovasculares (infartos, miocarditis, ictus)
  • Daño neurológico y deterioro cognitivo
  • Convulsiones
  • Trastornos psiquiátricos (depresión, ansiedad, psicosis, etc.)
  •  
  • Pérdida de peso y desnutrición

Las distintas vías de administración también tienen riesgos específicos como las:

  • Lesiones nasales al inhalar
  • Daño pulmonar al fumar
  • Infecciones como VIH o hepatitis C en el consumo intravenoso

Síntomas de intoxicación por cocaína

La intoxicación por cocaína aparece con síntomas físicos, psicológicos y conductuales poco después del consumo.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Sensación intensa de euforia o excitación
  • Hablar en exceso o discurso acelerado, en ocasiones centrado en situaciones personales difíciles
  • Ansiedad, agitación, inquietud o confusión
  • Temblores musculares, especialmente en la cara o los dedos
  • Pupilas dilatadas que no reaccionan adecuadamente a la luz
  • Aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial
  • Sensación de aturdimiento
  • Palidez
  • Náuseas y vómitos
  • Fiebre y sudoración

Cuando se consumen dosis elevadas o se produce una sobredosis, pueden aparecer manifestaciones más graves, como:

  • Convulsiones
  • Pérdida del contacto con la realidad (psicosis o delirios)
  • Pérdida del control urinario
  • Hipertermia (temperatura corporal muy elevada) y sudoración excesiva
  • Hipertensión severa y ritmo cardíaco acelerado o irregular
  • Coloración azulada de la piel (cianosis)
  • Dificultad respiratoria
  • Muerte

Cuando la cocaína se mezcla con otras sustancias se puede producir una agravamiento o modificación en los síntomas así como aumentar el riesgo de complicaciones graves, incluida la sobredosis.

Relación con otros problemas de salud mental

Existe una alta presencia a la vez de patología psiquiátrica con:

Trastornos del estado de ánimo

  • Trastorno depresivo mayo
  • Episodios depresivos inducidos por sustancias
  • Sintomatología afectiva persistente

Existe una distinción entre trastornos depresivos primarios y aquellos inducidos por sustancias

La depresión puede ser:

  • Previa al consumo (factor de riesgo)
  • Consecuencia del consumo crónico
  • Parte del síndrome de abstinencia

Trastornos de ansiedad

Son comunes:

  • Trastorno de ansiedad generalizada
  • Trastorno de pánico
  • Ansiedad inducida por sustancias

Los síntomas ansiosos pueden ser primarios o inducidos por consumo

Trastornos psicóticos

La cocaína puede provocar:

  • Ideas delirantes
  • Paranoia
  • Psicosis inducida por sustancias

Existen trastornos psicóticos inducidos por sustancias/medicamentos, diferenciándolos de la esquizofrenia primaria

Trastornos de personalidad

Existe asociación con:

  • Trastorno límite de la personalidad
  • Trastorno antisocial
  • Rasgos impulsivos marcados

 

Otros trastornos relacionados

Trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH)

    • Otros trastornos por consumo de sustancias (policonsumo)

Evaluación: cuándo y a quién consultar

Se recomienda que la atención profesional se busque cuando exista una pérdida de control sobre el consumo, intentos fallidos para reducir el mismo, recaídas o un deterioro evidente en el funcionamiento personal, familiar, académico o laboral. También debe consultar a un

especialista cuando aparezcan síntomas depresivos persistentes, ansiedad intensa, ideas paranoides, alteraciones psicóticas o cualquier complicación física asociada al consumo.

Cuando exista sospecha de intoxicación aguda por cocaína, especialmente si hay dolor torácico, convulsiones, alteración del nivel de conciencia o síntomas neurológicos, es imprescindible acudir de forma inmediata a urgencias.

Pruebas y exámenes médicos

Las pruebas y exámenes médicos que pueden solicitarse en caso de sospecha de intoxicación o de complicaciones derivadas del consumo son los siguientes:

Análisis de sangre

  • Determinación de enzimas cardíacas (para detectar daño miocárdico o infarto)
  • Electrocardiograma (ECG) para evaluar la actividad eléctrica del corazón
  • Radiografía de tórax
  • Tomografía computarizada (TC) craneal, si se sospecha hemorragia o lesión cerebral
  • Examen toxicológico en sangre u orina

Profesionales indicados

El abordaje en casos de adicción a la cocaína debe realizarse por profesionales especializados, entre ellos:

  • Psiquiatra
  • Psicólogo clínico
  • Unidades de Conductas Adictivas (UCA) o centros especializados en adicciones

La evaluación temprana y el tratamiento especializado mejoran significativamente el pronóstico y reducen el riesgo de complicaciones graves

Evaluación: ¿cómo saber si mi familiar tiene un problema?

Aunque reconocer un problema de consumo de cocaína puede resultar difícil, existen algunos signos conductuales, emocionales y físicos que pueden ayudar a identificar una posible adicción.

Desde el plano conductual, la persona puede mostrar una búsqueda constante de la sustancia. También suele observarse un cambio en sus hábitos, descuido de sus responsabilidades y una tendencia al aislamiento o a relacionarse con entornos asociados al consumo. También, es frecuente identificar una pérdida de control, con un aumento significativo del consumo o su aparición en situaciones inapropiadas.

En el plano emocional, pueden aparecer cambios bruscos de humor, irritabilidad, ansiedad, euforia seguida de bajones emocionales o incluso síntomas depresivos. La persona puede mostrarse más impulsiva o agresiva.

Desde el punto de vista físico, las alteraciones del sueño, la pérdida de apetito, la hiperactividad o el cansancio extremo tras el consumo suelen ser señales de alarma. Además,

pueden observarse síntomas como pupilas dilatadas, inquietud o aumento de la energía durante las fases de consumo.

Otro aspecto clave para identificar un problema es la negación del mismo, a través de la minimización de las consecuencias o la justificación del consumo, incluso cuando este empieza a tener efectos evidentes en la vida personal, social o laboral.

La presencia de varios de estos indicadores puede sugerir un problema relacionado con la adicción, siendo recomendable acudir a un profesional para una valoración adecuada.

Tratamientos y apoyos disponibles

El tratamiento del trastorno por consumo de cocaína debe de ser un abordaje integral que combine evaluación médica, intervención psicológica y apoyo social. Actualmente, no existen medicamentos aprobados específicamente para tratar la adicción a la cocaína; sin embargo, sí existen múltiples intervenciones conductuales que han demostrado eficacia.

Evaluación y desintoxicación

El proceso terapéutico comienza con una evaluación clínica para determinar el nivel de dependencia, la presencia de comorbilidades psiquiátricas y posibles complicaciones médicas. En casos de intoxicación aguda, el tratamiento puede incluir monitorización de signos vitales, administración de oxígeno, sueros y medicación intravenosa y medicación para controlar síntomas como ansiedad, agitación, convulsiones, hipertensión o alteraciones cardíacas.

La desintoxicación supervisada permite manejar de forma segura los síntomas iniciales y reducir riesgos médicos asociados.

Intervenciones psicológicas

Manejo de contingencias (Contingency Management)

El manejo de contingencias consiste en un sistema de incentivos que refuerza la abstinencia mediante recompensas cuando el paciente mantiene resultados negativos en pruebas toxicológicas, esto parece aumentar el mantenimiento al tratamiento y prolonga los periodos de abstinencia.

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

La terapia cognitivo-conductual ayuda al paciente a:

  • Identificar situaciones de riesgo
  • Desarrollar estrategias de afrontamiento
  • Manejar el craving
  • Modificar pensamientos disfuncionales relacionados con el consumo

La TCC mejora la abstinencia a largo plazo, especialmente cuando se combina con otras intervenciones.

Comunidades terapéuticas

Las comunidades terapéuticas son programas residenciales libres de drogas donde los pacientes permanecen durante meses (entre 6 y 12). Estos incluyen:

  • Rehabilitación psicosocial
  • Entrenamiento en habilidades laborales
  • Apoyo estructurado entre iguales

Apoyo posterior al tratamiento

El seguimiento tras el tratamiento intensivo es fundamental para prevenir recaídas. El cuidado posterior puede incluir:

  • Terapia individual continuada
  • Terapia de grupo
  • Grupos de autoayuda comunitarios
  • Intervención en problemas laborales o familiares

La evidencia indica que factores como la autoeficacia, el compromiso con la abstinencia y el apoyo social aumentan la probabilidad de mantenimiento a largo plazo.

Qué puede hacer la familia y el entorno

El papel del entorno es clave en el proceso de recuperación. La familia puede:

  • Fomentar la búsqueda de ayuda profesional
  • Ofrecer apoyo emocional sin minimizar el problema
  • Establecer límites claros
  • Participar en terapia familiar cuando esté indicado
  • Evitar conductas que refuercen el consumo

El acompañamiento empático, combinado con límites saludables, mejora la adherencia al tratamiento y reduce el riesgo de recaídas.

Prevención específica

La prevención específica del consumo de cocaína requiere un enfoque que combine intervenciones en el ámbito individual, familiar y comunitario, orientadas a reducir factores de riesgo y fortalecer factores protectores.

A nivel individual, es fundamental promover y desarrollar habilidades de regulación emocional, autocontrol y toma de decisiones asertivas, así como fomentar estilos de vida saludables. Resulta clave trabajar la autoestima y el desarrollo de metas y un proyecto de vida, ya que actúan como factores protectores frente al consumo. La educación sobre los riesgos reales asociados a la cocaína es esencial para prevenir su inicio, especialmente si se tiene en cuenta que esta sustancia puede generar dependencia en un periodo relativamente corto de tiempo. Informar de manera clara sobre sus efectos y consecuencias contribuye a reducir la probabilidad de consumo (Clínica Recal, 2026b; Comunidad de Madrid, s. f.).

Además, es importante considerar ciertos factores de riesgo que aumentan la vulnerabilidad a la adicción, como los antecedentes familiares de consumo, la presencia de problemas de salud

mental, la influencia del entorno social o determinadas condiciones socioeconómicas. La identificación de estos factores permite intervenir de forma temprana (Clínica Recal, 2026b; Comunidad de Madrid, s. f.).

En el ámbito familiar, es crucial mantener una comunicación abierta, establecer normas claras y ofrecer apoyo emocional. Un entorno familiar estructurado y el acompañamiento en momentos de vulnerabilidad reducen significativamente la probabilidad de consumo (Clínica Recal, 2026b; Comunidad de Madrid, s. f.).

Desde el contexto social y comunitario, las estrategias de prevención deben centrarse en el desarrollo de campañas de sensibilización, programas educativos y la promoción de entornos seguros. Asimismo, fomentar relaciones interpersonales positivas y redes de apoyo contribuye a disminuir el riesgo de consumo.

Es fundamental promover alternativas de ocio saludable, como la participación en actividades deportivas, culturales o recreativas, ayuda a ocupar el tiempo libre de manera saludable, adaptativa y reduce la exposición a contextos de riesgo. Del mismo modo, el establecimiento de objetivos personales claros, ya sean académicos, profesionales o vitales, actúa como un factor protector frente al consumo de sustancias (Clínica Recal, 2026b; Comunidad de Madrid, s. f.).

Por último, la identificación temprana de conductas de riesgo permite intervenir antes de que se desarrolle una adicción, siendo fundamental recurrir a ayuda profesional en caso de sospecha.

Recursos en España

  • Teléfono de emergencias (112)

Número general de urgencias en España para situaciones graves o de riesgo inmediato (intoxicación, pérdida de conciencia, convulsiones, etc.)

  • Plan Nacional sobre Drogas (PNSD)

https://pnsd.sanidad.gob.es

Servicio de información, prevención y coordinación de recursos a nivel estatal.

https://proyectohombre.es

Programas de prevención, tratamiento y reinserción social.

  • Cruz Roja  Programa de drogodependencias

https://www.cruzroja.es

Intervención social, apoyo psicológico y programas de reducción de daños.

  • Fundación Atenea

https://www.fundacionatenea.org

Programas de intervención, prevención y apoyo social en adicciones.

  • Clínica Recal

https://clinicarecal.com

Centro especializado en el tratamiento integral de adicciones.

Alías-Ferri, M., García-Marchena, N., Mestre-Pintó, J. I., Araos, P.,

Vergara-Moragues, E., Fonseca, F., González-Saiz, F., Rodríguez de Fonseca, F., Torrens, M., & NEURODEP Group. (2021). Trastorno por uso de cocaína y depresión: Cuando el diagnóstico clínico no es suficiente.

Adicciones, 33(3), 193–200. https://doi.org/10.20882/adicciones.1321

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) (5.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.

Clínica Recal. (2026a). ¿Cómo evitar la adicción a la cocaína?

https://clinicarecal.com/como-evitar-la-adiccion-a-la-cocaina/

Clínica Recal. (2026b). ¿Qué es la adicción a la cocaína?

https://clinicarecal.com/que-es-la-adiccion-a-la-cocaina/

Comunidad de Madrid. (s. f.). Prevención de adicciones. Recuperado el 31 de marzo de 2026, de

https://www.comunidad.madrid/servicios/salud/prevencion-adicciones

Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. (2025). Consumo de drogas ilegales: Estudiantes de 14 a 18 años en España, año 2025 [Infografía]. https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInform acion/pdf/2025/ESTUDES_2025_Infografia_drogas_ilegales_1.pdf

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