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Conducta sexual compulsiva (CSC)

Descripción breve

La Conducta Sexual Compulsiva (CSC) está reconocida como trastorno por la Organización Mundial de la Salud en la clasificación CIE-11. Se trata de un patrón persistente de incapacidad para controlar impulsos o deseos sexuales intensos y recurrentes, lo que deriva en un comportamiento sexual repetitivo (Chapman, 2025; Gaudet et al., 2025; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025).

Se caracteriza por pérdida de control, falta de satisfacción, inversión excesiva de tiempo y continuación de la conducta a pesar de las consecuencias negativas en lo económico, familiar, legal, laboral o académico (Chapman, 2025; Gaudet et al., 2025; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2025).

Prevalencia

Según las investigaciones de Kafka (2009), se estima que entre el 3% y el 6% de la población manifiesta dificultades relacionadas con la denominada «adicción al sexo», aunque estos estudios son de hace años, las investigaciones más recientes mantienen estas cifras, aunque aumentan cuando se refieren al Uso Problemático de la Pornografía, que ascienden al 10-12%. No obstante, estas cifras podrían representar solo una parte del problema. El acceso masivo a la pornografía mediante dispositivos digitales sugiere que una proporción mucho más amplia de la sociedad podría estar manteniendo un consumo problemático. Este hábito no solo deteriora la calidad de la vida sexual del usuario, sino que favorece el desarrollo de adicciones comportamentales (Villena & Chiclana, 2019).

En esta misma línea, un estudio de 2018 basado en la National Survey of Sexual Health de EE. UU. observó que aproximadamente un 10,3% de los hombres y un 7% de las mujeres presentaban síntomas claros de conductas sexuales fuera de control (Dickenson et al., 2018).

Señales de alarma

Existen diversos indicadores que pueden alertar sobre un problema de este tipo, como el sentimiento de pérdida de control al intentar reducir la conducta sin éxito y la centralidad que adquiere el hábito, convirtiéndose en el eje de la vida y desplazando otras actividades (Infocop, 2023). También resulta preocupante la aparición de tolerancia, que se manifiesta como la necesidad de aumentar la intensidad para sentir la misma satisfacción, junto a los síntomas de abstinencia o malestar físico y emocional cuando no se puede realizar la conducta. Por último, la persistencia del comportamiento a pesar de los daños que ocasiona y la interferencia significativa en el ámbito social, laboral o académico son señales claras de que la situación requiere atención profesional (Infocop, 2023).

Criterios de adicción

La Organización Mundial de la Salud, en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), establece para el Trastorno por comportamiento sexual compulsivo (Compulsive sexual behaviour disorder) los siguientes criterios (OMS, 2025):

  1. Conductas sexuales repetitivas que se convierten en el foco principal de la vida de la persona, hasta el punto de descuidar su salud o la atención de otros intereses, actividades o responsabilidades
  2. Ha realizado numerosos intentos fallidos para controlar o reducir significativamente su conducta sexual
  3. Continúa llevando a cabo la conducta sexual a pesar de las consecuencias adversas, como la ruptura de relaciones o el impacto negativo en la salud o el ámbito laboral u ocupacionales
  4. Continúa con la conducta sexual aun cuando no se obtiene placer de ella o este es muy reducido
  5. La conducta se manifiesta durante un período prolongado, por ejemplo, 6 meses o más.

Además, la DSM-5 proponía en su borrador el Trastorno Hipersexual como un trastorno del deseo sexual no parafílico, caracterizado por un aumento en la frecuencia e intensidad de fantasías, excitación, impulsos y conductas sexuales, asociadas a un componente de impulsividad, que provocan un malestar clínico significativo o un deterioro social u ocupacional (Chiclana, 2020; Kafka, 2009). Posteriormente este borrador de trabajo fue modificándose y proponían los siguientes criterios diagnósticos:

A. Durante un período de al menos seis meses, presenta fantasías sexuales recurrentes e intensas, impulsos sexuales y conducta sexual en asociación con cuatro o más de los siguientes cinco criterios:

  1. Consume excesivo tiempo en fantasías e impulsos sexuales, planificando y participando en conductas sexuales.
  2. Repetidamente desarrolla esas fantasías, impulsos y conductas sexuales como respuesta a estados de ánimo disfóricos (por ejemplo: ansiedad, depresión, aburrimiento, irritabilidad).
  3. Repetidamente desarrolla fantasías, impulsos y conductas sexuales como respuesta a eventos estresantes de la vida.
  4. Repetitivos pero infructuosos esfuerzos por controlar o reducir significativamente esas fantasías, impulsos y conductas sexuales.
  5. Repite el comportamiento sexual sin tener en cuenta el riesgo de daño físico o emocional a sí mismo o a otros.

B. Hay un malestar clínicamente significativo o deterioro personal en las áreas social, profesional o de otro tipo de funcionamiento, asociado con la frecuencia e intensidad de estas fantasías, impulsos y conductas sexuales.

C. Estas fantasías sexuales, impulsos y conductas no se deben a los efectos fisiológicos directos de sustancias exógenas (por ejemplo, drogas de abuso o medicación) o a episodios maníacos.

D. La persona tiene al menos 18 años.

Aconseja especificar si las conductas son masturbación, consumo de pornografía, conductas sexuales con el consentimiento de adultos, prácticas de cibersexo, llamadas a teléfonos de contenido sexual o asistencia a clubs de striptease o similares.

Como se puede observar los profesionales que proponen estos criterios se fijan en si se ha invertido una gran cantidad de tiempo en la conducta sexual; se ha empleado para afrontar sentimientos desagradables o para afrontar responsabilidades o problemas estresantes; se ha querido disminuir y no ha sido posible; se ha mantenido la conducta pudiendo causar enfermedad, daño emocional al paciente, a la pareja sexual o a otros; ha producido malestar a sí mismo o ha provocado problemas personales, sociales, laborales o en otras áreas (Chiclana, 2020).

Efectos a corto y largo plazo

A corto plazo, las consecuencias suelen manifestarse como una respuesta emocional inmediata al ciclo de pérdida de control. Es común experimentar un malestar emocional agudo caracterizado por sentimientos de culpa, humillación y angustia tras la conducta, lo que deriva en un deterioro de la autopercepción y la sensación de “estar atrapado» y de pérdida de libertad. Además, se observa una clara desregulación emocional, en la que el sexo se utiliza erróneamente para mitigar la ansiedad o la soledad, generando simultáneamente expectativas irreales que distorsionan la visión de una sexualidad saludable en encuentros reales (Chiclana, 2020).

Con el paso del tiempo, este patrón compulsivo provoca daños estructurales más profundos. Chiclana (2020) destaca que la persistencia de estas conductas puede causar alteraciones neurobiológicas, como una menor conectividad en la corteza prefrontal, lo que dificulta la regulación de impulsos. En el aspecto personal, esto interfiere en el desarrollo psicosexual y puede derivar en disfunciones sexuales crónicas. Finalmente, el impacto se extiende al entorno del individuo, provocando un grave deterioro relacional y familiar, riesgos socioeconómicos o legales, y una quiebra del bienestar espiritual al perderse la coherencia con el propio proyecto de vida (Chiclana, 2020; Sober Nation, s.f.).

Factores de riesgo

Los factores de riesgo y variables relacionadas con la conducta sexual compulsiva son de naturaleza múltiple y pueden agruparse en diversas categorías.

En el plano personal y psicológico, influyen significativamente la presencia de patologías psiquiátricas previas, ciertos rasgos de personalidad como la introversión o la baja autoestima, y la falta de un proyecto vital sólido que proporcione sentido al individuo (Chiclana, 2020).

Asimismo, el entorno familiar y el desarrollo temprano desempeñan un papel determinante. Factores como el establecimiento de un apego inseguro, haber sufrido traumas o abusos en la infancia y la exposición prematura a contenido pornográfico aumentan considerablemente la vulnerabilidad (Chiclana, 2020; Sober Nation, s.f.). A estos elementos se suman condicionantes externos y sociales, como una formación sexual deficiente, problemas en la gestión de las relaciones interpersonales y el consumo de sustancias tóxicas, que favorecen el desarrollo de la conducta problema (Chiclana, 2020).

Todos estos factores no determinan que una persona vaya a presentar una conducta sexual compulsiva, sino que aumentan la vulnerabilidad y, por tanto, la probabilidad de que ocurra.

Relación con otros problemas de salud mental

El trastorno de conducta sexual compulsiva se asocia frecuentemente con trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastornos del estado de ánimo – especialmente depresión y ansiedad -, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), el abuso de sustancias y las adicciones a las tecnologías. En la práctica clínica, la conducta sexual puede ser el síntoma visible de una enfermedad psiquiátrica primaria, como un episodio maníaco o una depresión profunda, que debe tratarse junto con la conducta compulsiva (Chiclana, 2020).

Evaluación: ¿cómo sé si tengo un problema?

Inventario de Conducta Hipersexual – versión española validada (Hypersexual Behaviour Inventory (HBI)) (Ballester-Arnal et al., 2019).

Problematic Pornography Consumption Scale versión breve (PPCS-6) (Villena-Moya et al., 2024)

Evaluación: ¿cómo sé si mi familiar tiene un problema?

Identificar si un familiar tiene un problema con la Conducta Sexual Compulsiva o con el uso problemático de pornografía puede ser difícil, ya que estos comportamientos suelen ocurrir en la intimidad y están rodeados de secreto, vergüenza y culpa (Chapman, 2025).

Es posible que tu familiar tenga un trastorno de conducta sexual compulsiva si cumple los criterios diagnósticos del CIE-11 o, si hay secretismo o engaño, si presenta cambios en el estado de ánimo, si existe un deterioro relacional o si emplea el sexo como forma de regulación emocional (Chapman, 2025; Chiclana, 2020; Gaudet et al., 2025).

Ante estas sospechas, pedir orientación en un recurso especializado en conductas sexuales o hablar con un profesional de salud mental puede ayudar a valorar la situación y decidir los siguientes pasos.

Tratamientos y apoyos disponibles

Si sientes que has perdido el control con el uso de la pornografía o el sexo – apps de citas, encuentros fortuitos, visualización compulsiva de contenido sexual, etc. – o te preocupa alguien de tu entorno, es fundamental entender que existen recursos y tratamientos específicos diseñados para esta situación (Chiclana, 2020; Sober Nation, s.f.). La conducta sexual compulsiva no es simplemente un problema de «vicio» o de falta de voluntad; es un trastorno complejo en el que buscar orientación profesional de manera temprana es el paso más decisivo para recuperar el equilibrio.

La psicoterapia constituye el eje principal de la intervención. Se emplean enfoques como la terapia cognitivo-conductual (TCC), que ayuda a identificar los pensamientos que alimentan el ciclo y a desarrollar habilidades para regular las emociones. En estas sesiones se trabaja sobre la desregulación afectiva, entendiendo que muchas veces el sexo se utiliza como una vía errónea para calmar el estrés, la soledad o el aburrimiento. También pueden integrarse técnicas de Mindfulness o de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) para aprender a manejar los impulsos sin dejarse arrastrar por ellos (Chiclana, 2020).

Un aspecto clave es el apoyo psicoeducativo y relacional. A menudo se requiere una reeducación afectivo-sexual para reconstruir una visión de la sexualidad que sea saludable y no cosifique. La terapia de pareja y de familia suele ser de gran ayuda para sanar los vínculos que hayan podido deteriorarse y para establecer nuevos patrones de confianza. Además, los grupos de apoyo ofrecen un entorno de validación esencial donde se comparte el proceso de mejora con personas que atraviesan dificultades similares (Chiclana, 2020). 

En el ámbito médico, el primer paso es descartar cualquier causa orgánica, como problemas neurológicos o endocrinos. En cuanto a los fármacos, no existe una medicación única aprobada exclusivamente para la conducta sexual compulsiva. Sin embargo, los especialistas pueden recetar medicación si existen problemas asociados como depresión, ansiedad o un trastorno obsesivo-compulsivo que esté agravando el cuadro (Chiclana, 2020). La decisión de incluir apoyo farmacológico siempre debe ser evaluada por un médico tras un análisis clínico exhaustivo.

El objetivo último no es solo reducir la conducta problemática, sino que la persona recupere el protagonismo de su vida y construya un proyecto vital con sentido, reparando poco a poco su bienestar emocional y espiritual.

Si estás en esta situación, o alguien cercano lo está, en España hay recursos específicos donde puedes pedir ayuda:

  • Recursos Públicos del Sistema Nacional de Salud: los Centros de Salud Mental (CSM), donde psiquiatras y psicólogos clínicos realizan el diagnóstico diferencial para descartar otras patologías, como depresión, ansiedad o TOC.
  • Asociaciones y grupos de ayuda mutua gratuitos: SA (Sexólicos Anónimos) siguen el modelo de los 12 pasos. Tiene grupos presenciales en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, además de reuniones online diarias. https://sexolicosanonimos.org/
  • Entidades Especializadas: Dale una Vuelta, una plataforma líder en España enfocada específicamente en la adicción a la pornografía. Ofrecen recursos educativos, testimonios y un directorio de profesionales especializados. https://www.daleunavuelta.org/

Si te reconoces en parte de lo que has leído o te preocupa la situación de alguien cercano, puedes empezar contactando con tu centro de salud, con una asociación especializada o una clínica. No hace falta que tengas todo “claro” para pedir ayuda: precisamente, parte del trabajo consistirá en aclarar qué está pasando y qué apoyo necesitas.

¿Qué puede hacer la familia y el entorno?

La familia puede ayudar observando y nombrando el problema sin ataques personales, mostrando preocupación por la salud, la seguridad económica y el bienestar emocional del entorno y proponiendo buscar ayuda profesional. También pueden involucrarse en la alfabetización y deben priorizar la creación de un clima de confianza y comunicación abierta para que la persona pueda platear sus dudas y no se sienta juzgada al exponer su situación actual (Chapman, 2025; Chiclana, 2020).

Buscar apoyo para la propia familia, ya sea mediante orientación profesional o grupos de familiares, puede aliviar la carga, cuidar el propio bienestar emocional y ofrecer estrategias concretas para manejar la situación.

Prevención específica

Las estrategias de prevención incluyen:

  • Educación afectivo sexual: una formación que comience desde la escuela primaria e integre las dimensiones físicas, afectivas y de valores. El objetivo es que los jóvenes aprendan sobre el respeto, el consentimiento y el placer compartido, construyendo una identidad saludable que sustituya los «guiones» distorsionados que a menudo reciben de los medios (Andamon et al., 2025; Vall-Castelló et al., 2025)
  • Alfabetización pornográfica (porn literacy): dado que internet actúa a menudo como un «manual de instrucciones» silencioso, resulta esencial dotar a los adolescentes de herramientas críticas para que entiendan que la pornografía es una construcción mediática editada y no un reflejo de la realidad. Esta capacidad de análisis ayuda a desmitificar el contenido y reduce la cosificación y la normalización de actitudes sexistas o violentas (Thomas & Buijzen, 2025; Villena & Chiclana, 2019)
  • Estrategias de regulación emocional: muchas veces, el uso problemático del sexo surge como un mecanismo de escape frente al estrés, la soledad o la ansiedad. Por ello, es esencial enseñar estrategias de regulación emocional y habilidades de afrontamiento saludables (Chiclana, 2020; Gaudet et al., 2025)
  • Ámbito familiar: un clima de confianza y comunicación abierta permite detectar señales de riesgo a tiempo, especialmente en una generación donde el primer contacto con la pornografía suele ocurrir antes de los 13 años. Además de la supervisión digital, el entorno debe fomentar el desarrollo de un «proyecto vital» que brinde a la persona un sentido de propósito (Vall-Castelló et al., 2025; Chiclana, 2020).

En conjunto, estas medidas contribuyen a reducir el riesgo de desarrollar este trastorno y a facilitar que las personas pidan ayuda en fases más tempranas.

Referencias bibliográficas

Andamon, L. C. J. B., Bacote, I. H. O., Estampa, K. G., Sabuero, L. J. G., & Genelza, G. G. (2025). Regain consciousness: The impact of internet pornography on children and adolescents – A review. International Journal of Human Research and Social Science Studies, 2(4), 160–177. https://doi.org/10.55677/ijhrsss/07-2025-Vol02I4

Ballester-Arnal, R., Castro-Calvo, J., Gil-Julia, B., Giménez-García, C., & Gil-Llario, M. D. (2019). A Validation Study of the Spanish Version of the Hypersexual Behavior Inventory (HBI): Paper-and-Pencil Versus Online Administration. Journal of Sex & Marital Therapy, 45(4), 283-302. https://doi.org/10.1080/0092623X.2018.1518886

Chapman, C. E. (2025). Experiences of forgiveness with people who have a problematic use of pornography: A phenomenological study [Disertación de Doctorado, Liberty University].

Chiclana Actis, C. (2020). Conducta sexual compulsiva o adicción al sexo: Viejos problemas con nombres nuevos. Facultad de Medicina, Universidad CEU San Pablo.

Dickenson, J. A., Gleason, N., Coleman, E., & Miner, M. H. (2018). Prevalence of distress associated with difficulty controlling sexual behaviors in a nationally representative sample of adults in the United States. JAMA Network Open, 1(7), e184468. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2018.4468

Gaudet, É., Teumeni, F. N., Popova, N., Coulombe, S., Demetrovics, Z., & Bőthe, B. (2025). Compulsive sexual behavior and problematic pornography use on the impulsivitycompulsivity axis: A systematic review. Current Addiction Reports, 12, 41. https://doi.org/10.1007/s40429-025-00637-8

Infocop. (2023, 23 de mayo). Nueva guía para la identificación de comportamientos adictivos cotidianos. https://www.infocop.es/nueva-guia-para-la-identificacion-de-comportamientos-adictivos-cotidianos/

Kafka, M. P. (2009). Hypersexual disorder: A proposed diagnosis for DSM-V. Archives of Sexual Behavior, 39(2), 377–400. https://doi.org/10.1007/s10508-009-9574-7

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Sober Nation. (s.f.). Sex Addiction: Signs, Symptoms, and Treatment. https://sobernation.com/sex-addiction/

Thomas, M. F., & Buijzen, M. (2025). The influence of a porn literacy intervention on explicit and implicit attitudes. Studies in Communication and Media, 14(1), 10–38. https://doi.org/10.5771/2192-4007-2025-1-9

Vall-Castelló, B., Grané-Morcillo, J., Lloberas-López-de-Sepúlveda, E., Aznar-Martínez, B., Lorente-De-Sanz, J., Baroncelli, L., & Pauncz, A. (2025). Pornography Consumption Among Young People: An Assessment of Parents’ and Teachers’ Training Needs. Sexuality Research and Social Policy. https://doi.org/10.1007/s13178-025-01080-0

Villena Moya, A., & Chiclana Actis, C. (2019). Consequence of pornography use: brief report. Psicosomática y Psiquiatría, 7.

Villena-Moya, A., Granero, R., Chiclana-Actis, C., Potenza, M. N., Blycker, G. R., Demetrovics, Z., Bőthe, B., Steward, T., Fernández-Aranda, F., Jiménez-Murcia, S., & Mestre-Bach, G. (2024). Spanish Validation of the Long and Short Versions of the Problematic Pornography Consumption Scale (PPCS and PPCS-6) in Adolescents. Archives of sexual behavior53(2), 673–687. https://doi.org/10.1007/s10508-023-02700-9